Los claros mandan

agosto 20, 2014 by

 

En la novena de Platense éramos muchos, pero casi todos querían ser Maradona. La competencia era por pararse de mitad de cancha hacia adelante, así que sólo los defensores teníamos el puesto asegurado. Eso influía en nuestro cotidiano: los de atrás nos sentíamos algo así como trabajadores de planta, hablábamos como trabajadores de planta. La delantera es picardía y pesadillas de inconstancia; el mediocampo es lo mejor: lucha, insidia y creación. La defensa tiene sus ventajas: el piso no se mueve, la ropa no desaparece de los lockers, el colectivo que te lleva al entrenamiento no se atrasa.

Debe haber sido algo de pánico ante esa sensación de vida hecha ya a los catorce, un rechazo al bienestar escandinavo del defensor, lo que me hizo dejar el club después de escuchar, y aceptar, el proyecto más delirante del fútbol. Era la idea de un pibe de Villa Luro, el Palla: fundar un club y entrar a Primera D. El Palla era fan de Phil Collins y el club se llamaría Génesis. Tenía un año más que yo pero no jugaba: él era técnico.

Los primeros partidos fueron contra un combinado de Villa Santa Rita: entre los rivales destacaba Pablo Rago, que era bueno. Rago ya estaba en “Clave de sol” y al final de cada partido nos regalaba entradas para el Palermo Club de Serrano y Santa Fe, donde el programa de televisión tenía una tonga. Génesis, entonces, dividía sus fines de semana entre el fútbol y esa disco. En el equipo del Palla pude, gracias a mi historial en Platense, saltar de la defensa el mediocampo, y de mirar cómo otros bailaban en City Hall pasé a improvisar pasitos en Palermo Club al son de Los Pericos.

Pero de los favores de Rago, las entradas gratis eran lo de menos. Tuvo un gesto mucho más importante: vino a los cumpleaños de quince de las chicas que queríamos impresionar. Nos hizo populares en sitios donde nos conocían de memoria. Prendidos todos a su yugular, Génesis de noche podría haberse llamado “Ahí vienen Pablo y sus vampiros”.

Hubo algún cumpleaños donde pagamos caro el haber prometido que Pablo iría, cuando sabíamos que quizás no podría ir. Un sábado a la noche terminó temprano y volví a casa, me acosté en el sillón y puse una y mil veces, hasta que amaneció, “In the Air tonight”. Daniela la Loba me había dejado. Carolina Ochiuzzi también.

Cuando hoy lo veo conduciendo TVR, me río de todos sus comentarios. Tiene pinta de que sigue jugando al fútbol los sábados, quizás ahora en la defensa. Al Palla lo reencontré por internet, tiene desde hace años un programa de radio que se llama “Vélez, el sexto grande”. En cuanto a Génesis, nunca llegó a estar cerca de aquel supremo objetivo de ingresar a Primera D. Duramos sólo un año; el golpe de gracia fue un 12 a 1 en un amistoso con la octava o la novena de All Boys.

Pero dos cosas no se olvidan, y una es la racha ganadora por los quinces del oeste junto a Pablo Rago. Lo otro es haber aprendido, desde chico, yo que era diestro, a manejar la zurda por insistencia del Palla, para quien el mediocampista es el que lleva la pelota por donde la cancha deja un claro y “los claros mandan”, decía, por qué zona avanzar y con qué pie.

Arquero volante

julio 14, 2014 by

 

Corrijo, traduzco, tipeo, edito
textos distintos entre sí
y aprovecho estos minutos para sentarme
en la plaza, donde un pelotazo me pasa cerca.
Alcanzo a ver cinco pibes en el claro
entre las tipas y los plátanos
y sobre el pasto embarrado
los arcos hechos con pilas de carpetas
como las de mi PC: contenedores de tareas
cada una con sus pautas, sus materias,
su caravana de signos que dan trabajo a quienes los copian,
en este caso a los alumnos de la escuela República de El Salvador
o a un grupo selecto de ellos, estos cinco atorrantes
que hoy aprobaron matemática sin ir a clase,
se preguntaron: ¿cuánto es cinco dividido dos?
Tres contra dos.
…                            Y cómo corren.
Sobre todo el equipo de dos. Cómo corremos.
Traduzco, tipeo, corrijo, edito
y si tuviera tiempo en los bolsillos
podría leer por placer. Una gran novela
o uno de esos ensayos enormes
acerca del fin de las grandes obras.
El arco quedó solo y, lógico,
el equipo de tres acaba de meter un gol.
Podría escribir en vez de hacer estos trabajos
que hacen los que escriben. La pelota
cruzó la calle y fue a parar a la Iglesia
Universal. Del año que viene no sé nada
–obra abierta durísima. Ahora alguien
en el equipo de dos se hace cargo de su contribución
a la victoria ajena. ¡Pobre arquero!
…                                                     Yo escribo
como él ataja: haciendo siempre otra cosa.
Somos arqueros volantes,
sólo que a mí me opaca, si no la edad, la acumulación
de años sin tiempo para esto: poner cara
de que todo está en orden, meter la pata sin pena
o temor a que el otro nos sorprenda con un gol,
repasar teatralmente la jugada
y decir ¡bueno, qué podía hacer!,
cultivar, en suma, cierto estilo
donde, además del resultado, el propio esfuerzo
mucho no importa.

