Horácio Costa

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De paso por Buenos Aires, estará leyendo sus poemas el 24 de octubre en Salida al Mar el brasileño (y un poco mexicano) Horácio Costa, nacido en São Paulo en 1954 y que vive actualmente en esa ciudad después de una larga residencia en el DF.
Es poeta, ensayista y traductor, y ejerce la docencia en la USP en el área de Letras como también lo hiciera en la UNAM mexicana por quince años.
Entre sus traducciones al portugués se encuentran los Poemas humanos de Vallejo, Piedra de sol de Octavio Paz, y obras de Blanca Varela, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia.
Como ensayista y agitador intelectual, fue quien organizó y vertió en libro el encuentro A palavra poética na América Latina, del que participaron, entre otros, Néstor Perlongher y Raúl Zurita, en la ciudad de São Paulo en 1992. En español publicó Mar abierto, que reúne algunos de sus ensayos sobre literatura iberoamericana.
Su primer libro de poesía es 28 poemas 6 Contos (1981). Le siguieron Satori (1989), O Livro dos Fracta (1990, y el mismo año su edición en español El libro de los fracta), el poema largo O Menino e o Travesseiro (1994, editado en el ’99 en México: El niño y la almohada), Quadragésimo (1996), Morte sem Fim e Outros Poemas (2003), Paulistanas/Homoeróticas (2007) y Ravenalas (2009). A ellos se suma la antología poética Fracta, con edición brasileña en 2004 y mexicana en 2009, más un libro de cuentos, The Very Short Stories, y una serie de plaquetas de poesía entre las cuales figura Paisagem II (2009).
Lo que sigue es la traducción del poema “Paisaje II” hecha por Cristian De Nápoli y publicada en el Diario de Poesía este mismo año.

PAISAJE II

Sentado en este bergère de courvin
siento que llega el poema por ahora
con menos urgencia de la que parece
condensar a las nubes sobre el paisaje
que se descortina de este hospital
recostado sobre la más insípida
autopista o avenida a lo largo del valle
–que cada ciudad tenga sus propias
características es algo más que natural
y Dubai y Oslo sólo se cruzan
por tener topónimos bisílabos–
y esas arterias son lo propio de ésta
en la cual para bien nací y en la cual
si llega a serme dado imprimir sobre
mi devenir bizarro la voluntad
que tengo, he de morir y tal vez
en algún espacio medical como éste
y siempre en la observación de plúmbeas
vastas nubes que imponen recordar
la cercanía de la sierra y su
exudación y debajo el sucio mar
de ellas responsable, padre
olvidadizo e insolidario que
nos afilia a cada estación y que
nos manda caricias bajo la forma
de estacionales monzones.
Cambio
de posición como en Apicucos
lo haría Freyre en otro bergère
pero no diviso siquiera mentalmente
ningún ingenio con el nombre Noruega
en la noche que se enciende y sí
apenas el estertor de una ciudad
ni libertina ni libertaria
ni despatarrada en indolentes redes
pero que en supino anonimato endosa
el cociente de cada uno de sus habitantes
a la libertad de elección dentro de
los límites a cuadros entre edificios
y valles y parcos parques y no más.
Que
no se confunda tan simple solaz
con la gimnasia contumaz de la fantasía:
acá no surca los aires de Batman
la capa ni Cuasimodo horrendo
se oculta en la catedral de Sé ni Raquel
Watson o Esmeralda bellas se apean
de los incesantes vagones en Liberdade.
Hace días siento que este poema emerge
y deben ser esas nubes bajas que
lo traen, ¿de dónde arribará si no
de la sensación experimentada día a día
de pervivir este lugar día tras día
en el flujo de un río en sentido inverso?
A la hibridez del texto le corresponde
y a mí y al deseo de plasmarme
en él y en ella y repetir y repetir
que la ciudad que todo esto origina
será mi espejo colinado
y mis nervios y mi sangre
estas luces que diviso mental y real-
mente ahora que la sobrevuelo no
en budístico ras, que más quisiera,
sino para empezar a terminar
este registro que todavía tarda.
Las raíces del ficus, gigantescas,
entre las pistas de la auto-bahn
esperan al que en ellas se anide
y al pie de la copa frondosísima,
como Buda, se ilumine; las laderas
ahí abajo, cortadas entre barrios
de espigones, tal vez puedan sugerir
semi-aconcaguas a los del montañismo
entusiastas que por aquí transiten
y a los médicos el vislumbre de la
distante cúpula de la Catedral cuyos
bronces están cubiertos por cinabrio
el repiqueteo sordo de campanas en toque
fúnebre que les imprima el significado
de la vida de cada uno de sus pacientes:
viejos inmigrantes portugueses, madres
nordestinas dejadas por sus machos,
nipones que se expresan con sonrisas
y el significado de mi vida en
particular, casi un gondolero âgé
en este Rialto en colapso, vestido
con esta improbable camiseta
a rayas azules y blancas y por ahora
sentado escribiendo este poema
en este bergère de courvin
impersonalísimo y con sus ojos
llenos de agua, como debe ser, mientras
pienso en São Paulo y en su gente
desde este pabellón de funcionalidad
hospitalaria, edificado en un barranco
abrupto no: cañón sobre una arteria
abierta a lo largo de un valle tapado
por nubes nubes nubes

