Sigue la saga de Elsa y Edgardo, una historia titulada El pájaro rodante y ambientada en algún lugar de Buenos Aires lleno de bares y restós, rúculas y dips de aguacate. Elsa, como les dije, trabaja de moza; Edgardo, de bachero. Trabajan en restós distintos. Y bueno, quizás recuerden el primer capítulo, “Visión de la moza”: capítulo del contacto visual. Son unos 60. No voy a subir todos. Este que subo ahora es el capítulo 2.
Extracción del bachero
Tengo 35 años, estudios
completos todos salvo universitarios
que los dejé por la mitad.
Vivo en el barrio donde llegan las vacas
y se vuelven cortes que todos comemos.
Perdí a mi viejo cuando mi familia eran los Rolling Stones.
Tengo amigos que están montando
sus primeros negocios.
Yo también quiero, pero trabajo de bachero.
Todo el tiempo me sumerjo
en cosas que otros pueden explicar.
Nadie se hunde dos veces en el mismo lío,
ninguno de mis amigos,
yo sí.
Meto las manos en la bacha
de agua donde no aguantan
los restos coloridos.
Un día voy a sacar confianza.
Soy bachero, no soy Bach.
Jefes y commises
ayudantes, pasteleros
llevan años.
En la bacha hubo tantas manos como platos
que otros pueden explicar.
El anterior a mí está preso,
el anterior trabaja en un crucero.
Ninguno tenía familia, unos pocos
tenían ciudad.
Hermano, sos groso.
Fuiste como un padre ausente para mí.
Todo lo que decís sólo a vos te importa.
Vení, pedí cangrejo
para tu nueva teen facilona.
Meto las manos en la bacha
de agua donde no aguantan
los restos coloridos.
Un día voy a sacar confianza.
Soy bachero, no soy Bach.
* * *