El Gran Torneo de Ascenso (2)

junio 17, 2014 by

17 de junio (Fuleco 1 – Tatú bolita 0)

Simpatizar de entrada con un reclamo puede ser la mejor manera de anularlo. Sabiendo que Sudamérica es un criadero de causas ecológicas, lo que hizo la Fifa fue anticipar públicamente que es una entidad comprometida con el cuidado de la naturaleza. Pero claro: lo que no está en el contrato con el país organizador del Mundial, no se paga.
Es lo que pasó con el tatú-bolita, la imagen de la Copa. Especie en riesgo de extinción, y que hasta hace poco uno podía encontrar no sólo en el Chaco y los pantanales de Brasil sino en la Provincia de Buenos Aires, fue elegida por la Fifa por una característica que tiene el animal: es el único armadillo que no cava madrigueras para protegerse, lo que hace en cambio es enrollarse en forma de pelota.
“Uno de los objetivos principales de la Copa”, dijo Blatter en su momento, “es transmitir la importancia del medio ambiente y la ecología”. Se anunció, entonces, que la Fifa apoyaría con dinero a ONGs ambientalistas comprometidas con la preservación del tatú-bola. Nada de eso se concretó, y no hay forma legal de reclamar. Faltó la cláusula, de parte del Estado brasileño, en sintonía con lo que muchos países europeos hacen para sus productos y símbolos nacionales (el queso roquefort, jamón serrano, etc etc): si se hace referencia, se paga. Y la expresividad suiza -si se me permite el oxímoron- quedó en eso: un bello anuncio. Se eligió el nombre de la mascota: “Fuleco” (contracción de “fútbol” y “ecología”). Todo lo que Fuleco recauda va para la Fifa.
Como dato curioso: tiempo después se encontró que la palabra “Fuleco”, aparentemente inventada ad hoc, ya existía en portugués. La registra el “Grande e Novíssimo Dicionário da Língua Portuguesa”, de Laudelino Freire. En lo que es un coloquialismo de ciertas regiones del Brasil, se trata del verbo “fulecar” (y su sustantivo derivado). Significa “perder todo el dinero en un juego”.

tatufuleco

El Gran Torneo de Ascenso (1)

junio 16, 2014 by

12 de junio

Empieza. Hay agitación. Un falso Ronaldinho le hizo una macumba a Messi. Está en su derecho. Es uno de los 200 millones de brasileños que invirtieron en el evento, ¿cómo no va a estarlo? Hay que ganar.
Empieza el Gran Torneo de Ascenso. Juegan distintos países que quieren ser protagonistas, más Estados Unidos, que juega porque clasificó. En busca de un héroe de algún tipo (salido de laboratorio o más de estilo rousseauniano, como Pirlo) viajan al trópico la Europa Central y Mediterránea; para ver el regreso, aunque sea transitorio, de ídolos hoy radicados en Europa viajan los sudamericanos un trecho corto. Los espera el local, Brasil, que juega la misma copa de Ascenso aunque con una diferencia. Juega con la necesidad de un triunfo.
Son 15.000 millones de dólares pagados o a pagar de las arcas públicas (85% de la inversión total). Cada brasileño puso 75 dólares:
20 dólares para (re)hacer estadios;
20 dólares para mejorar aeropuertos;
5 dólares para seguridad (formación de policías y afines, nuevos policías y afines);
y otros 30 dólares para puertos, telecomunicaciones, obras urbanas, carteles…
En paralelo está la Fifa. La única que no juega; la que administra. Un emprendedor con plata no es un emprendedor, es un administrador. Brasil emprende (pide préstamos a sus bancos); la Fifa bien, pensando en julio: esquiar.
La legitimidad de las inversiones/los gastos es el primer tema. ¿Se está tirando plata? Los que dicen que no se basan en un sofisma: el hecho de que toda obra pública se alza para vivir más que el Mundial, por años, décadas, es más. Salvo los millones en señalética: carteles que cuando termina el Mundial hay que tirarlos. Después, ni los gastos en fuegos de artificio son fatuos: quedan en la retina, a veces para siempre (los chicos).
Lo que no dicen los progresistas es que los 4.000 millones puestos para estadios no quedan por años, y menos por décadas. El mantenimiento de estas arquitecturas del XXI requiere otros 4.000 millones cada diez años; si no, no sirven, se desgajan. No son la cancha esa de Uruguay, la de cemento hasta en las tapas de los inodoros. Son de plástico.
Después: gastos aeroportuarios, cursos de entrenamiento policial en Estados Unidos… todo de muy discutible legitimidad. Ni hablar de: vueltos/sobreprecios. La nieta de Joao Havelange twittea -y se disculpa y lo retira-: “Lo que tenía que gastarse y que robarse ya se hizo”. “Quiero un Brasil lindo”. “No hay que protestar ahora, hay que protestar después, en las elecciones”.

