Patitas

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A Teresa

-Te invito acá porque no me alcanza para el psicoanalista. Vos, que no me conocés, con esto vas a poder alzar el dedo; no importa, yo gano mi comprensión. Y después te saco de patitas a la calle.
Ella era una vampira, como pueden ser las chicas de 22 años que se buscan un tipo de 35. Ella quería conocerme y sacar algo de experiencia y listo, a otra cosa. El problema es que acá adentro había una fuente considerable. Y se enamoró. Pasamos juntos tres años.
El primer año fue bárbaro, los dos enamorados. Al segundo año ella me amaba, y ahí empezó la complicación. Porque la vampira no había salido a buscar amor, y eso es lo de menos. Lo de más es que no estaba preparada para el amor. No podía.
Y pasamos juntos dos años más, aunque cada tanto nos separábamos. Nos separábamos: lo que pasa es que ella sufría porque amaba. Yo recién ahí entendí aquello de que el amor te puede separar. Claro, nos había unido el enamoramiento, la aventura, cómo el amor no iba a separarnos.
Y qué te voy a decir, el que quedó hecho mierda fui yo. Ahora ella es la que durante dos años sufrió más que nadie, por eso no quiero verla, para no herirla con esta paradoja. Yo entonces tenía fe. ¿Sabés qué es la fe? La fe es el resultado como herramienta. Ella me amaba y sufría; yo entonces era el voluntarista. Porque me daba cuenta de que ella me amaba y sufría, pero hacía como Robespierre en la Revolución Francesa: si no está preparada no importa, va a estarlo. El resultado era que ella seguía sufriendo.
Claro que mis fantasías se iban postergando. Mis fantasías que eran de lo más sencillas. La máxima era tener una casa con jardín, llegar a la misma hora, sacarnos las zapatillas y en el pasto tomar mate. Imaginate un tipo con ese grado tan neutro de fantasía. Me refiero a los viajes de la cabeza para adentro, no digo ocurrencias que después los dos compartíamos. Éstas de tomar mate en un jardín las conversábamos, sí, pero no se puede decir que las compartíamos, ni menos que las realizábamos porque de movida no teníamos jardín. Eran fantasías frías, y es obvio, qué otra cosa se le iba a pasar por la cabeza a un tipo que se sentía tan satisfecho en sus calenturas. Si durante casi tres años nos dimos calor todos los días que pasamos juntos, excepto un poco el último mes antes de separarnos. Pero yo sentía que mis fantasías no se concretaban nunca, y durante un tiempo me distraía. Ahora el que quedó hecho mierda es el que menos entendió.
En el último mes ella se había agarrado un sarpullido en las piernas. De grande, a los 25. Toda la familia del lado paterno había tenido sarpullido en las piernas cuando chicos; ella no. Para mí que fue una forma de volver a la familia. Y que ya se le estará pasando.
Ella tenía otra educación; su abuelo había sido gobernador, mi abuelo había sido ferroviario. Pero su bisabuelo quién sabe qué había sido, y el mío llegó de Italia sin un peso y fue el sastre de un presidente. Juárez Celman le decía a mi bisabuelo: lástima, tano, que no sabés leer y escribir, si no te ponía de gobernador. Sé que es cierto porque cuando los quince o veinte miembros de una tanada cuentan todos la misma historia, tiene que ser cierto. Mi bisabuelo había llegado al país desde la Basilicata y era lo que se dice un tipo refinado por naturaleza. Y yo tengo en la sangre esa elegancia. Y me mandé muchas cagadas y todavía me las mando, pero nadie me mira a los ojos y ve falsedad. El refinamiento es tener mirada honesta.
Igual, yo quise a esa vampira. Digo: la quise sabiendo que era vampira, así la conocí y la amé. Después la amé pensando que ya era otra cosa, o que estaba en camino de ser otra cosa. Y claro que está en camino de ser otra cosa, ¡todos los vampiros lo están!, la pena es que a mí no me tocaba ese futuro. Será con otro, será con su primera pareja de la misma edad –porque de más está decirte que los anteriores a mí le llevaban la misma brecha. Con uno había durado tres meses, un psicoanalista que un día le dijo que no lo tocara cuando tenía la regla. Con el otro estuvo un año, un apático con onda que tenía un restaurante en la playa.
Yo sé que pronto va a transformarse en otra cosa, seguro con otro. Lo sé porque yo fui vampiro. Ahora no tengo nada de vampiro; soy de los que buscan la horma. Y es tan difícil porque, bueno, felpudeándolo no lo voy a superar: con ella yo tenía la horma. Ahora hay que estar tranquilo hasta que surja la posibilidad de encontrarla y no sólo eso: de buscarla. Porque hoy por hoy me cuesta hasta la actitud de estar de cara a la horma. Quedé desordenado: tengo fantasías muy calientes y otras demasiado frías -¡hacerme jesuita!
Ahora, decime, ¿dura mucho esto de tener fantasías desordenadas? Porque vos que sos artista… ¿cómo era –¿Di Nápoli?– tu apellido… vos que sos escritor no sé qué onda lo que fantaseás.

-Mirá, lo que te digo es que sos un ladrón. Esa historia de Juárez Celman es la mía. La escuchaste, porque hasta ahora nunca la escribí, y me la robaste. Y hasta me robaste la argumentación, eso de que quince tanos que dicen lo mismo es imposible que mientan. Lo que te digo es que sos un vampiro de cuarta, deshonrás a los vampiros. Y a esa niña, si es que existe, le digo que se quede tranquila, porque si hoy lo que quiere es volver a la familia, eso significa que alguna vez se fue de la familia, y como dijo alguien: “La única cosa irremediable en la vida es no haberse ido a tiempo de la casa de los padres”.

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5 comentarios to “Patitas”

  1. federico Says:

    Empecé a leer y, cuando llegué a la mitad, me clavé en la dupla “fantasías frías”. Me pareció genial: que merecía aunque sea una repetición. Y claro, eso me pasa por ansioso, porque me la pasé clavado, estirando la ropa, sobre esas palabras hasta que al final se volvieron a repetir… y fue como una descompresión de todo lo que había leído (y me había perdido) para tratar de que se repitan esas dos palabras. Me gusta el cerebro mágico para los cuentos, creo que es su mayor fiesta. Un abrazo Cristian. Champ.

  2. M Says:

    Cristián. Si bien no nos conocemos, alguna vez me elogiaste como narradora y por eso (entre otras cosas) prefiero guardar hoy mi nombre. Sólo te digo que ningún otro “cuento de vampiros” me sorprendió tanto en el último tiempo. Es grato constatar una vez más que la eficacia literaria trasluce virtud moral, ya que el final que le diste a la historia revela no sólo talento sino nobleza de la que ya no se encuentra. Te felicito.

  3. denapoli Says:

    fede hermano gracias por pasar. me gustó mucho el poema de abril es el mes más cool en tu página.
    y m (qué seudónimo para la ocasión!), muchas gracias. sos vos la que le pone al anonimato, por una vez, virtud.

  4. paula Says:

    Grande, nene!

  5. necro Says:

    Los vampiros están de moda, pero vampiros mecanicistas, de los que te dicen te muerdo el cuello y vos sos vampiro también. Me alegra saber que quedan vampiros idealistas, que desangran lo que pueden y siguen sumando, de a poco, despacito…

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