Distribuir poesía

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Desapareció la mesa de poesía a la entrada de la Librería Hernández. En Zivals se recortó el espacio que le daban hasta el año pasado. Dos cosas respecto de los libros de poesía en Buenos Aires: en los últimos años se editaron muchos; en librerías se venden muy poco, cada vez menos. Entre estas dos cosas podría haber una relación.

Abro con esto un ensayo sobre la distribución de libros de poesía. Más que las librerías que resignan espacio, una de las cosas que me impulsan a hablar de este asunto es el cierre de la distribuidora Voy a Salir; la otra es promover ideas para una eventual empresa que tome ese lugar vacante. Pero además hace falta empezar haciendo una aclaración. La venta de libros de poesía en librerías constituye desde hace tiempo una vía no sé si llamarla secundaria, porque hablando así parece que le quito importancia, digamos mejor una vía que le es bastante indiferente a muchas de las personas acostumbradas a comprar libros de poesía. Y es que donde más se venden estos libros es: en situación mano a mano, en presentaciones y lecturas, y en ferias de libro alternativas como las F.L.I.A. y otras con menos renombre. En estos otros espacios es donde, además, el libro de poesía circula como “novedad” en el sentido de mercado. El comprador en librerías de ediciones hechas en el país –con las importadas es otra cosa– tiende cada vez más a ser un caso raro; existe, sí, y hay que cuidarlo. Pero un editor que no voy a dar su nombre porque no quiere problemas con el fisco me dice que la proporción de sus libros de poesía vendidos en librerías es de un tercio frente al resto de ventas en cualquier otro espacio o situación.

Este ensayo va a proponer a una eventual distribuidora de libros de poesía que tome el lugar de Voy a Salir lo siguiente: que limite la distribución de títulos, no de editoriales. Es decir, que no lleve a librerías todos los títulos de las pocas o muchas editoriales con las que opera. Voy a tratar de fundamentar esto que puede sonar antipático.

* * *

A fines de los ’90 se multiplicaron las editoriales de poesía, y sobre todo se dio ese fenómeno que tantos describieron: se empieza a hacer común que alguien que escribe poesía también la edite (la propia, la de otros). Hacia 2003 ya eran cerca de veinte editoriales en Buenos Aires con un catálogo donde la poesía mandaba o tenía su lugar relevante; tres años después circulaban unas veinte más, con nombres como Gog y Magog, Zorra Poesía, Viajera Editorial, Huesos de Jibia, IAP, Black & Vermelho. En paralelo iban creciendo los proyectos de edición artesanal, sin imprenta, vía plaquetas en vez de libros, pero aun así con su catálogo y su relativísima visibilidad; tomo como ejemplos Crudo Ediciones y El Mal Paso entre tantos otros que conforman un número difícil de calcular. Volviendo a las editoriales de libros, en 2007 surge El Niño Stanton que parece ser todavía –2010– la “nueva editorial”, y que tiene a la fecha ocho libros publicados: seis de ellos en los dos primeros años de actividad. 2004-2007 fue el período del boom, a partir de 2008, con el auge de los blogs-revista y los blogs-editorial, ya no surgen tantos emprendimientos en papel impreso.

En el momento clave de este proceso aparece la distribuidora Voy a Salir: marzo de 2005. Se hace cargo de la distribución para algunas editoriales que venían activas desde fines de los ’90 (Vox, Siesta) y otras de las recién creadas (Gog y Magog, Zorra). Todo su material es poesía, más los títulos de ficción de Mansalva. No incluye a dos editoriales de poesía bastante aceitadas, Bajo la Luna y El Dock, cuyos editores siguen distribuyendo por sus propios y a veces opacos esfuerzos. Es un proyecto, elde Voy a Salir, que canaliza lo que era un movimiento constante y a la vez irregular de esos libros (que ya tenían lectores-compradores) y lo potencia: hace posible que a la poesía de Gambarotta, Casas, Raimondi o Wittner se la encuentre en calle Corrientes y en librerías del que está por entonces convirtiéndose en nuevo polo de ventas para la industria cultural más o menos sofisticada: el barrio de Palermo. Las encargadas de Voy a Salir son dos personas: Lucía Diforte y María Medrano; la primera traía experiencia en el mundo editorial, la segunda era conocida y apreciada como poeta. Y ambas muy apreciadas por el proyecto que encararon, que significó un respaldo importantísimo sobre todo, supongo, para las editoriales más chicas, como la de quien esto escribe, Black & Vermelho, que arranca en 2005 con dos libros hechos con subsidio para el editor y un tercero para la traductora y que, a partir de la relación con la distribuidora entre otros factores, se anima en 2006 a seguir editando dos libros por año en forma autogestionada.

Voy a Salir entra en una primera crisis en 2008, que se resuelve en 2009 con una propuesta hecha a los editores más pequeños: resignar la mitad del porcentaje que tradicionalmente les corresponde. Del futbolístico modelo 4-4-2 (40% del precio de venta del libro va para el librero, otro 40 para el editor, 20 para la distribuidora), se propone un 4-2-4: la distribuidora quiere hacer más goles que la línea editorial, digamos. La consecuencia es que algunas editoriales se retiran: Amadeo Mandarino y Black & Vermelho entre otras. Son de las que editan a ritmo más relajado, y venden en librerías, vía Voy a Salir, tres, cinco, ocho ejemplares por mes de todos sus títulos; son algunas de las que efectivamente parecen darle a la distribuidora un trabajo que no paga, que no es rentable. La propuesta de Voy a Salir es formalmente tosca, pero tiene una razón de ser que la hace atendible: no se puede distribuir a pérdida, algún reajuste hace falta.

* * *

Sin embargo, a mi juicio había algo donde Voy a Salir sí se equivocaba. Dos cosas, en realidad. La primera, discutible, es que involucraba tres personas para la distribución –en un momento se suma una tercera a Medrano y Diforte–, y tres personas viviendo de distribuir libros de poesía en librerías puede ser mucho. La más importante: a comienzos de 2008, cuando la realidad todavía no sugería que el boom de editoriales fuese a cortarse, la distribuidora amplía su catálogo y pasa a incluir los títulos de otras editoriales, algunas recientes y otras no tanto. Y toma la producción de iniciativas como Tsé-Tsé, con una década de actividad por detrás, o como el reciente El Suri Porfiado. Lo que tienen en común estos proyectos es que son editoriales especializadas en hacer libros que el autor paga.