“¡Bienvenidos a la Ciudad do Galo!”: carteles. Y el falso Ronaldinho haciéndole una macumba a Messi. Está en su derecho. Como sea, hay que ganar.
Con fútbol, con macumba, metiendo, si se puede, un juez simpático.
Porque lo sabemos: lo único capaz de saldar tanto gasto es un triunfo. Visto desde un gobierno que normalmente nos gusta, el de Dilma, ganar es la posibilidad de que nadie le dé bola, después, a lo que pide la nieta de Joao Havelange. A meses de las elecciones, Dilma quiere el cemento de una emoción que perdure. El despilfarro en inversiones fatuas, en megaestadios de plástico renovable en ciudades como Curitiba, Cuiabá o Manaos, no va a dárselo.

13 de junio (Brasil 3- Croacia 1)

Habrá que leer este Mundial en clave delictiva.
El capitán croata, Srna (un robado de entrada por la lengua, que le afanó la vocal E del Chicho Serna), hablaba ayer del nuevo robo, el del penal.
“Influye la localía”, decía. Y sí, al parecer el fútbol es la única tecnología donde los japoneses son influidos en vez de influyentes. La localía: 75 dólares por cabeza (200 millones de cabezas). Un profeta cualquiera (por ejemplo este) escribía ayer: la clave es “como sea, hay que ganar”. Y uno lo piensa desde su simpatía con la delantera Dilma-Lula y sería bueno, más que bueno, que lo ganen. Como sea, se entiende. Lo que no quita el amplio margen para el aburrimiento y la previsibilidad de los próximos 30 días. La pesadilla de un Brasil-Independiente versus 31 Huracanes (chiste rastrero, para los que amamos el fútbol de abajo).
Por lo pronto ayer se vio un lindo juego croata, un Jogo Bnto entrecortado por las iniciativas del árbitro japonés, y ahora la expectativa está puesta en un Mxico quizás más caliente y discutidor, ¿más robable? Veremos.

14 de junio (Holanda 5 – España 1)

En virtud de las redes sociales, el Holanda-España de ayer quedará como la paliza que más gente narró mientras sucedía. Y es que no todos los partidos tienen capítulos, pero este sí, fue una “historia”, como las historias que a todos nos gusta contar: impredecible no sólo desde el comienzo, también desde la mitad de los hechos. Tuvo algo de paliza de secundaria, de esas pueriles y sorpresivas, donde acaba imponiéndose el que menos conciencia tenía de su capacidad física. Y donde el que toma esa conciencia salta en un segundo de la puerilidad al sadismo. Vimos a Robben, en el 5-1, haciendo tres amagues antes de patear, y haciéndolos pura y exclusivamente para ver al arquero español gatear dos metros. La película se oscureció. A mí se me vino a la mente un amigo, el Tano, pegándole a un tipo en el piso de Juan de los Palotes al ritmo de las luces estroboscópicas. Algo despiadado, también pensé en los cadáveres con incrustaciones de piel y astas de ciervos en la serie “True detectives”. Me costó salir del “the end” y ver que seguían siendo dos adolescentes. Tuve que buscar en la memoria otro tipo de paliza, más metódica y progresiva (y normal, y adulta, y aburrida), como la que los alemanes nos dieron a nosotros en Sudáfrica, para rehacer el mundo.

16 de junio (Argentina 2 – Bosnia 1)

Hay una institución del fútbol que es peor que la Fifa. Se llama hinchada de la selección argentina en Brasil. Está compuesta por cincuenta mil almas con un mismo sueño. El sueño es hacer un Punta del Este en Copacabana. Cinco años atrás, en Buenos Aires, cortaban las calles para exigir que el gobierno liberara de impuestos a los sojeros. Horas antes del partido, el sábado, se sentían con derecho a que la policía brasileña cortara la Avenida Atlántica, principal vía del barrio carioca, para que ellos festejaran antes de jugar. Su modo de festejar, sin embargo, es oscilante. Durante el partido, en el Maracaná, no tuvieron ningún escrúpulo en saltar del entusiasmo al silencio, veinte largos minutos de silencio, porque ni Messi ni Di María podían hacer un gol. Parecían indignados (¿te suena?). Parecían la hinchada de River, también. Después Messi hizo un golazo. E inmediatamente al gol volvieron los cantos de entusiasmo, ¿de qué tipo?: de goce. De gritar “ooole” cada vez que nuestros jugadores se pasaban la pelota delante de los bosnios. Yo, frente a la tele, le decía a mis hijos esto: que hay dos derechos a gritar ole. Cuando tu equipo va 3 a 0 es uno. El otro: cuando alentaste durante todo el partido, más allá del resultado. La hinchada de la albiceleste en Brasil, en cambio, siente que puede indignarse o delirar de felicidad como ella quiere. Sus referentes -Macri, Massa, Rodríguez Larreta, Tinelli- la habilitan a tal fin, desde las butacas VIP del Maracaná.

