Marcelo Díaz

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Bahía Blanca, 1965.
Formó parte de los Poetas Mateístas. Publicó Berreta (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1998), Diesel 6002 (Vox, Bahía Blanca, 2002) y Laspada (El Calamar, Bahía Blanca, 2004)

I – La Era del Karaoke

Los cactus han brotado en el verano, uniformes e instantáneos.
Se los ve
desde el bar Oro Preto, en el declive de una tarde bochornosa.
Se oye hablar de palmeras, y de playas donde el agua es
de un celeste cristalino,
y de cardúmenes que se abren como estallidos multicolores,
se oye el hielo derretirse en vasos de cuello largo,
y motores que regulan en el semáforo de la avenida
y los primeros acordes del tema musical de Titanic.
Están en un extremo de la peatonal Drago, frente al bar Oro Preto,
están entre los cactus, bajo el cartel azul y verde
que dice MOVISTAR,
delante de un mundo iluminado por celulares y sonrisas ploteadas
en el vidrio.
¡DUPLICATE! ¡RECARGAME! ¡SOMOS MÁS! Pero ellos no son parte
de la campaña de MOVISTAR, tampoco lo son los cactus,
aunque una mujer le dice a otra: mirá qué lindos
los cactus que puso MOVISTAR. Pero los cactus, verdes,
instantáneos,
uniformes y estampados sobre una gruesa lona vinílica,
no forman parte
de la campaña publicitaria de MOVISTAR, están ahí
para simbolizar el desierto
aún presente en la ciudad, están ahí
para recordarnos que el desierto
sigue ahí, bajo el cemento. Aunque es cierto
que son lindos y que los artistas
se inclinaron por la misma tonalidad de verde que los creativos
de la transnacional. Ahora,
desde una mesa en la vereda del bar Oro Preto,
asistimos al hundimiento del Titanic, que este grupo
(dos sikus, dos parlantes, una quena,
un amplificador TONOMAC, una flauta de pan)
interpreta con entusiasmo andino entre cactus de lona vinílica,
ante un cardumen multicolor de celulares
que se recargan y se duplican en la pecera telefónica.
El Titanic, en la versión electro-kolla, más que hundirse, se disuelve
en trinos de quena y siku, y he aquí a los músicos,
sobrevivientes tenaces del naufragio de un continente,
en los estertores
de la era del karaoke, con sus ropajes que juzgamos típicos,
aunque no sepamos
típicos de qué, de pie y agradeciendo la llovizna
de aplausos que no bien
toca el desierto se evapora.

(Del inédito “Díptico para ser leído con máscara de luchador mexicano”)

Marcelo Díaz leerá el 7 de noviembre a las 21 hs en Antigua Imprenta

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