La inclusión de libros pagados por el autor en el catálogo de editoriales no era una novedad, pero sí había algo que diferencia a estos emprendimientos de los que ya venían siendo distribuidos por Voy a Salir. Por un lado, Tsé-Tsé llegaba con una mirada de reojo hacia esa faena tan plebeya de vender libros, y el grueso de sus ediciones, de poetas latinoamericanos más o menos pertenecientes al jet set poético con sede en Miami y satélites por todo EEUU, ya venían con sus costos de imprenta cubiertos suponemos que, si no por el poeta mismo, por la universidad estadounidense donde el poeta se desempeñaba como profesor. El Suri Porfiado, lo mismo que otra editorial surgida a fines de lo ’00 como Huesos de Jibia, ya nacían para cobrarles a los autores. Los autores de la segunda son jóvenes talleristas en los cursos dictados por los mismos editores, y pagan cifras disparatadas por ver impreso el primer libro. Los autores de el Suri pagan mucho menos; la editorial en este caso propone, como Siesta en los ’90, ediciones baratas, aunque (esto es opinable y esta es mi opinión) con un piso de exigencia estética mucho más bajo.

Cada uno de estos proyectos nuevos, a su manera, se diferencia de anteriores como Vox, Siesta o Gog y Magog ante todo porque en ellos no existe a priori ninguna de estas tres cosas: la necesidad de vender los libros para que la empresa pueda existir –necesidad que por entonces tiene Vox para varios de sus títulos, y Tsé-tsé sólo para unos pocos como el excelente El libro de unos sonidos–, la búsqueda de un equilibro entre editar a un buen poeta intratable al que no le vas a sacar un peso, como Daniel Durand, y editar a un novato que te va a pagar tres meses de alquiler –equilibrio que sostiene a Gog y Magog y que se desbalancea para el lado de años de alquiler cubiertos en El Suri y en Huesos de Jibia–, y la ambición por crear un catálogo de riesgo formal aun cuando eso implique que todos los autores cooperen con los costos de imprenta –cosa que lograba Siesta hasta que pasa de Marina Mariasch a Santiago Llach.

En 2008 llegan a Voy a Salir los libros de Tsé-Tsé, El Suri y otras. De Tsé-tsé alguien dice que llegan como un pedido de auxilio, una suerte de “liberame estos paquetes del garage”, lo que implica un reajuste en la actitud de su editor Reynaldo Jiménez: ya no mira de reojo, por plebeya, la venta de libros de poesía, ahora ciñe su indiferencia a la eventual ganancia económica producto de esa venta. Mi hipótesis es que esto acaba dando un argumento a la distribuidora para intentar poner en práctica, en 2009, aquella idea de que el editor de poesía bien se podría arreglar con sólo un 20% del precio de venta. No hay que olvidar que en el contexto está el relativo auge de los subsidios a la edición, que en cierto modo da “aires” a los distribuidores para animarse a replantear los porcentajes, y está además lo siguiente: editoriales como Vox hacia 2007 entran en un nuevo capítulo donde la proporción de libros pagados por el autor es cada vez más alta –los que salen por offset y tienen alta calidad de impresión dejan de ser apuestas del editor (Sergio Raimondi, Mario Ortiz) y pasan a ser chicos que editan su primer libro. Particular es el caso de una editorial entonces reciente, Mansalva, que Voy a Salir distribuye: Mansalva forja de entrada un catálogo potente que da lugar a la poesía entre un grueso de títulos de narrativa; en el primer año Mansalva sorprende con la poesía reunida de Daniel Durand y libros de Fabián Casas y Washington Cucurto; todo sugiere que la apuesta no es rentable para su editor, al menos no a corto plazo; y a partir de 2008 los libros de poesía que se mechan en ese catálogo cada vez más volcado a la ficción son de autores como Carmen Iriondo o Rodrigo Malmstem, que pagan generosamente su edición, y el resultado es melancólico para lo que nos ocupa: la poesía en esta editorial se vuelve un currete para financiar la edición de narrativas audaces y de cierto vuelo experimental aunque sin mucho horizonte de ventas, o de algunos poemas de narrador tipo Sergio Bizzio, que titula a su poemario “Te desafío a correr como un tonto por el jardín”. 

Tenemos, entonces, por un lado, la creciente tendencia entre las editoriales de nueva poesía argentina a obtener recursos que permitan salir de imprenta con el libro ya pagado, y tenemos, relacionado pero diferente, esa entrada que se daba en 2008 a la distribuidora Voy a Salir de editoriales con una necesidad puntual de liberar espacio en sus depósitos hogareños, no de vender para recuperar inversiones. Para 2009 la distribuidora en cuestión se encuentra con esto: ha incluido en su catálogo casi mil títulos; cuanto más títulos posee más difícil se hace el seguimiento de ventas por parte de las librerías; entre tantos títulos hay cientos que no venden ni un ejemplar; controlar el stock de algo que al final no se vendió debe ser un agobio para los libreros; la relación de la distribuidora con las librerías se tensa de una forma u otra; difícil pasa a ser cubrir las necesidades de las tres personas involucradas en la aventura de distribuir; la empresa, en definitiva, quiebra. En paralelo está la “explicación” de la crisis mundial, pero no es todo. En paralelo están también las nuevas orientaciones, que en Argentina surgen en 2008, hacia el libro impreso bajo demanda como hace El Fin de la Noche: del autor al que se “apuesta” se hace la cantidad de impresiones necesarias para abastecer un puñado de librerías, el resto se imprime en el momento, uno por uno, algo que puede hacer Amazon como la editorial misma. Y están también las aventuras editoriales que escapan a la virtualidad de Internet y a la pesadez de las librerías, como la que lleva adelante el poeta Daniel Durand, que en 2008 hace una opción de lo que en los ’90 era una imposición natural y crea la Colección Chapita: plaquetas con tapa gruesa y colorida para ser vendidas directamente por el editor en ciclos y ferias, y eventualmente distribuidas por él mismo en un par de librerías a las que tiene llegada directa.

* * *

Hoy, agosto de 2010, editoriales como Vox y Gog y Magog están pensando cómo volver a librerías. Bajo la Luna forjó una distribuidora junto con otras editoriales de ficción y ensayo (Caja Negra, Cactus) y dentro de ese grupo no quieren más poesía que la que ya está. Una posibilidad es esa: un estallido de “ligas distribuidoras” donde cada una da cabida a un solo sello de poesía (algo así como la cuota para el género difícil). Sería una solución más que incompleta.

