Una biblioteca sudamericana 6

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En la facultad, época del año donde se toma cerveza más que nunca, los chicos de la Cámpora pegan afiches: “Néstor Kirchner, el primer presidente de Sudamérica”. Comenta un pibe que está en Lingüística: habría que hacer un estudio sobre la rareza de ese apellido. Exagerando le digo que no hay dos personas que lo pronuncien igual. Kirner, Kirjner, Kirsner, Kiryner… El español no está predispuesto para una sh después de vibrante r… y encima una n, como si fuera poca consonante hay que ponerle un broche nasal… En el medio del nombre propio: el naso. Nos hizo poner la nariz donde no se acostumbraba.

Ninguna década es nítida. Se habla de los ’80 y se dice frivolidad, cocaína, pero ni siquiera el radicalismo era entonces frívolo. De los ’90 se dice pizza, champán, raves, pero está también la actividad sindical y la estudiantil. Ninguna década es nítida, aunque ésta que el mes que viene acaba es una excepción. Es un período con todas las letras -las letras, eso sí, retorcidas, con grupos consonánticos jodidos para pronunciar. Empezó con una participación masiva en 2001 y todo parece haber sido, nada fácil, recuperar lentamente, ya no como un grito desarticulado, ese mismo nivel de participación.

Visto desde un sectorcito como es éste de las letras, ¿cuáles son los emblemas de la década? Contingencias, también, participativas. La editorial de los 00: Eloísa Cartonera. Puede gustar o no gustar pero es el emblema en ese terreno. Otras editoriales surgidas después directamente la copian, encuadernan y le ponen lomo a sus contenidos. El evento editorial de la década: las F.L.I.A.s, la creación de un lugar exitoso para editores que nunca se habrían inscrito en una feria estándar por diversas razones, empezando por el stand. Y una feria donde todos pueden participar de todas las decisiones.

* * *

El sudamericanismo desde la política es un proceso que no cayó del cielo en la facultad. Es cierto que, en principio, las carreras humanísticas siempre tuvieron su tendencia ideológica a la regionalización, y que en ese sentido siempre se leyó a pensadores como Martí o Mariátegui. Lo que hubo, sin embargo, en los ’90, es una posibilidad de sudamericanizar también desde la teoría escrita en el Primer Mundo. Porque en esos años se difunde el pensamiento post-estructuralista y otras vertientes teóricas más o menos afines, que lo que hacen es habilitar desde el centro la importancia de los márgenes. De repente es la biblioteca europea la que dice ojo con la biblioteca sudamericana, y desde acá, por supuesto, todo se vuelve más promisorio. Por otra parte (¿debajo?), las condiciones objetivas, el relativo protagonismo de las economías sudamericanas en el mundo, economías insertas en modelos políticos que otros, más ingenuos que yo, creen muy por encima de las leyes del mercado, pero que aun así hacen que las noticias de los mercados se politicen, le imprimen sellitos como G-20 a lo que antes era Chicago y no más, ¿te acordás de los ’80, de los ’90, cuando en la retórica rocker sólo había “marines de los mandarines”?, ¿quién diría que EEUU podría dejar de ser apocalípticamente único, único posible en occidente además de único real? Y sin embargo perdieron la guerra que no pudieron empezar por el Amazonas.

 

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2 comentarios to “Una biblioteca sudamericana 6”

  1. Sole Funes Says:

    Solamente quiero aclarar que los becarios no pueden sacarle el trabajo en editoriales a nadie, porque las becas son exclusivas, y no se puede trabajar de otra cosa. Muchísimo más si sos investigador del CONICET, sos exclusivo, no podés trabajar de otra cosa, solamente es compatible con docencia en la Universidad. Por lo tanto, no le estamos sacando el trabajo a nadie.

  2. denapoli Says:

    Sole, como aclaración es algo confusa. Lo que decís es “Los becarios no pueden trabajar de otra cosa, por lo tanto no le estamos sacando el trabajo a nadie”. ¿Qué es ese “no pueden”? ¿Es “no deben”? Si es así, no estoy tan de acuerdo, porque bien puede pasar que un becario o un docente con dedicación exclusiva sea la persona más idónea, y a veces la única, para asumir cierto encargo editorial (no hablo de trabajo fijo en una editorial). No es lo normal, pero puede pasar. Gracias por pasar, de paso.

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