En la Beneficência Portuguesa, 4 XII 2008

PAISAGEM II

Sentado nesta bergère de courvin
sinto o poema chegar com ainda
menos urgência do que parece
condensarem-se as nuvens sobre a paisagem
que se descortina deste hospital
debruçado sobre a mais insípida
autopista ou avenida de fundo de vale
– que cada cidade tenha as suas
características é mais do que natural
e Dubai e Oslo só se encontram
por terem topônimos bissílabos-
e tais artérias são o próprio desta
na qual por bem nasci e na qual
se me for dado imprimir sobre
o meu devir bizarro a vontade
minha, hei de morrer e talvez
em algum espaço medical como este
e sempre na observação de plúmbeas
vastas nuvens, que obrigam recordar
a proximidade da serra e sua
exsudação e abaixo o sujo mar
per elas responsável, pai
esquecidiço e insolidário quem
nos filia a cada estação e quem
nos manda carícias sob forma de
sazonais monções.
Mudo
de posição como em Apipucos
Freyre o faria em outra bergère
mas não diviso sequer mentalmente
nenhum engenho de nome Noruega
na noite que se acende e sim
apenas o estertor de uma cidade
nem libertina nem libertária
nem escarrapachada em indolentes redes
mas que no supino anonimato garante
o quociente de cada habitante seu
à liberdade de escolha, dentro
dos limites xadrezes entre prédios
e vales e parcos parques e não mais.
Que
não se confunda tal simples solaz
ao exercício contumaz da fantasia:
aqui não cortam os ares de Batman
a capa nem Quasímodo horrendo
se esconde em nossa Sé e nem Rachel
Watson ou Esmeralda belas apeiam-se
dos incessantes vagões na Liberdade.
Há dias sinto emergir este poema
e serão tais nuvens baixas quem
o traz e de onde aportará que não
da sensação experimentada dia a dia
do perviver este espaço dia com dia
no fluxo de um rio ao inverso?
A hibridez do texto corresponde-lhe
e a mim, e ao desejo de plasmar-me
nele e nela e repetir e repetir
que a cidade que tudo isto origina
será o meu espelho colinado
e meus nervos e meu sangue
estas luzes que diviso mental e real-
mente, agora que a sobrevôo não
em rés búdico, que bem o quisera,
mas para começar a terminar
este registro que inda tarda.
As raízes do fícus, gigantescas,
entre as pistas da auto-bahn
esperam quem nelas se aninhe
e ao pé da copa frondosíssima,
como Buda, se ilumine; as encostas
lá embaixo, sulcadas entre bairros
de espigões, talvez possam sugerir
semi-aconcáguas aos do montanhismo
entusiastas, que por aqui transitem
e aos médicos, o vislumbre da
distante cúpula da Catedral, cujos
bronzes estão cobertos por cinábrio,
o bimbalar mouco de sinos em toque
fúnebre, que lhes imprima o significado
da vida de cada um de seus pacientes:
velhos imigrantes portugueses, mães
nordestinas deixadas por seus machos,
nisseis que se expressam por sorrisos
e o significado da minha vida em
particular, quase um gondoleiro âgé
neste Rialto em pane, vestido
com esta improvável camiseta
listrada de azul e branco e por hora
sentado a escrever este poema
nesta bergère de courvin
impessoalíssima e com os seus olhos
rasos d’água, como deve ser, enquanto
reflito sobre São Paulo e sua gente
neste pavilhão de funcionalidade
hospitalar, edificado num barranco
íngreme não: cânion sobre uma artéria
aberta no fundo de um vale coberto
por nuvens nuvens nuvens.

Na Beneficência Portuguesa, 4 XII 2008

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3 comentarios to “Horácio Costa”

  1. Juli Luz Says:

    Maravilloso poema! Felicitaciones por el festival.

  2. carolina Says:

    wow! gran poema

  3. »» Fuentes propuestas (paso 1) | EduTransmedia Says:

    […] “Pasaje II”, Horácio Costa […]

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