Mi propuesta para una distribuidora que tome el lugar de Voy a Salir es la siguiente: que parta de la base de que las librerías no son un sitio donde sostener a lo largo del tiempo el sueño de los miles de títulos de poesía dando vueltas. Esa ambición no queda necesariamente tronchada; existen otros espacios de venta que en bloque son más efectivos. Y lo que ella acabó logrando parece ser un fracaso, independiente de la tendencia a la desaparición de locales de venta tradicionales y la posibilidad de que en 2020 sean muchos menos. La distribuidora futura tendría que partir de una estimación de lo que actualmente se vende en librerías para conformar así un catálogo de títulos que sostenga en condiciones favorables la relación comercial con los libreros y los editores, y que no dé sobretodo trabajo gratis a la distribución misma –después, si hay éxito, se puede apostar por más variedad. Y a partir de ahí tendría que hacer un recorte de títulos priorizando, en primer lugar, la diversidad editorial, e inmediatamente después el pálpito ante cada título. No es difícil: si el libro llega libre de subsidio y todo indica que el autor no lo costeó de su bolsillo, lo examinás una vez; si llega con subsidio, dos veces; si todo te indica que el autor puso su buena plata, tres veces. Más o menos así se podría llegar a un público lector compuesto de gente que no conocemos y que no viene a los recitales.

* * *

Decía al comienzo que la Librería Hernández eliminó su tradicional mesa de poesía a la entrada del local. Es algo que puede obedecer a diversos motivos, entre ellos el rediseño del “contenido Corrientes” desde que las librerías de esta calle resignaron parte de su papel como almacenes de escrituras nuevas y cultuadas y pasaron, muchas de ellas, a ser librerías de saldo. Está haciendo falta un local tipo Belleza y Felicidad en Corrientes, creo que daría frutos. Volviendo, alguien podría decir que Hernández bajó la mesa de poesía porque la poesía no se vende, pero con eso no explicamos por qué la mantuvo todas esas décadas en que la poesía tampoco se vendió. Mi impresión, siempre, ante esa mesa es que había alguien, un empleado o directivo, al que esos libros le gustaban. Era una mesa armada con criterio, donde se combinaban títulos de Adriana Hidalgo y de la IAP, lo más estándar y los borde en materia de impresión, y siempre títulos buenos. La mesa habrá desaparecido, pienso, porque la persona detrás de ella o bien se desvinculó de la librería o bien de la nueva poesía argentina. De alguna de estas dos cosas se hartó.

Si el catálogo distribuido por Voy a Salir incluía fiascos en proporción más que riesgosa para la supervivencia de la empresa, la responsabilidad es amplia: también la tenemos todos los que editamos con subsidios y en especial, creo, los que hacen ediciones pagas y sobre todo, pienso ahora, los que de repente ven que el mercado está abierto y van a él con material añejándose en casa. Parece que el editor Mangieri guardaba en su casa, hasta que el autor perdiera el ego y los reclamase, los títulos hechos por pura necesidad de fondos. Y que a las librerías llevaba los otros, las apuestas totales o las parciales de editor. También se cuenta que el editor y poeta Víctor Redondo tenía dos sellos paralelos: uno para los libros que le gustaban, otro para los que venían pagos. Alguno dirá: qué hipocresía. Bueno, hoy se sigue operando con ese doble comando, lo que cambió es que los editores actúan como si no. Y de ese modo tenemos lo que tenemos en exhibición. Yo hago de esto un ensayo porque soy una bestia que no le teme a la pérdida de los afectos de paso, pero es algo que todos sabemos, y hay que reaccionar.

* * *

Mi idea es no caer en lo personal y no agredir particularmente a nadie, al fin y al cabo es un problema de la época, no de las personalidades. No me parece que haya que eliminar de la sociedad los libros de poesía pagos por el autor, los subsidiados tampoco; pero dado el contexto el distribuidor en librerías tendría que ser un editor y ponerlos bajo otra lente, distintas lentes. Tampoco me parece un crimen que Voy a Salir no lo haya hecho, las cosas se van dando. Este ensayo lo escribí ayer y le sigo metiendo mano. A todos los comentarios que llegan sin nombre o sin seudónimo reconocible los estoy borrando.

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30 comentarios to “Distribuir poesía”

  1. FedericoR Says:

    Gran nota… Tantas ideas cruzadas con el mundo poetizado de la historieta.
    ¿No empieza a ser una rémora la edición de vanidad? Porque una mala historieta es más lenta de producir que un mal libro de poesía, así que la inflación es menor.

    Y por otro lado: ¿qué obtiene un autor al pagar a la editorial más de lo que le saldría imprimir el libro por su cuenta? Si todos saben que la editorial edita cualquier cosa que le paguen, ni siquiera sirve como sello de calidad. La autoedición es más franca.

  2. denapoli Says:

    concuerdo reggiani. conozco un tipo que eligió pagarle a dunken, cosa que vale como gesto. gracias, un saludo.

  3. FedericoR Says:

    Dunken… qué capos. ¡Te sale más barato pagarle a un imprentero!

    No sé: hay algo que bordea el cinismo en montar una editorial y cobrarle al autor. Me corrijo: cobrarle, y no ofrecerle a cambio lo único valioso de editar por una editorial, que es ser parte de un catálogo. ¿Cuál fue el estímulo original para montar la editorial, entonces?

    Si un editor no selecciona lo que edita, es una cruza de diseñador gráfico con imprentero, no un editor.
    Y para editar con un diseñador, autoeditate y listo…

  4. David Says:

    ¿Y en qué situación quedan los libros que distribuía voy a salir? ¿A quién regresan? Siesta, por ejemplo, dejó de existir.
    Muy buen ensayo, Cristian.
    El modelo Durand, a la larga, fue el mejor. Un tipo difícil, pero el más honesto.