Aboud Saeed: guerra, Facebook y poesía

mayo 20, 2014 by

0. Introducción

Para un latinoamericano lo que hoy pasa en Siria es algo que pasa muy lejos y que no se entiende. Mientras Pepe Mujica se ofrece a recibir y criar cien niños sirios en su uruguaya quinta presidencial, se da en aquel país una guerra de desgaste extremadamente cruel con la población civil. A su vez de la población surgen voces lúcidas, y esta página busca difundir a una de esas voces, la de un poeta. En un contexto que hay que conocer.

Entre los países árabes, Siria es un caso singular. No descuella en petróleo ni, a diferencia de Egipto, es un gran punto de tránsito para el petróleo. Sí tiene gas. También agricultura, ganado y textiles, que normalmente exportaría. Tanto como el té circula el mate (Siria compra el 70% de la yerba mate que sale de Argentina a otros países). Lo otro: es un país que desde hace tiempo sostiene el libre culto en religión. El presidente y otras autoridades tienen que ser musulmanes. Pero el gobierno –una ‘dictadura con elecciones’, presidida desde los años 70 por la familia Assad- se opone a todo grupo islámico ortodoxo. El poder lo tienen los alauítas, musulmanes “herejes” desde el punto de vista más dogmático: por ejemplo, no ayunan para Ramadán. En Siria las mujeres no usan velo. Al presidente/dictador Assad se le reconocen logros en este sentido (como en otros aspectos culturales) y se le cuestiona el conservadurismo político (el poder en manos de pocas familias) y económico (beneficios para un puñado selecto de grandes empresarios). Y aunque en teoría el principal enemigo siempre fue Israel, en los hechos el conflicto ha sido ante todo con grupos como la Hermandad Musulmana, que derivó la matanza de Hama (1982). Aliados históricos del gobierno: Rusia (que tiene en este país una salida al Mediterráneo), Irán, más tarde se suma China. Desde Europa no se veía al régimen sirio como un problema hasta hace poco.

1. La guerra

Pero en 2011 creció la oposición a Assad. La novedad vino de sectores medios: el pequeño empresariado (marginado de los negocios con el Estado) y los estudiantes. Las protestas (“primavera árabe”) pronto incluyeron a los sectores islamistas fundamentalistas: la Hermandad y otros grupos. Una mescolanza, la oposición. Y Assad la reprimió cruelmente. Los rebeldes derivaron en revolucionarios. En la guerra, que sigue hasta la fecha, suman 150 mil las víctimas mortales, y ocho millones de sirios en el país dependen de la ayuda humanitaria de otros Estados, que no es efectiva.

Hay más de dos bandos en el conflicto, y esta es una razón por la que el término “guerra civil” no es el más adecuado. Opuestos al gobierno están, por un lado, los revolucionarios laicos (o al menos no agrupados bajo una consigna religiosa): la Coalición Nacional, que es una fusión de grupos políticos, y el Ejército Libre (EL), de militares rebeldes y ciudadanos. El EL no es exactamente el brazo armado de la Coalición, aunque hay sintonía entre ambos grupos.

Y del otro lado de la oposición están las milicias islamistas: grupos como Al-Nusra y el Frente Islámico, que pretenden restaurar el califato y la doctrina religiosa más ortodoxa. Sus miembros se formaron en las guerras de Afganistán, Irak y Libia.

Se diría que, para la Coalición, el régimen de Assad es bastante laico (eso sería lo positivo) pero no deja de ser una tiranía en favor de unos pocos. Mientras que para Al-Nusra la laxitud religiosa de Assad es lo condenable. En mi opinión, Assad podría parangonarse (salvando mil distancias) con lo que fue en México Porfirio Díaz: un progresismo mezquino, preferencial. La Coalición y el EL funcarían como Pancho Madero y Pancho Villa. Y acá se acaba la comparación con el México de 1910, porque el otro sector en disputa, Al-Nusra, no tiene parangón: es el Islam a rajatabla. Digamos también que muchos de los enfrentamientos armados se dieron entre esos distintos sectores de la oposición.

