Una biblioteca sudamericana 6

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“Después de un mes sin dar noticias”… Terminaba septiembre con la idea de suspender todo un mes este recuento, eso porque me tenía ocupado el Salida al Mar, y las noticias se dieron solas, una tras otra, armando un octubre inolvidable. Primero, desde el primer día, el intento de golpe en Ecuador, al final, cerrando el mes, la elección de Dilma, en el medio el crimen de Ferreyra y… “cuando se retiran los cadáveres empieza la política” dice Rancière, y a nosotros nos tocó retirar ese cadáver con otro.

En la facultad, época del año donde se toma cerveza más que nunca, los chicos de la Cámpora pegan afiches: “Néstor Kirchner, el primer presidente de Sudamérica”. Le comento a un pibe que está haciendo Lingüística: habría que hacer un estudio sobre la rareza de ese apellido. Exagerando le digo que no hay dos personas que lo pronuncien igual. Kirner, Kirjner, Kirsner, Kiryner… El español no está predispuesto para una sh después de vibrante r… y encima una n, como si fuera poca consonante hay que ponerle un broche nasal… En el medio del nombre propio: el naso. Nos hizo poner la nariz donde no se acostumbraba.

Ninguna década es nítida. Periodizar tan así, de a diez años, suele ser una ficción. Se habla de los ’80 y se dice frivolidad, cocaína, pero lo cierto es que hubo esa llamada primavera democrática donde ni siquiera los radicales eran frívolos. De los ’90 se dice pizza, champán, raves, alguien que aprecio, Sebastian Morfes, escribió por ahí que en los ’90 si eras joven estabas metido en tu pieza mirando el poster. Nada que ver. Los ’90 fueron años, también, de actividad juvenil, y los que hacíamos la facultad impedimos, no hay que olvidarlo, que la educación se privatizara. Ninguna década es nítida. Pero ésta que se está yendo el mes que viene es una excepción. Es un período con todas las letras -las letras, eso sí, retorcidas, con grupos consonánticos jodidos para pronunciar. Empezó con una participación masiva en 2001 y todo parece haber sido, nada fácil, recuperar lentamente, ya no como un grito desarticulado, ese mismo nivel de participación.

Visto desde un sectorcito como es éste de las letras, ¿cuáles son los emblemas de la década? Contingencias, también, participativas. La editorial de los 00: Eloísa Cartonera. Puede gustar o no gustar pero es el emblema en ese terreno. Otras editoriales surgidas después directamente la copian, encuadernan y le ponen lomo a sus contenidos. El evento editorial de la década: las F.L.I.A.s, la creación de un lugar exitoso para editores que nunca se habrían inscrito en una feria estándar por diversas razones, empezando por el stand. Y una feria donde todos pueden participar de todas las decisiones. Indiefectiblemente, le digo a alguien que creo que es Simón, bachero oficial de la FLIA, el que punza a los editores para que después se queden a limpiar. El otro espacio que se me ocurre que es emblema de la década es el Pacha, el lugar de las lecturas de poesía y de narrativa. Feliz de haber participado de los tres, vuelvo a la facultad.

* * *

El sudamericanismo desde la política es un proceso que no cayó del cielo en la facultad. Es cierto que, en principio, las carreras humanísticas siempre tuvieron su tendencia ideológica a la regionalización, y que en ese sentido siempre se leyó a pensadores como Martí o Mariátegui. Lo que hubo, sin embargo, en los ’90, es una posibilidad de sudamericanizar también desde la teoría escrita en el Primer Mundo. Porque en esos años se difunde el pensamiento post-estructuralista y otras vertientes teóricas más o menos afines, que lo que hacen es habilitar desde el centro la importancia de los márgenes. De repente es la biblioteca europea la que dice ojo con la biblioteca sudamericana, y desde acá, por supuesto, todo se vuelve más promisorio. Por otra parte (¿debajo?), las condiciones objetivas, el relativo protagonismo de las economías sudamericanas en el mundo, economías insertas en modelos políticos que otros, más ingenuos que yo, creen muy por encima de las leyes del mercado, pero que aun así hacen que las noticias de los mercados se politicen, le imprimen sellitos como G-20 a lo que antes era Chicago y no más, ¿te acordás de los ’80, de los ’90, cuando en la retórica rocker sólo había “marines de los mandarines”?, ¿quién diría que EEUU podría dejar de ser apocalípticamente único, único posible en occidente además de único real? Y sin embargo perdieron la guerra que no pudieron empezar por el Amazonas.

No olvido que este proceso convive con una marcada lumpenización del espacio universitario. Pero el lúmpen no desplazó a las subjetividades de izquierda sino al traga de los ’80 (que se fue a las privadas). El lumpenismo siempre es una derecha sin expectativas de rol. Cambian las costumbres, los perfumes, y el relajamiento de los pasillos es ahora por que en el patio haya jornadas de rock barrial, viene Incardona, el querido y melancólico Incardona, y en una de ésas viene Casas a hablar de Schopenhauer, pero lo importante es que haya choris, nadie cree en Incardona ni en Casas, en el Pachamama sí creyeron en ellos, el patio de la facultad no llega a Pachamama.

Y no olvido que esta lumpenización también es un resultado. Es a lo que lleva, por descarte, una organización de las carreras universitarias hacia una nueva Edad Media cuyo monasterio es el master, la vida en un convento estadounidense plagado de ardillas. Ardillas para los cien mejores, para el resto rock de barrio. La cúpula universitaria está totalmente desentendida de la producción de otra cosa que docentes universitarios. Y encima -pucha, acá es personal- después vienen ellos, que tienen un sueldo público, y ocupan, por carnerismo, los pocos pesos que estima el mercado, fuera de puestos en la enseñanza, para ofrecerle a un licenciado en Letras. Porque nosotros pedimos plata, somos del lado de Letras que le da entidad al mercado, y ellos no, ellos se niegan a relacionar mercado y universidad, pero aceptan trabajos de editoriales por menos plata de la que se estipula. Total tienen el sueldo docente, o son becarios del Conicet, y hacer cosas para editoriales da curriculum. Traducir da curriculum. Si quiero ser objetivo no puedo censurar mi yo. Me están cagando.

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2 comentarios to “Una biblioteca sudamericana 6”

  1. Sole Funes Says:

    Solamente quiero aclarar que los becarios no pueden sacarle el trabajo en editoriales a nadie, porque las becas son exclusivas, y no se puede trabajar de otra cosa. Muchísimo más si sos investigador del CONICET, sos exclusivo, no podés trabajar de otra cosa, solamente es compatible con docencia en la Universidad. Por lo tanto, no le estamos sacando el trabajo a nadie.

  2. denapoli Says:

    Sole, como aclaración es algo confusa. Lo que decís es “Los becarios no pueden trabajar de otra cosa, por lo tanto no le estamos sacando el trabajo a nadie”. ¿Qué es ese “no pueden”? ¿Es “no deben”? Si es así, no estoy tan de acuerdo, porque bien puede pasar que un becario o un docente con dedicación exclusiva sea la persona más idónea, y a veces la única, para asumir cierto encargo editorial (no hablo de trabajo fijo en una editorial). No es lo normal, pero puede pasar. Gracias por pasar, de paso.

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