  5. Aníbal Cristobo Says:

    Cristian, creo que estás siendo un tanto injusto con Tsé-Tsé: me consta porque ahí publiqué (con el dinero de Antorchas) a precios de coste no sólo mi libro, sino los 5 que edité de la colección Bikebik, entre los cuales, vos lo sabés, están las únicas traducciones de libros completos de Carlito Azevedo y Marcos Siscar -aparte de Arteca y Nachon, entre los locales. Ni Carolina Jobbágy, ni Patricio Grinberg, ni Lola Arias, ni Carlos Ricardo, ni Liliana Ponce -por nombrarte algunos poetas locales con libros de Tsé-Tsé muy recomendables- me parecen capitanes de la industria, ni alumnos de taller dispuestos a pagar disparates por una publicación. Por ahí las divergencias estéticas pueden llevarte a una conclusión errada; de primera mano te digo lo que ha sido trabajar con ellos y cómo ha primado el entusiasmo por armar un buen catálogo. Con el mayor respeto y afecto por vos,

    Aníbal.-

  6. denapoli Says:

    hola aníbal, gracias por comentar. no veo que mi conclusión sea errada. no dije que tsé-tsé fajara a talleristas al editarlos, ni sé si hacían talleres, creo que fue un proyecto que no necesitaba ese recurso para sostenerse, digo que se manejó con libros pagos para buena parte de su catálogo y que nunca se interesó demasiado (consecuencia de lo anterior) por moverlos, de hecho la colección que hiciste vos de cinco libros es de lo mejor de tsé-tsé y pocos se enteraron. también del trabajo de jiménez valoro muchas cosas, la revista en principio tiene números muy buenos, se nota que ahí se mueve a gusto, y el libro de unos sonidos que ya es de una gran actitud, quizás solitaria entre todos sus proyectos. divergencias estéticas son más bien relativas, al menos no es el eje. y me acuerdo cuando vino el peruano edgar o’hara en visita desde la entonces conflictiva seattle a presentar su libro de unas 200 páginas, éramos treinta en la casa de la poesía y nos regalaron un libro a cada uno, reynaldo podría haber hecho eso con cada título en vez (lo entiendo así, qué le voy a hacer) de guardarlos hasta enchufárselos seis años después y sin ánimo de lucro a una distribuidora donde otros sí estaban desde el comienzo interesados por vender los libros para seguir editando. saludo
    gracias david. concuerdo bastante. no sé en qué queda ahora.

  7. clara masnatta Says:

    hola cristian! mi comentario es banal borralo! pero escribime , si! una linea que de tenerte perdido hoy te encontre por partida doble, carinios, clara

  8. aníbal cristobo Says:

    Donde creo que te equivocás es al hablar de “el grueso de sus ediciones, de poetas latinoamericanos más o menos pertenecientes al jet set poético con sede en Miami”: no creo que Kozer o García Vega representen “el grueso de las ediciones”. Y también en lo de la tarea plebella de vender libros: me acuerdo que ya hace una puntas de años Reynaldo estaba preocupado con eso, y que me comentó que Buby Kofman, poeta y amigo, cercano a La Carta de Oliver, estaría distribuyendo Tsé-Tsé. Las estrategias editoriales de distribución y/o venta, más o menos inteligentes, improvisadas o como hayan sido,¡ de parte de las editoriales es una discusión. Suponer que para Tsé-Tsé eso era tarea de plebellos es otra cosa, creo que los dejás como una especie de monarquía anticastrista o algo así.
    Abrazo,
    a.-

  9. denapoli Says:

    aníbal: ahí modifiqué, donde decía “con sede en miami” puse “con sede en miami y satélites por todo EEUU”, sólo para explicitar mejor lo que opino. y sí, pienso que es un proyecto (tsé-tsé) monárquico para usar el adjetivo que vos suponés que está en mi cabeza y que puede estarlo entre otros. recuerdo entrevistas donde reynaldo habla de hacer libros con “nobleza”. ojalá algún dia las haga. yo conozco un editor “noble”, se llama vanderley mendonça, se construyó una imprenta de tipos móviles, compra papel de japón, hace experimentos con materiales fusionados al papel (materia prima de frutas, por ejemplo), imprime hasta 175 ejemplares de cada título, cada objeto es una joya, vas a su casa y salís pidiendo monarquía (aunque el tipo, un ex-PC, no sé qué piensa de eso). pero con esto no, no jodamos. abazo.
    clara, qué gusto encontrarte. te escribo.

  10. Aníbal Cristobo Says:

    Cristian, permitime seguir engrosando el debate con algunas consideraciones: es verdad que Tsé-Tsé nunca aspiró a ser el Uggi’s de las editoras. Soy consciente de que la falta -creo que también consciente por parte de la editora- de un gestito populista, sobre todo a partir de la movida 90, podía caer -y cayó- antipática; pero creo que Tsé-Tsé apostó por otra cosa, que no pasaba por un mero “delivery” de libros, sino por un proceso en el cual su gente -digamos, Reynaldo- se involucraba en la discusión gráfica del proyecto y también -que es algo de lo que valdría la pena hablar más- del aspecto poético. Ya no se trata de que alguien te publique o no, sino de un editor (con bastantes años en activo, tanto como poeta como como editor, si tenemos en cuenta que Reynaldo venía de trabajar con Redondo en Último Reino) que además de leer tu libro, se toma el trabajo de discutirlo con vos, sugerirte cosas, etc.
    Te lo digo, una vez más, por experiencia propia – pero también por casos de gente que conocí. Experiencia de la que extraño oír hablar: recién hace poco, un gran amigo y poeta peruano, Rafael Espinosa, me comentó que para su nuevo libro, en Perú, había vivido un trabajo de “edición” como el que te comento, del cual estaba muy feliz; es decir, una experiencia en la cual su editor había debatido desde una perspectiva poética, con el autor, zonas que le resultaban más o menos críticas – no a modo de imponer un tijeretazo, sino de enriquecer la conversación sobre el texto. En Argentina, no recuerdo que ningún poeta me haya comentado -fuera de Tsé-Tsé- de ese tipo de lecturas y trabajo por parte de sus editores.

    Lo de que el grueso de sus ediciones tenían que ver con el jet set poético, Miami y sus satélites, es simplemente falso, Cristian. No deberías mezclar opiniones personales con la manipulación y deformación de datos sobre un catálogo que no refleja, como tendencia, la que le atribuís. Y dejo lo del jet set de lado porque prefiero mantener la conversa por el lado de lo mesurable.

