Una biblioteca sudamer…(4)

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Tom es el que trata de acordarse; el Coyote se acuerda fácil porque lo fabricó. Dejo de lado lo que fabriqué -¿esta falta?– y trato de acordarme de los comienzos en una zona de la vida, la zona de leer, leer con un pie en el camino de los escritores y otro pie en la carrera de las Letras. Una carrera inserta en una facultad, y una facultad que es una usina, entre muchas otras, en los ’90, de la actual sudamericanización de la región. Qué idea tan optimista. Habrá que matizarla, sobre todo en lo que hace al papel de Letras en un proceso tan amplio y con tantos focos. Algunas carreras que se cursan en la facultad son focos más potentes. Es un proceso, hacia la sudamericanización, que en este espacio y en esos años:
* lo promueven: las carreras de Historia y Antropología
* colaboran: Letras, Artes, Geografía, Educación
* lo combaten (al menos por indiferencia): la carrera de Filosofía, donde entonces se están formando, quizás doctorando, elementos urbanos que en la actualidad operan desde el macrismo o el partido de Carrió.

En el ’93 los sujetos que actúan en dirección a ese proceso son, o están en vías de ser, “independientes”. No cuadran con el peronismo que entonces tiene una presencia universitaria pero la habrá perdido cuando se empiece a hablar de la Ley de Educación Superior. No cuadran del todo con las agrupaciones de izquierda; son éstas, de hecho, las que hacia 1995 hablan de “independientes” para referirse a los estudiantes que están pero no forman parte de la agrupación. Los que acompañan, digamos. Los volantes empiezan a mostrar, en el lugar de la firma del partido, frases como “PTS + independientes”.

En el ’93, todavía, no acompaño. No llego a independiente, pienso en Gramática y en Teoría literaria que entonces son materias promocionales, se las puede aprobar sin necesidad de examen final. En mayo están los primeros parciales. Me junto con tres compañeros a preparar Gramática: son Marina M., hoy poeta y periodista; Mariano S., hoy académico en Harvard y con una novela publicada, Historia del Abasto; la tercera es una chica que pronto deja la carrera y no vuelvo a ver. Viajo en colectivo: me puse una camisa estrafalaria que me regaló mi hermana. Ya en la casa, en el departamento de Mariano, hacemos ejercicios de morfología y sintaxis, después de cuatro horas acabamos entendiendo el mecanismo en todos sus aspectos regulares. Libradas al azar quedan esas zonas de ambigüedad estructural que toda lengua tiene y que hacen al placer de las profesoras de Gramática en un examen. Las zonas que no cuadran con el sistema y que la Gramática, siempre más firme que una agrupación política, se niega a llamar “independientes”. Están en el sistema, dicen las profes, sólo que cumpliendo funciones no específicas: dobles, ambiguas. Es un sábado, son las siete de la noche cuando nos despedimos, Mariano baja al hall del edificio y los visitantes caminamos diez cuadras hasta Barrancas de Belgrano. Tomo el 80 y pienso: encontré la camisa amarilla quiere decir dos cosas: encontré esa camisa que es de color amarillo y encontré la camisa y estaba toda amarilla. Marina M. me dijo que le gustaba, todo en su cara indicando que era un cumplido. A mí sí me gusta esa camisa de muchos colores, que además es un regalo de Jaqui. Al primer parcial, por cábala y por costumbre, voy a ir de camisa negra. Voy a ir de camisa, negra.

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Una respuesta to “Una biblioteca sudamer…(4)”

  1. Sandro P Says:

    y te la dejaste puesta.

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