Entre Pynchon y Capusotto

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pyn

Estoy leyendo Vineland, la cuarta novela de Thomas Pynchon. Llegó a mis manos este domingo por 30 pesos + un libro de Edgardo Cozarinski a cambio. Es la edición española del ’91 (la novela apareció en inglés un año antes). Me la cambió la mujer del Parque Rivadavia que tiene un puesto especializado en libros infantiles y un buen stock de novedades de la narrativa universal. Vineland no es una novedad como sí lo es Contraluz, la última que se tradujo de este autor, y que se ofrece en librerías a 140. Vineland es lo contrario a una novedad: es una novela familiar.


Escrita en 1990, se podría decir que Vineland fue el primer revival ochentoso pero no es tan sencillo, porque sus personajes son hippies de los ’60 tal como sobreviven en los ’80 en pequeñas ciudades del oeste norteamericano. Uno de ellos cobra un subsidio por deficiencia mental que lo obliga a realizar cada año algún tipo de locura urbana que le garantice seguir prendido a la teta pública. Se hace para eso especialista en transfenestración: se tira por ventanas. Todos tienen o tuvieron una banda de rock de la que hablar cuando se emborrachan. Y el asunto se hace novelesco cuando aparece un ex agente de Narcóticos, Héctor, con una misión aparente y otra profunda. La profunda es la que sigue: los poderes económico y militar estadounidenses, una vez más asociados, acaban de descubrir (es 1984) que está por producirse un desplazamiento en la Gran Ola de la Nostalgia hacia el hippismo como centro de interés para los consumidores culturales de la década entrante, la de los 90, y por eso salen a cazar historias originales que pronto van a convertirse en películas taquilleras y formas más o menos difusas de merchandising.

La mente de Pynchon es la wikipedia y el tarot juntos. La información que contiene es tan amplia que sus predicciones Digo que es familiar porque Pynchon es Borges + Capusotto. Y por lo visto sus Estados Unidos se parecen bastante a las callecitas comerciales de Floresta o los patios de una facultad de la UBA. Nos es muy conocida esta realidad de supervivencia llevada a cabo por miles de treintañeros sin inserción institucional estable, que en Pynchon esos jóvenes hayan sido surfistas no cambia mucho las cosas; se emparentan, unos y otros, los de allá y los de acá, por el apego al “lado salvaje” de la cultura de masas, los modelos como Jim Morrison, las costumbres de comer mal, el enciclopedismo en algo (vinilos, historietas), los negocios sólo en efectivo.

Pynchon habla español. Cuando escribe filtra palabras de nuestra lengua, son joyitas que deja para el lector latinoamericano, léxico muy rebuscado, demasiado para ceñirse al objetivo de lidiar con el lector en inglés. Palabras como cagatintas.

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4 comentarios to “Entre Pynchon y Capusotto”

  1. FedericoR Says:

    “Todo en función de hacer que la pausa brille”
    Voy a poner la frase en mi escudo de armas. Aunque me tengo que conseguir un título nobiliario. En todo caso, la pongo en mi lápida.

  2. estrella Says:

    Uf, qué buen post.

  3. denapoli Says:

    federico, por lo pronto a ese escudo le imagino unos buenos dibujos.
    gracias estrella. saludos.

  4. necro Says:

    Un post a la altura de Pynchon. Abrazo Cristian!

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