    Trabajé dentro del proyecto: como te dije, siempre hubo una preocupación por la distribución y hoy, a 8 años de haber publicado “krill”, me sigo enterando que ha llegado a sitios y personas que nunca me hubiera imaginado. En la revista -que, me concederás, forma parte del proyecto editorial- participé al menos de dos dossiers, uno de poesía brasileña y otro de poesía mexicana, que me permitieron apreciar la amplitud estética y mental del proyecto. Como parte de Tsé-Tsé, edité (y por tanto, editamos) libros en los que el autor no desenbolsó ni un centavo. No recibí títulos de nobleza por ello, ni me fue informado que ningún otro integrante del plantel los tuviera. Al contrario, encontré personas dispuestas al diálogo, con un gran respeto por la labor poética.

    Te dejo una cuestión más, que creo que debería ser analizada y debatida, no sólo por nosotros dos, sino en general. Los precios “tirando a desproporcionados” -que, por otra parte, no me constan- ¿lo son para quién, en función de qué? ¿No te parece que existe un margen de autonomía, por parte del editor, para determinar qué tipo de necesidades existen y deben ser cubiertas para que una editora desarrolle su proyecto y tenga sentido como tal? A lo mejor una editora termina teniendo precios de edición desproporcionados sobre la base Uggi’s editores; y si es así, hay que revissar si no tiene una razón de ser en lo que cada una está ofreciendo a cambio.

    Abrazo,
    a.-

  11. denapoli Says:

    aníbal
    cuando decís que a tsé-tsé le faltó populismo estás marcando mal. le faltó populismo, radicalismo, liberalismo (respeto por el mercado ponele), socialismo y demás.
    cuando ponés en duda que otros editores de + o – la misma generación se hayan tomado el trabajo de discutir el material y demás, también te equivocás; no sé lo que hizo reynaldo a ese nivel que es más bien privado, pero se me ocurren varios nombres que lo hicieron. te daría la razón, en líneas generales, si limitaras lo que decís a editores surgidos en los últimos, ponele, cinco años, y sólo en líneas generales.
    no sé quién hace “delivery de libros”, seguro que tsé-tsé no.
    lo de “jet set poético latinoamericano” es una metáfora que elijo, tsé-tsé se especializó, si lo ponemos con otras palabras, en poetas latinoamericanos residentes en USA y con óptima inserción institucional allá ya sea como profesores o como actores de teatro -performers, que se dice. creeme que no hay nada personal en esto, para vos lo de acá es uggi’s y para mí lo de él es miami: metáforas que en el mejor de los casos tocan algo de sentido.
    que “siempre hubo una preocupación por la distribución” es eso, una preocupación teórica, algo indemostrable pero sobre todo algo poco creíble, lo creíble sería una preocupación “con” la distribución (que se hace, que no sale del todo bien pero se hace etc). ademas la lógica de cobrar al autor necesariamente conduce a ese relativo o total desinterés por estar en librerías, en esto no hay tampoco factores personales, de hecho decía antes que cuando yo fui a una lectura y sin conocer a nadie me regalaron un libro que se estaba presentando ahí mismo me parece, en contexto, natural.
    lo de precios desproporcionados: habría que tomar datos, siesta por ejemplo (esto es lo que me acuerdo) en 1998 cobraba 300 pesos para editar, que era muy poco y no era un proyecto “uggis”.
    saludo

  12. denapoli Says:

    y cuando elijo “miami” quiero connotar que tsé-tsé, para ser la oposición a lo “plebeyo”, lo “innoble” o lo “uiggis”, es más bien una grasada (por eso citaba el caso del editor brasileño mendonça como contraejemplo), destino fatal de casi toda tentativa aristocratizante en este país -ese de ser una grasada-, porque si vamos a los hechos ¿qué cosa se mantiene como noble en este país de un miércoles para un jueves?, ¿qué cosa se mantiene como “de culto”? ¿césar aira? no, veinte años leído sólo por sus amigos, una semana de culto y por ahora quince años de difusión plebeya, ¿oloixarac? tampoco, y acá es el destino contrario para lo aristocrático por un día: indiferencia tanto del grueso como de los modernos que supieron adherir el miércoles. pero creo q me estoy yendo de tema. tenemos un país, en comparación con otros de la región, donde todo circula mucho mas, es más visible… tsé-tsé tuvo que haber hecho un enorme esfuerzo anti-mercado para que se conozcan tan poco no digo sus libros sino los autores que publicó, y es una rotunda grasada que derribara ese esfuerzo de años llevando a la distribuidora sus tesoros impresos cinco o diez años atrás no digo para quitarle ventas a otras editoriales que querían vender desde siempre, sino para acabar de ese modo generando una situación de mil títulos que no venden en librerías, más compleja de sostenerse que otra situación, ponele, de 200 títulos.

  13. Aníbal Cristobo Says:

    Está bien, Cristian, me permito mantener mi desacuerdo con una serie de afirmaciones que hacés, pero tampoco quiero transformar esto en un debate interminable.
    Lo que me sigue pareciendo básico es lo que te comentaba: que un editor tenga la autonomía de decidir cuáles son las condiciones en las cuales le interesa trabajar, cuáles cree que son necesarias para que su proyecto no devenga otro, en el cual no tiene interés, sin necedidad de buscar su reflejo fuera de sus propias convicciones – digamos, en el modelo Siesta o cualquier otro – porque cada proyecto nace de unos intereses, de un modo de encauzar el entusiasmo y de un modo de entender la poesía y su circulación, que es personal e intransferible.
    Después, de afuera, se pueden tener infinitas sensaciones sobre lo que otros han hecho. Suponer que esas sensaciones coincidan con lo que esos otros han ideado -como cuando hablás del esfuerzo anti-mercado- es, como mínimo, altamente arriesgado.
    Abrazo,
    a.-

  14. denapoli Says:

    Aníbal sí, la autonomía no se cuestiona. vuelvo al ensayo poque es ahí donde traté de poner la cuestión principal que es la que sigue.
    hay un proceso de descarte de libros de poesía en librerías: menos visibilidad por lo pronto. no es que se vendan menos ahora, siempre se vendieron mal. es que hay miles de títulos producidos en pocos años y eso genera problemas estrategicos, un seguimiento de “ventas” que es tiempo perdido, paciencia que se va etc.
    ¿qué se hace? ¿aplicamos la ley de la ferocidad y que cada editor trate de meter como sea sus arcas de poemarios hechos en 2009, en 2003, en 1994?
    la pregunta, aníbal, nos supera. y quizás no es nuestra pregunta, porque ni vos ni yo estamos editando últimamente, yo quiero pero no consigo darle la vuelta.
    me alega que hayamos encontrado una resolución amable a este intercambio porque el espacio de los comentarios puede ser limante. abrazo

  15. Sandro Peralta Rey Says:

    Que discución mas boluda entre poetas que escriben como el ojete. Por que no gastan el tiempo en ver si de pedo les sale, al menos, un verso como la gente

  16. FedericoR Says:

    Estimado Sandro:
    Tu poema tiene elementos interesantes, pero quizás habría que darle alguna vuelta métrica:

    Qué discusión más boluda
    entre poetas que escriben
    como el ojete.

