Bien, éste es el capítulo del contacto verbal, cuando Edgardo sigue a Elsa hasta su trabajo y se siente en una mesa y no sabe qué decir.
Hubo un mural en Cartago donde Eneas
vio a Troya destruida y se vio a él
yendo de Troya a Cartago, y hubo un graffiti
a dos cuadras de la estación Liniers
donde José leyó “vuélvanse a Bolivia”
desde arriba del micro. Pienso que si nuestro lazo
estaba escrito
no fue en la carta del restaurant donde trabajás
porque la abrí y no había signos, nada,
ningún castillo sangrante, cero profecía,
sólo una lista de nombres raros hasta para los iniciados
en la gastronomía trabajadores turistas de por acá
y como todo plato en este barrio abre una incógnita
elegí cualquiera, veamos un dip, y “dip” fue aposentando
reminiscencias de un clavado en una pileta muy honda
la propaganda de un jean para una chica del ascensor
dip de qué entonces fue lo que preguntaste
un dip repleto pensé, dip de qué
la guitarra troyana del piropo me inspiraba palabras vanas
y con oficio de bachero las iba reprimiendo en lo hondo
dip de qué, un dip vacío pensé, una expectativa
molida por la timidez
dip de qué, un dip como una urna y un sobre
con el dato del lugar para después de trabajar
donde todo se invierte y la mesera es cliente
y es carnaval este barrio apenas vestido de carnaval
paraíso terrestre y es el Averno
voy para ahí con este dip que no elegí y a primera
vista es profundo y no es fácil extraer
hilillo simple sencillo hablar
no puedo hablar no es el calor no quiero
otra mesa hilillo simple quiero
con este dip esperarte en qué otro bar.