Tigresa es una palabra que nunca pensé
que diría y hoy que la luna me acompaña
por estas calles con nombres de países americanos
dije tigresa y por suerte no dije besás como una jaguar
y todos los felinos de un bolivarismo mal entendido
ahora descansan, por suerte no dije besás como una puma
hoy que la luna hace que cien cuadras sean caminables
por suerte no dije besás como una onza
ahora que las calles se tuercen y es tan porteño que se llamen igual
sin respuesta camino con una memoria que no es de nadie
una tigresa te devora me dicen los huesos del gliptodonte
cuando llego al museo de ciencias naturales
sólo a vos se te ocurre, dice, que hay ternura en un animal
bueno, extinguido, peor la soberbia de decir besás lindo,
peor una especie recompuesta de un único ejemplar
y si mis huesos descansan dentro de cien años bajo este
parque centenario en la panza de una tigresa yo
no me quejaría de hecho de nada me quejo
aunque no me gusta este barrio de caballito sólo tiene yeguas
y flores tiene mucho felino travestido mucho nahuel
pero la luna me acompaña pronto voy a estar en la floresta
de casas bajas donde si me descuido el segundo zarpazo
mañana mismo me lo dan si me cuido y me meto en su boca
yo sabía que las casas son más bajas cuando amanece
pero este llano de dónde salió sino del pájaro madrugador
primer hambriento del día me acompaña hasta mi matadero
con su pura marcha tigresa es una palabra que nunca pensé
que iba a decir.
* * *
El que acabás de leer es el capítulo 5 de esta saga de Elsa y Edgardo: el capítulo del contacto físico discreto, llamémoslo. Se continúa en el capítulo 7, del contacto físico extenso, en una sala de cine. Ese no lo voy a subir. Pero tenés muchos otros capítulos para ir conociendo esta historia que espero publicar en papel en 2012: a la derecha de la pantalla, cliqueando en los títulos, accedés a ellos. Si te va gustando esta saga me gustaría que me lo hagas saber.