    Porque no gastan el tiempo
    en ver si sale de pedo
    un verso como la gente.

    Tiene un aire coplero que me gusta, capaz que podés seguir corrigiéndolo desde ahí.

  17. Sandro P Says:

    Federico
    el posteo no es un poema. Es una realidad evidente que solté al pasar ante la boludez que se quiere explicar y el descaro de pretender de ensayo una ensalada patética de resentimiento e impotencia. Dos malos poetas que se les pasa el cuarto de hora sin que pelen nada interesante. Fijate si podes mejorarle la métrica, y formatear un poemita boludo más.

  18. denapoli Says:

    sandro pensá que viniste solito, que no pagaste un peso para leernos, y que las plumas afinadas cotizan fuera de la web, asi que mi viejo un poco de gratitud y respetá más tu tiempo libre. igual bienvenido.

  19. FedericoR Says:

    Sandro: ¿Te parece pifiada la métrica? Ojo que el verso 3 es un pentasílabo, pero a propósito. Es cierto que los pentasílabos suenan mejor mezclados con hepta, pero no sé…

    Volviendo al tema: ¿No hay un problema de precios? La librería tiene el efecto perverso de aumentarlos. A los libreros no les interesan los libros baratos.

    Es difícil decidirse a pagar 30, 40 mangos por un librito de 60 páginas (lleno de espacio en blanco, encima).
    El libro nuevo de Juana Bignozi sale 49$, 92 páginas. Ok, es Adriana Hidalgo, es muy bonito, pero… son 50 centavos por página.

  20. denapoli Says:

    el “problema” de precios desde la óptica librera sería lo no-caros que son (salvo excepciones), pero no creo que sea el problema central. el de juanita, sí, es caro, a diez pesos menos creo que funcionaba mejor incluso en la misma dialéctica de darse un gusto aunque te cueste. por suerte para la editorial, beatriz sarlo dice que compró una docena y los va regalando. no sé quién más lo compra, ojalá muchos, lo que estoy seguro por experiencia es que los poetas con más plata esperan los libros regalados, después nunca falta el que se burla porque nosotros hablamos de temas tan miserables como los precios pero vos lo sabés bien, los que compramos somos nosotros. y beatriz sarlo, que no se merece una derecha tan rata a su alrededor.
    abrz

  21. martin Says:

    mis amigos del libro ( de poesia o no) los problemas con las librerias y los libros son muchos, la excesiva oferta en titulos, el excesivo precio de venta, el excesivo costo de hacerlos, el escueto espacio (las paredes no de corren) de las librerias, el costo cada vez mayor de distribuirlos (llevarlos y traerlos solamente); creo que no hay que dar mas por el chancho que lo que el chancho vale y en vez de repartir culpas tal vez darse cuenta de que editar y distribuir no es un negocio rentable y de que cada vez hay más gente que quiere hacerlo (editar no distribuir por supuesto) mi recomendacion es conseguir un puesto en parrque centenario otro en pza italia y que ahi se vendan estos libros ademas claro de la flia y otros eventos que convoquen al publico seguidor, si además hay 10 librerias o cinco que te acepten libros porque son del palo, magnifico pero eso creo que es todo, el gra mercado nunca fue ni será para este tipo de libros.
    abrazo fraterno

  22. patriciogrinberg Says:

    Llego tarde, como siempre
    (a la entrada, a la discusión de los comentarios) pero estoy (estamos) a punto de sacar 3 libritos y muchas de las ideas que tirás me piden a gritos que agregue, comente, diga
    1 la desaparición de las mesas de poesía se nota y es una cagada, pero es algo del todo previsible –salvo para algunos que se creyeron otra cosa hace diez años- anunciada décadas atrás
    2 la desaparición de Voy a salir es una cagada también y sorprende, pero no tanto. yo en algún punto decidí ceder mi porcentaje del ridículo precio de tapa sólo para apoyar el esfuerzo de hacer circular libros invisibles (pero yo, claro, soy un auto editado penoso estafado etc)
    3 Si, claro, de acuerdo, las librerías –las librerías así como son las librerías ahora- no son el lugar para libros de poesía, definitivamente no -ni sus precios, ni sus público, no lo que ahora se vende, ni nada de lo pasa por ahí pareciera tener algo que ver con…
    4 Si, claro, habría que generar nuevos espacios, intentar darle más regularidad visibilidad a ferias o eventos o presentaciones o todo eso que
    5 Si, claro, de acuerdo, las editoriales no son lo que eran y dado que no venden (deberíamos discutir por que no lo hacen, lo dejo para otra respuesta) se ven obligadas a recurrir a subsidios o a cobrar el precio o parte del precio al autor, editar aficionados (yo como ejemplo perfecto) para subsistir y eventualmente costear la edición de 1 o 2 libros que les importan… y con esto los catálogos terminan siendo un picadillo sin sentido, sin posiciones estéticas claras, y sobre todo y mas grave, sin un mínimo criterio de calidad. Pasa, les pasó a casi todos
    6 El problema esta en pensar, creo, que se pueden vender suficientes ejemplares para cubrir el costo (no menos del 33% de la tirada a un precio + o – ligero) para mi es un delirio, salvo que uno intente escribir pelotudeces para reconfortar pelotudos, un completo delirio para casi cualquier libro de poesía. tal vez un libro te funcione y pero con el resto no y cagaste, a la mierda todo el proyecto. Otra esta en recurrir al subsidio, a la hermosa y siempre gratificante rosca para ver quien te suelta un mango y tirar, y después la -para vos bochornosa, prueba casi segura de ineptitud poética- opción de cobrar al autor el costo (darle por supuesto al autor las eventuales ganancias para que al menos recupere algo de lo que puso)…
    (nosotros decidimos –no se nos ocurrió otra- el patético pagar los tres primeros libros -3 estéticas muy disímiles- y gastar lo que eventualmente se recupere en pagar, parte de otros libros de que a cada uno le interese, pensando en que el autor que siga haga lo mismo con otro y así. Pregunto ¿está muy mal? Te garantiza eso que los libros van a ser malos, mediocres, te dice algo sobre la poesía que así se publica?)
    Hace tiempo juana bignozzi o alguna otra señora con ínfulas decía que ella nunca había pagado una edición –como si esto fuera prueba, garantía de su talento… y mientras la leía pensaba en que benedetti probablemente tampoco pagó nunca y que rimbaud pagó la impresión de Una temporada… me parece bastante simplista, elemental casi, suponer que si el libro esta costeado por un editor es más probable que sea mejor que uno costeado por el autor…
    7 Comparto muchos de tus comentarios pero creo que terminan siendo, por generales o exagerados, injustos con muchos de esos intentos editoriales. Caso tsé tsé por ejemplo … no se la verdad cuan disparatados eran los precios -el mío fue apenas un poco más del costo de imprenta- y si, es verdad, la distribución era mala, casi nula, la editorial se quedaba con algunos libros y el resto quedaban apilados en casa del autor esperando ser regalados. Sin embargo, en la dispersión –que no se si en verdad es tanta- del catálogo Tsé Tsé sacó algunos muy buenos libros. Aunque muchos con una idea poética que no comparto ni un poco –pienso ahora en todo el neobarroco tardío- había libros muy logrados. Y sobre todo hace unos diez años, esto es algo que no deberías pasar por alto, tsé tsé era una de las pocas alternativas para tipos que -aficionados o no- no se sintieran cómodos dentro del canon noventoso, digo para poéticas que no respondieran a la verborragia infanto femenina atribulada o el desencanto chongo pop barrial tsé tsé era una de las pocas opciones que entonces había
    7 De alguna manera la sensación que deja tu artículo es que hay posiciones estéticas que son arriesgadas y otras que son sospechosas o cuestionables simplemente por cierta simpatía o afinidad personal. Digo, por alguna oscura razón publicar a Cucurto o Durand pareciera ser una “movida editorial”, un riesgo (¿?¿?¿?¿?) y publicar a Koser o algun otro por el estilo, un simple lucrar con dinero de instituciones americanas (recuerdo haber discutido largo con Jiménez su –para mi completamente incomprensible- entusiasmo por la obra de Koser). “Editar a un jovato intratable, al que no le vas a sacar un peso, como Daniel Durand” es en un riesgo, si, un riesgo comercial, no necesariamente un riesgo poético que, creo, es lo que en verdad importa.
    Intentaba ser breve pero me fui al carajo, perdón, dejo el resto para otra vuelta

  23. denapoli Says:

    gracias por pasar, patricio.
    hay varios temas que planteás, creo que no estoy con pilas para mucho, algo que no quise es hacerla centralmente estética a la discusión, sobre todo en tema “correr riesgos como editor”, no pasa por editar a kozer o a durand (que de hecho seguramente uno gusta del otro, al menos durand de kozer, este último no sé si es capaz de gustar de algo)
    y el tema que más me interesaba era imaginar (porque al fin y al cabo es eso. imaginación) la creación de una distribuidora con un ojo en la coyuntura (librerías y lugar que dan a la poesia) y en la posibilidad de mejorarla de a poco. para eso algún principio de selección digamos.
    saludo

  24. patriciogrinberg Says:

    Si, me colgué mal, lo se. De todos modos es medio inevitable, digo, cruzar estéticas cuando uno habla de poesía, incluso si habla de editar o distribuir… otra vuelta la seguimos (equilibrios y desequilibrios en los catálogos por ejemplo)
    Me comentaron que cinco pantalones también dejó. Mal momento parece para emprendimiento editorial. Cada vez tengo más la sensación de que editar no es más que seguir de alguna rara manera con la lógica del gasto, del derroche (tiempo, trabajo, y ya que estamos, por que no, dinero)
    Estoy revisando por tercera vez las galeras y nada me saca la impresión de que el libro es una mierda insalvable, cosa que hace más absurdo todo

  25. denapoli Says:

    patricio: cinco pantalones creo que sigue, sólo que va a limitar el radio de librerías donde distribuye. y está también la distri Otra Lluvia, que agarró algunas editoriales muy interesantes como IAP. Vox y Mansalva arreglaron cada una distintas distribuidoras creo que nuevas también; en Gog y Magog el cauto y valioso Miguel Petrecca propone parar la pelota y pensar acciones conjuntas. como Gog y Magogh y otras, la rosarina EM:R, de excelentes libros de poesía, por ahora no tiene distribución.

  26. patriciogrinberg Says:

    gracias
    es bueno saber, cualquier cosa después te pido algún dato.
    acciones colectivas suena viene, pensarlas al menos.

  27. ¿En qué se parece tu mujer a un vaso de agua? | Hablando del asunto 3.0 Says:

    […] la misma cantinela. Es posible. Es que leí hace poco un ensayo del poeta Cristian De Nápoli (“Distribuir poesía”), que me pareció revelador de muchos mecanismos de la edición actual de historietas (y de […]

  28. Hablando del asunto» Blog Archive » ¿En qué se parece tu mujer a un vaso de agua? Says:

    […] la misma cantinela. Es posible. Es que leí hace poco un ensayo del poeta Cristian De Nápoli (“Distribuir poesía”), que me pareció revelador de muchos mecanismos de la edición actual de historietas (y de […]

  29. Albin Says:

    che está buena la discusión, los distintos puntos de vista. Yo aún no edité, pero pienso que si lo hago gracias a algún concurso, no recurriría a librerías tradicionales donde la poesía es menospreciada, sino que me interesaría ver mi libro en la Flia. o distribuído por la Coop. Puente del Sur, o también en los puestos de diarios. Es decir, pensar circuitos alternativos porque en los tradicionales no tenemos lugar.