El problema se agrava, sin embargo, por la falta de nítido apoyo internacional en una dirección. Rusia y China sí son, hay que reconocerlo, claros: apoyan al gobierno sin vueltas, negocian con él, le proveen armamento. Europa hoy condena a Assad, toma distancia de los rebeldes fundamentalistas y apoya, sólo que tímidamente, a la Coalición. Pero no ayuda a esta más que con fondos humanitarios. Mientras que Estados Unidos toma una actitud compleja y juega a dos puntas, favoreciendo por momentos a Assad y, más que nada, y en forma solapada, a los grupos islamistas. Son grupos ligados a Al-Qaeda, y se denuncia permanentemente que Estados Unidos los provee de armas. Los líderes de Al-Nusra han sido en estos años removidos de las listas negras de Washington.

Hoy la Coalición Siria pierde terreno y se fractura, a la vez que recibe acusaciones de corrupción, dineros humanitarios que habrían quedado en sus bolsillos. El combate es ante todo entre los islamistas extremos y Assad, quien parece estar saliendo triunfante y perpetuarse en el poder. Las matanzas continúan, la ONU (en parte por el apoyo de Rusia y China al régimen sirio) no consigue tomar posición. Algunos opositores comienzan a pensar que después de todo con Assad gobernando en paz no se estaría tan mal. Pero los grupos fundamentalistas financiados por Washington y otros países árabes no aflojan. Se habla ya de una guerra de desgaste propiciada por Estados Unidos para que dure y dure y dure… Y hay ciudades que desaparecieron.

2. El Facebook

Alepo era la ciudad habitada más antigua del mundo. Queda en el norte de Siria, cerca del Eufrates. Hoy está devastada por las bombas.

A 70 kilómetros de Alepo vive el joven Aboud Saeed, de treinta años, que trabaja de herrero y duerme en una pieza con su madre y sus siete hermanos. Simpatizante y, diría yo, aliado y promotor (aunque no un cuadro cultural) del Ejército Libre, Aboud es un herrero que pasó por la universidad y que escribe poesía.  En general escribe posts de levante para, en un mecanismo que ya describieron tipos tan disímiles como Freud o Charly García, tener con quién coger mientras caen las bombas. Entre esos posts y actualizaciones de su cuenta de Facebook está su poesía, junto con sus reflexiones acerca del sexo, la guerra, la soledad, la internet, los mecanismos de seducción y las políticas locales e internacionales de destrucción del pueblo sirio. Y parte de ese material fue reunido en libro, primero, por una editorial de Berlín, y luego en castellano y desde Buenos Aires por Gabriela Massuh (Mardulce Editora) bajo el título Yo, el más inteligente de Facebook.

Redes sociales, guerra y poesía son tres modos de entrarle a ese libro. El primero pide pista desde el título y hace de persiana que tapa o deja ver (según el lector) a los otros dos. Todos sabíamos desde el comienzo que las redes sociales iban a promover escritores: si Facebook se creó un domingo, al lunes ya se esperaban los libros de recopilaciones de “estados” o de posts. Son algo así como un nuevo género, y lo curioso es que haya gente que, con una postura para mi gusto muy trivial, ante la aparición de un libro de ese tipo responda cosas como “ya fue, es una idea que ya se usó”. Como si recopilar posts y editarlos fuera un gesto, una ingeniosidad autoconclusiva, ajena al contenido de lo que se edita, tal como puede serlo la elección de una manera original de numerar las hojas de una edición: algo que inventa un diseñador genuino y que los demás copian. En las redes, sin embargo, se agitan ya la mitad de las palabras de este mundo: mueren, nacen, se renuevan. Sólo un estúpido puede seguir subordinando lo que hoy se escribe en una red social al prestigio o desprestigio del envase (yo debo ser ese estúpido en cuanto al uniforme mundo de Twitter, no con el resto de las plataformas).

El tema entonces pasa a ser lo que se escribe, el potencial de cada discurso en particular -discurso de un grupo o de un individuo. Unos más que otros los perfiles se hacen notar, y unos más que otros se trasvasijan del muro al chat (conversaciones privadas sobre X), al blog, a la nota periodística, finalmente al libro. Es al revés de lo que era: hoy todos los que escriben empiezan teniendo lectores, y con ningún libro viene la sorpresa de que su autor es escritor.

“Todos duermen con un arma debajo del perfil”, escribe Saeed en su mejor veta aforística. A mi juicio la red no condena, pero tampoco condona: hay que saber usarla. Y Saeed la aprovecha en tres sentidos: para construirse un prestigio (a veces con histeria, opinando al tuntún, pidiendo a gritos ser mirado), para ganar opositores al gobierno y, no menor, para difundir su poesía.

3. La poesía

Mientras mi bella vecina baldea el piso de su patio, yo la miro fumando desde el balcón.
Fumo para darle la impresión de que estoy sumamente ocupado, de que no estoy solo; fumo para echarle las cenizas de mi cigarrillo delante de sus pies.
Fumo para insultar al dictador cada vez que trago humo.
Fumo para que el humo me dé en los ojos, para que se irriten, empiecen a lagrimear y mi madre crea que estoy llorando a mis amigos muertos.
Fumo y genero verdaderas nubes de humo para que el mundo civilizado crea que nuestra casa se está incendiando y nos manden a los bomberos con cuadrillas de rescate.
Fumo para que mi madre no deje de fumar.

