Una biblioteca sudamer…(2)

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Eso que iba dentro del rótulo Literatura Norteamericana, cuando entré a la facultad, no tenía un contenido para mí. Y si lo tenía era muy vaporoso, muy mediado, además, por lo que leía en los suplementos culturales. No sé si de estos últimos, o directamente de Hollywood, es que yo extraía una cierta imagen de lo que podía ser la literatura estadounidense contemporánea. Y esa imagen, o una de las tantas, todas difusas, que me hacía, era más o menos la que sigue: una literatura hecha por tipos que fueron a la guerra con algo de entusiasmo y algo de resignación pero que volvieron, todos los que volvieron, para exhibir más o menos contentos sus cicatrices. Una literatura de la materialidad, también, pero que en el fondo era tan sentimental como una novela de Flaubert. Lo de Flaubert lo pienso ahora.

El estudiante menos curtido en literatura estadounidense entraba, sin embargo, y esto a causa de su soberbia, confiado en ser de los más aptos para desentrañar el sentido de esos cuentos y esas novelas. Y es que había algo en mi imaginación: la idea de una capacidad de “lectura correcta”, correcta no en sentido moral sino estratégico, que se me daba por haber hecho el servicio militar. Y por haberlo encarado, aunque no desde el comienzo, con entusiasmo y resignación. Había estado en algún momento la idea de fracturarme un hueso y zafar; por lo que se decía, a comienzos de los ’90 no era tan difícil ganarse el “no apto” en la revisación médica. Pero con las semanas entre el sorteo y la presentación en cuartel se había ido consumiendo ese espíritu de disenso. Ya no me conmovían las leyendas urbanas donde un amigo en cuarto grado -no me refiero a la escuela primaria sino a eso de “un amigo de un amigo de..”- evitaba la colimba por bajarse todos los dientes. De haber conocido alguien así supongo que lo habría felicitado, pero yo estaba en otra. Muchos años después conocí un tipo así. Espero no estar inventando cuando creo que un tipo así es en realidad un amigo a quien veo muy poco porque vive en otra ciudad. Según mi recuerdo, el poeta Sergio Raimondi se autoinfligió no sé qué accidente para reprobar el examen de salud y de esa forma quedar libre del servicio militar. Ese acto era la primera puntada, invisible, de un libro. ¿Te diste cuenta? Raimondi hizo lo que debía para escribir, con derecho, un libro de título Poesía civil. Y a ese libro hay que leerlo desde ese comienzo. Después dicen que la poesía de Raimondi es fría.

Del curso de Literatura Norteamericana que empecé en el ’93 sólo llegué a leer a Poe, Melville y Hawthorne. Abandoné antes de comprobar qué pasaba con los escritores sobrevivientes de la Segunda Guerra (a los de Vietnam el curso no los alcanzaba). Años después iba a reinscribirme en la materia y cursarla en forma completa, esta vez con un programa íntegramente de poesía. Pero digamos ahora que lo que alcancé a leer ese ’93, de Poe a Hawthorne, eran relatos de una contundencia que mis fantasías post-bélicas ni sospechaban. La cicatriz de la protagonista femenina de La letra escarlata era más contundente. La pelea de Ahab era más contundente. Las pesadillas de Poe también lo eran. En suma: nada de entusiasmo, nada de resignación. Después iba a enterarme que la literatura del siglo XIX estadounidense constituía, según el acuerdo de los críticos, una “tradición de disenso”. Es decir, que el disenso respecto del poder económico y militar era el punto en común entre muchos de esos escritores. Una visión que, entre otras cosas, tiene la ventaja de hacer de la literatura estadounidense un aliado del pensamiento sudamericano. Pero que deja esta intriga: dos tipos que narran similares pesadillas con similar inclinación a apartarse de los “temas de la realidad”, uno desde Baltimore y otro desde Buenos Aires, serán, en el primer caso, un ejemplo de disenso y rebeldía y, en el segundo, un caso de frivolidad y alienación. Es una intriga, pero no es una pregunta. Tengo mi modo de responderla.

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4 comentarios to “Una biblioteca sudamer…(2)”

  1. joandemena Says:

    “Una literatura de la materialidad, también, pero que en el fondo era tan sentimental como una novela de Flaubert. Lo de Flaubert lo pienso ahora.”

    ¡Flaubert es una literatura de la materialidad!

    Lo que es, también, me parece, es una literatura del centro. La norteamericana era tan periférica como la nuestra, calculo…

  2. denapoli Says:

    puede ser lo de flaubert, sobre todo en la escritura misma muy material, pero a los personajes como frederic de la educación sentimental no hay materia que les venga bien.
    lo segundo, puede ser, por ahí los escritores de eeuu se veían periféricos, igual eso tuvo que haber sido a medias, porque el país ya se veía como el nuevo imperio desde bien temprano, ya en siglo XVIII los presidentes se retrataban con atuendos romanos, y hacían esos edificios majestuosos, con esas escalinatas, esas cúpulas donde de repente se cuela el rayito de sol en la mañana nevada que iluminará el esfuerzo de rocky balboa mientras se entrena, con toda la humildad del mundo, en medio del paisaje urbano increíblemente reconvertido por su humildad en un paisaje sencillo, todo lo contrario de la rusia laboratórica y sofisticada donde se entrena al mismo tiempo su blondo rival. me fui.
    volviendo, me late que estos escritores estadounidenses se sentían más disidentes que periféricos. y se daría algo que a primera vista es paradójico: los otros, los escritores más “integrados” son los que se iban a vivir a europa: eliot, henry james. son norteamericanos a full que simplemente saben que, por su profesión, mejor jugar en las ligas europeas.

  3. joandemena Says:

    A Frederic no hay materia que le venga bien, sin dudas. (Su recuerdo más hermoso es haber ido de niño a un burdel en que no entró, ¡Tengo que reeler La Educación… ya mismo!). Pero le pasa eso porque el modelo de sociedad hipermaterial que construye Flaubert no le deja otra posibilidad… También tengo que releer urgente “Las Reglas del Arte”.

    Lo que decís de los (norte) americanos es cierto, pero me parece que es un indicio de mentalidad periférica, quizás más de los escritores que de los políticos. Como si cargaran con la culpa de no tener un pasado prestigioso. (Agradezcamos, por eso se entregaron a hacer grasadas como la historieta)

  4. denapoli Says:

    qué libro perfecto ese, no? tb me gustaría animarme a releerlo, sobre todo para registrar mejor el juego de la protagonista fem, arnoux, que se me olvidó. me acuerdo bastante de algunos personajes secundarios como ese que creo se llamaba pellerin, muy grosa la construcción.

    me acabo de enterar que puan está tomada. y yo trabajo en negro: si está cerrada no cobro. se me va la materialidad a mí también. minga leería a flaubert esta semana!

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