  30. Roberto Cignoni Says:

    Tsé-Tsé, como revista o como editorial, como palabra compartida o como apertura al diálogo, siempre afirmó un persistir, un desplegar hacia sí misma que no se tuvo a sí como meta, encomendándose a aquello que, a través de ella, se alumbraba en cualquier caso por un afuera imprevisible; un avanzar cuya esencia pareció ser la imposibilidad de algún alcance, como si estuviese allí apenas para que el movimiento se produjese, un permanente estar en camino que la colocaba sin solución en la fuga de su propia y efectuante presencia, tal vez como el afuera mismo convertido en camino, camino, o distancia, por el que sólo empujaban el entusiasmo del desplegar y el desplegar del entusiasmo.
    Ésta fue, entonces, la exigencia de su hacer: un tránsito hacia lo intensivo y singular, hacia aquella extrañeza que la volvía ilimitada y que empecinaba ese hacer sobre toda apropiación, sea la del Autor o la de la Tendencia, sea la de la Novedad o la de la Época, proyectándose ya hacia obras y nombres que ninguna Obra y ningún Nombre condicionaban, hacia escrituras y voces que ninguna Voz y ninguna Escritura subrayaban. Tsé-Tsé reunió a José Kozer con Andrés Kurfist, a Lorenzo García Vega con Liliana Ponce, a Octavio Armand con Ná-kar ellif-cé, a Roman Antopolsky con Viviana Lofiego, a Fernando Gioia con Lila Zemborain, a Perla Rotzait con Carlos Riccardo, a Edgardo Antonio Vigo con Aníbal Cristobo, a Héctor Piccoli con María Rosa Maldonado, a Amanda Berenguer con William Blake, a Mario Arteca con Ivana Vollaro, a Inés Aldaburu con Jerome Rothenberg. Asistió en un mismo impulso las lecciones de guitarra de Robert Fripp y las visiones alucinadas de C. M. Escher, la música encantatoria de Brian Eno y las convulsivas intervenciones de Joseph Beuys, la fricción lírica de Captain Beefheart y las escrituras alógenas argentinas, los mundos alucinógenos y psicodélicos arrojados al éxtasis y las escrituras sagradas de ciertas tribus americanas, la aventura monocroma de Ives Klein y los relatos trastornantes de Néstor Sánchez, las grafías sin escala de León Ferrari y los procedimientos pictóricos de Jean Dubuffet, la pathogramática de Héctor Libertella y las hipnagogias de Albano Rodríguez, las sentidas lecciones de cine de Andrei Tarkovsky y la fascinada arquitectura de Hassan Fathy.
    Fundió esto con aquello por una exigencia y un don que consideró siempre anteriores a los autores y a sus voluntades, a las adscripciones y sus consentimientos, allí donde ningún Supuesto se volcó sobre las palabras llamándolas a devolverse a él en la reflexión tendenciosa o la conversación acomodada. Todo aquello y todos aquellos que transitamos por Tsé-Tsé nunca la ocupamos, y Tsé-Tsé en su devenir nunca tomó posesión de nosotros; ella fue lo abierto por excelencia, ese lugar siempre de más respecto de cualquier viajero o habitante. Todos fuimos invitados, por la cortesía del don que exige y de la exigencia que dona, a participar del acontecimiento de la responsabilidad sin apropiarnos de él, siendo precisamente este participar sin apropiación, este soberano activar sin consignas o estatutos, aquello que no cesaba de entregar y de honrar el hecho poético. La acción editorial de Tsé-Tsé mostró la pura atracción del llamado y el rigor de una intensidad que trascendieron los señoríos de cualquier rédito: ofreció ediciones a precios de costo y otorgó otras gratuitamente con el dinero suministrado por los subsidios y las donaciones; muchas fueron facilitadas a partir de lo obtenido por las ventas de las revistas y los libros publicados. Sólo se jugaba aquí la resolución de no ser más que el lugar de una experiencia dispuesta a renunciar a esos instrumentos familiares, a veces compulsivos y tiranizantes, y tantas otras voluptuosamente acogedores, que se nombran “mi jerarquía”, “mis ideas”, “mi intransferible visión”, “mi compromiso con la realidad”, para liberar, en cambio, la autenticidad del acontecimiento, autenticidad que no se confundió nunca con la verdad o la realidad que su emergencia pudiese empecinar en el mundo, sino que advino sólo en la medida en que se dejó libre a dicho acontecimiento, para que se recogiese por entero en el acto desnudo, acto, o experiencia, que ya no fue la nuestra o la de alguien, sino, ineludiblemente, la de su propio modo de advenir y la de las leyes particulares que lo instaban a la presencia.
    Supimos con Tsé-Tsé que escribir no se constituye más que como un ejercicio infinito, sostenido por lo que en todo momento se encuentra, la no-verdad del Saber, disuelto bajo la catástrofe de todo origen y referencia; sostenido aún por lo que no deja de perderse, la conciencia de los Fundamentos, siempre distraídos sobre sí y recogidos sin asombro en sus alcances. Ejercicio que nunca se constituyó en aprendizaje tal como vulgarmente lo entendemos (adquisición, conservación, acumulación,
    progresión) sino que empeñó la lucidez y el padecimiento que implican la espera de la experiencia y su llegada súbita e incausada, aquello que no dejó de iluminarse como recomienzo sin fin, exento de conservación o de progresión, de intención o de meta. Tsé-Tsé ofreció el espacio para la constancia de este
    juego renunciando a toda corona de Estilo o de Significación, sustrayéndose lábilmente para permitirnos el abrazo con lo incierto bajo esa discreción que libera y que se ofrece, desde la impersonalidad festiva y el rito ausente, al desvelo y la dilación ilimitados. Mostró que la poesía siempre se halla más allá de sí, viniendo a sí misma como lo que la arranca de sí misma, y por eso sin arribar, sin terminar nunca de venir, viviéndose y entregándose sin bastarse con la presencia viviente o con la emergencia poética, expandiéndose irreparablemente hacia su exención; la ejemplaridad sin ejemplo destellando precisamente por su signo inconcluso, una y otra vez volviendo a venir sin llegar.
    El mundo no dejará de ofrecerse sino por la amistad que lo desconoce, desbordante sobre todo sistema y acuerdo simbólico. A través de la poesía recupera lo único que se libra necesario, la indecisión y la incertidumbre, la inseguridad y la inquietud de los comienzos, de lo que no cesa de donarse en su apertura. A Tsé-Tsé y a Reynaldo lo abierto por el canto de todos, al canto de todos lo que Reynaldo y Tsé-Tsé abrieron en la escucha.

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