La poesía de Saeed recoge el guante de la mejor tradición poética árabe. Tiene el tono del sensualismo y de la melancolía social, no alienada, que es un rasgo y una virtud de algunas culturas (también de la japonesa) donde a lo largo de los siglos los poetas encarnaron el rol de la oposición dócil al sistema. Pero Saeed innova en esa línea y es más crudo, más claramente opositor. Y lo hace sin la menor mancha de miserabilismo, la suya es poesía política genuina. No llora a los cadáveres, llora a los cuerpos y les pide que se levanten.

Yo, el más inteligente de Facebook es uno de los libros más bellos y actuales tanto en sus temas como en su valor literario. En Alemania al autor se lo llamó “el Bukowski sirio”, quizás enfatizando su veta más anarco y sus posts que hablan de coger. Pero es una comparación injusta, ya que como poeta es mucho más -yo diría que es un “Pessoa del conurbano sirio en guerra”- y como intérprete de la situación en que vive no lo veo tan anarquista. Saeed toma partido, de forma nada panfletaria, lo que no deja de ser una obligación para alguien que escribe. Su posición es también la más difícil en un país y una región, la islámica, donde el poder político-religioso promueve el analfabetismo, la miseria y la muerte de la mano de sus amigos-enemigos de afuera.

Sergio y Claudio

mayo 19, 2014 by

 

Sergio odiaba que le dijeran oportunista. Él se consideraba mucho más que eso: se consideraba un aprovechador. Los oportunistas detectaban sin error la ocasión, pero el éxito y todo lo demás era cuestión de suerte. A Sergio no sólo no se le escapaba una chance, sino un beneficio.
Mientras que a Claudio le pasaba lo contrario: no sabía sacar provecho de nada. Y como todos –empezando por él mismo– se daban cuenta de su radical ineptitud, en cierto modo Claudio salía triunfante de las situaciones. Su condición de inapostable lo volvía un winner del fracaso.
El lema de Sergio era: “¡Hay que cuidar cada detalle!”. A Claudito solían escuchársele frases como “La vida no vale nada”, que seguro había sacado de alguna película, igual el tono con que las decía no era triste.
Cuando un científico inconformista hizo público que existían hombres-robot disimulados entre la gente, la opinión fue dividida: los chicos decían que, si había un robot en el barrio, ese era Claudito; las chicas, que era Sergio. Los varones todos envidiaban y respetaban a Sergio, querían ser como él, tener su arrojo, su vitalidad, su éxito, así que la posibilidad de deshumanizarlo no les entraba en la cabeza, imposible. El resultado fue que echaron del barrio a Claudito.
Romina fue la primera en descubrir que Sergio era un robot. Si hubiese sido Elsa no pasaba nada. A Romi le llamaba la atención que el pito no se le bajara ni un poco después de coger, mientras seguían tirados los dos en la cama, y que de repente, cuando Sergio iba hasta la heladera y volvía con dos vasos de agua, llegara con el miembro reducido a un tercio de su tamaño. Con los otros chicos era igual –digo, lo del tercio– sólo que a los otros se les iba bajando paulatinamente, mientras fumaban un cigarrillo… En cambio con Sergio, que no fumaba (“¡Hay que cuidar cada detalle!”, repetía en su defensa de la salud y la vitalidad), siempre lo mismo: después de su habilidosa performance sexual, después también de unos minutos de charlar con el pito al palo, se iba rápido a la cocina (“¿Te traigo agua”, “Te guardé un poco del mantecol que te gusta”) y al final reaparecía todo contraído… La vez que Romina lo siguió hasta la cocina lo vio tocarse el arito de la oreja: más que tocárselo, lo cambiaba de posición como a una perilla. Ella gritó: “¡Mirá esto!” y claro, era una trampa para que él se diera vuelta. Y Sergio giró justo cuando su pito pasaba electrónicamente a off.
A Elsa sí la siguió viendo, aunque ya no era lo mismo. Quiero decir: en los hechos podía ser igual; en el fondo, no. Las otras chicas dejaron de acostarse con él.
Pero de los varones Sergio se hizo más amigo que nunca, y hasta se diría: pasó a ser más envidiado que nunca. El robot creado por el sistema, pese a haber sido descubierto, hizo triunfar al sistema.
Mientras que Claudito, echado del barrio, se fue a vivir a México. Hoy se cartea con algunas, manda fotos: sigue hecho un pibe. Vive en el DF, en la esquina de las calles Huérfanos y Mártires.

Repercusiones

abril 13, 2014 by

Fue apostolado de unos pocos en los ’80. Después fue religión masiva contra la década menemista. Cuando la banda murió, se volvió más que popular: se volvió misa. Buscando algún modo de resurrección, hoy la “misa ricotera” hace que cientos de miles de personas se muevan por el país detrás del fantasma de Los Redonditos de Ricota. Piden ecos de lo que existió, y como pagan una entrada cara para eso, los encuentran -si el Indio tocara gratis, no habría misa ni nada parecido, quizás sí una última cena con aquellos doce fanáticos de la banda en los ’80 a los que todavía la cocaína no mató.
Dicen los diarios: 350 pesos la entrada al campamento cultural del Indio en Gualeguaychú. Son 150.000 feligreses, lo que da algo más de 50 millones de pesos. Los productores -un par de hermanos amigotes del Señor Solaris- reconocen: con veinte millones todo está pago, incluida la banda, la policía y el sueldo de los productores mismos. Solaris se queda entonces con treinta. Su resurrección personal es un hecho consumado.
En la literatura es distinto, porque la literatura no es, como la música, una religión completa. A lo más que un escritor puede aspirar o temer es a un puñado de apóstoles, que encima, como le pasa ahora a Fogwill, suelen llegar tarde a la última cena: llegan cuando el escritor consumió solo todo el delivery y murió. Historias de cocaína hilvanan vidas de músicos y escritores: en los primeros, esas historias son el relato original, prehistórico casi, sobre el que la devoción posterior ya no repara. En los segundos, son el núcleo del chimentaje practicado por los apóstoles, los viudos vírgenes del maestro.
Los pibes más lúmpenes, los menos instruidos, vienen desde hace veinte años tratando de leer la obra de los Redondos. A veces, una que otra vez, tiran clavados perfectos en la pileta de los símbolos y las interpretaciones de una letra cualquiera de la banda. A Fogwill, en cambio, le llegan tras su muerte los libros de la mala memoria: los que se quedan con el personaje y desprecian, deliberadamente, lo que Fogwill escribió. La Memoria coral editada por Mansalva es el primero de unos cinco o seis que se preparan para este año.
Ser fanático de una banda no es muy bueno. Ser anecdotista de un escritor puede ser bastante peor. Es verdad que el deseo de rockstar que tuvo Fogwill habilita la aparición de libros así. Pero el empuje que tenía, su pasión de lector, pedía otra cosa.
Un apóstol, Sergio Bizzio. Escritor que trabaja de lunes a viernes escribiendo guiones estándar para cine y televisión y los sábados se consagra a la literatura de vanguardia. Dice Bizzio, que nunca tendrá un vicio: “A Fogwill lo vi tomarse rayas del tamaño de una caña de bambú”. En los recitales de los Redondos siempre había razzias. En los libros sobre Fogwill siempre hay bizzios.
Y un anti-apóstol: Fabián Casas. Un amigo que aparentemente se negó a participar de ese libro. Desde acá lo felicitamos.

Novelas

marzo 28, 2014 by

Simón y Virginia empezaron a leer G, de John Berger. Como es un libro que les recomendé y me dicen que les está encantando, la satisfacción es grande para este lector-crítico-guía. Me siento incluso animado a seguir recomendando libros -no a Simón y Virginia, a ellos ya me los “gané”, ahora tengo que conquistar a alguien más, o sentirlos un poco lejos a Simón y Virginia, sentirlos volcados a otras preocupaciones, ya no sumisos a mi talento, y entonces reconquistarlos con otro gesto. Sin querer me metí en el tema que tenemos con mi psicóloga imaginaria. Pero dejemos de lado esa discusión para hablar de Muriel Spark.
“La plenitud de la Señorita Brodie” es una novela de Spark. Según el juicio de algunas revistas británicas de literatura (el juicio o la pesadilla del juicio: el ránking), “La plenitud de la Señorita Brodie” está entre las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es excelente, opino yo. Fue llevada al cine además en los ’70. En Argentina la editorial La Bestia Equilátera es la que viene publicando novelas de Spark a ritmo anual, pero esta no forma parte del catálogo. Quizás sus derechos son más caros, porque además de excelente fue muy exitosa. (valor literario 10, valor comercial 8, tendría que decir si esto que escribo fuese un informe de lectura).
La traducción que compré fue publicada por una editorial colombiana, Edecol, también en los ’70. La conseguí en Parque Rivadavia. Me dio vergüenza pagar los tres pesos que valía y compré otro libro más (uno de Silvia Molloy, que ahí lo tengo por ahora). La traducción es muy buena salvo en el título: le pusieron “La primavera de las solteronas”. Injusto.
Una profesora de secundario decide, planifica y ejecuta durante cinco años su proyecto de marcar a fuego las cabezas de seis de sus alumnas, desviándose para eso de cualquier concepto más o menos institucional de educación y usando las clases para hablarles de sus novios, de la guerra, de Mussolini y de los planes de enseñanza que ella detesta: el conservador, el progresista.
En un rato sigo, voy a comer.

De nuevo. Estaba hablando de una pareja de amigos, Simón y Virginia. De mi intención de marcarles un camino de lecturas. Me entretuve, después de comer, en un blog, el de Eterna Cadencia, donde encontré a un viejo compañero de estudios, Juan Terranova, felicitando un texto crítico torpe y presuntuoso de un novelista actual que vive en España, Patricio Pron. Para Juan el texto estaba bueno porque “hacía ruido”, es decir, porque movilizaba a opinar, porque provocaba. Hacer ruido… Opino que Terranova necesita un sonajero, no una novela. Me irrita un poco su manera de escribir, de él y de sus compinches de la revista Paco. Pero son incansables, van a estar siempre provocando porque ese es el proyecto que eligieron.
Retomo otro día. Tengo que parar y hacer un informe de lectura para una editorial.

Chic lit

marzo 26, 2014 by

Peter Pan nunca pisó un potrero,
Kurt Cobain nunca cruzó una canchita,
por eso tenían miedo de pasar los treinta,
no sabían que el fútbol es una crema anti-age.

Pelotear frente al Easy de Paternal: eso es vida.
Desbordes y centros de noche, épica matunga,
cuando hay luna llena los hombres nos desgarramos
pero está todo bien, una semana tomando whisky y se pasa.

Campitos de verano, aire frío de invierno,
la media hora para calentar: ¿existe algo mejor?
Sí, el sexo, pero después del sexo se habla.
Después del fútbol se mira el fuego de la parrilla.

Cinco décadas tiene Luisito Abregú, y es un pibe,
no tiene idea del Barcelona, llega en bicicleta.
Leíto Azulay va a ser papá a los cuarenta y dos
y cómo defiende. El fútbol es una excelente crema anti-age.

Randazzo es otro que está muy joven,
eso porque la Política es la mejor crema anti-age.
Boudou en cambio está destruido,
la Economía envejece más que vivir con una modelo.

Mitología matunga, con luna llena nos desgarramos,
volvemos a casa con miedo, pidiendo que no sea nada,
cagonas locas que nada deje de mantenernos,
que nunca falte el polvo del próximo partido.

10 de marzo (2)

marzo 25, 2014 by

El poema que no te regalé, el mensaje de texto muy perdido
que vos sí escribiste y mandaste,
los intratables que somos, y todo alrededor conspirando
que por qué no nos conocimos en Ramos cuando éramos chicos.
Nadie tiene la culpa ahora, tres mil palabras por día o
tres mil ladrillos encargados para una importante refacción,
nos crece más la barba, se nos adelanta la menstruación
en días o semanas así, de creer que estamos en otra.
Y el poema que no te regalé sigue
queriendo ser escrito. La lluvia de estas semanas
no adelantó gran cosa, del avión desaparecido
al menos se sabe que no llegó a un aeropuerto,
empezaron las clases, en el colectivo los nenes van tramando situaciones, hablan de la señorita de inglés que dice
“put in”, “put on”: el día
arranca como anécdota
de la vida en espiral.

De lo que me acuerdo de Ramos hace veinte años es que el fernet
se ponía de moda.
Una enorme casona en la Segunda Rivadavia,
jardín por todas partes, música de New Order
y esa bebida que un italiano patentó
el año en que Sarmiento escribía el Facundo -esto te lo dije.
Hoy existe gente que va en verano a Brasil
a sacarse una foto en Arpoador exhibiendo
su botella de fernet: a eso llegamos.
Bárbaro por otra parte porque nos ahorrará
pilas de ensayismo barato:
¿qué es lo que somos? Morfeos y Perséfones
juntos unos días (de invierno) tomando el negro trago
acá abajo. Te amé porque hablabas como yo,
te odié porque nos creíamos tan genios,
compartimos tan poco más allá de ese almuerzo tarde
después de ir un domingo a votar y es difícil
que el poema llegue sin silbar una canción de protesta,
poema carcasa del miedo y la tacañería,
romperlo me va a llevar más tiempo que armarlo.
Sí.

Bajan los chicos en la esquina de la librería,
los guardapolvos semiblancos yogur de durazno.
En el oráculo del ocio está escrito:
el poema va a venir en un recreo, sin control,
sin preguntarme qué cosa nos moldeó su desconfianza,
por qué, desde cuándo, en base… uf, lo dije, en base a qué.
Va a venir, punto. Cíclico como una lluvia,
a veces con humor, otras en guardia y queriendo rajarse
(él, el poema, de nosotros dos)
y un día va a estar escrito en el paredón de una fábrica
textil, brevísimo y sin vueltas que darle:
símbolo duro del beso perfecto
que nos dimos cuando se nos olvidó dudar.


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