Federico Reggiani

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Nació en La Plata en 1969. Ahí vive, ahí trabaja, ahí cría hijos, “ahí, muy probablemente, me voy a morir. No es un canto a la patria chica sino una mezcla de resignación y calma”.
En estos años nos había acostumbrado a sus artículos de los viernes en la web http://hablandodelasunto.com.ar/ , que podían ser notas sobre historieta, novelas, poesía. Ahora se tomó vacaciones.
Publicó dos libros de historieta: Autobiógrafo, con Fran López, y Dos Estaciones, con Rodrigo Terranova. También hizo historietas para la revista Fierro: Vitamina Potencia y Tristeza, con Angel Mosquito, y Patria, con Kraneo. “Hacer historietas es suficientemente distinto de escribir poesía como para que la mención sea un poco impertinente”.
En los ’90 hizo aquel fanzine que ningún agitador del rubro (fanzines, digo) pudo haber ignorado: El Mogolejito.

Fotografía: Fran López

No publicó nunca un libro de poesía. Una vez mencionaron un poema suyo en un concurso, “lo que me hizo pensar que más o menos estaba en estandard”.  En los últimos años, quien esto escribe siguió de cerca las notas de Reggiani y notó que había mucho de poesía en sus opiniones sobre la historieta; se imponía la sospecha de que el hombre guarda más de un poema en su PC.
El 12 de noviembre en Teatro Mandril, a las 20 hs, Federico Reggiani estará leyendo, parece que por primera vez en mucho tiempo, algo de lo que escribió y nadie -hasta ahora- dibujó. No lo acompañan en esta parada ni Rodrigo Terranova ni Ángel Mosquito. Quizás lea parte de su poema largo “Isabel”, del que pegamos a continuación un fragmento, o poemas cortos como “La pampa tiene”, que sigue después.

Isabel (fragmento)

¿Yo soy aquel que ayer nomás decía
“Isabel”, “la Isabel” o “Isabelita”?
¿Puedo decir acaso
“mi corazón palpita
cuando escucho tu nombre”?
¿Existió Lopez Rega?
Daría por saber un buen pedazo
media libra de carne
por tener un recuerdo
la certeza de algo que me venga
exactamente del setenta y cinco.
¿Te recuerdo, Isabel, o sólo tengo
la certeza en un libro?
¿Me acuerdo o te leí? ¡Oh, Isabelita!
Tu cara triangular, tu pelo en alto:
esa torre de pelo inalcanzable
de perfecto peinado
tiene que haber marcado
en el setenta y cinco, cinco años,
al nene que miraba
en la televisión tanta hermosura.
Si es que efectivamente tu peinado
le viene a mi memoria de aquel tiempo,
no es injerto leído en el futuro
de aquel nene pasado
y si era una hermosura
tu cara y tu peluca que se eleva
al cielo inalcanzable de la historia.
Todo es recuerdo ajeno:
mi hermano me asegura
que te vio, Isabelita, en un discurso
cadena nacional, setenta y cinco,
terminar, saludar, excelentísima
y al punto retomar tras dar oídos
a un consejo del mago Lopecito
con otras frases de tu voz aguda.
¿Era aguda tu voz a mis oídos?
¿Escucha un nene igual que sus mayores,
o que el nene mayor?
¿Dijo la ciencia algo sobre el tópico
del tono en que percibe una orejita?
Si es igual la orejita que la oreja
y si tu voz que oigo desde España
es igual a tu voz de Presidenta,
tu voz excelentísima,
tu voz hablada en el setenta y cinco
si eso no ha cambiado
podría yo tener tu voz oída.
“La marca de la voz de Isabelita
guardada en la memoria.”
Suena maravilloso:
maravillosa música
que llevo en mis oídos,
música de mentira
mentira de la mentira y del deseo,
que a duras penas puedo
asegurar que tenga
recuerdo de la voz contemporánea
voz española
opinada y leída
y oída con los ojos como todo.

La pampa tiene

“Baobab”, se sabe, es una trampa.
Cuando uno aprende
que hay palabras y frases que dan vuelta
(como Neuquén y Menem)
y le ha dado al Abad el arroz suficiente
viene del lugar de la mente en que lo habíamos enterrado
el baobab.
Hay un libro
construido para las pesadillas,
o construido para que las pesadillas ocurran.
Incluye una víbora con forma de sombrero,
un borracho,
y esos planetitas que pueden recorrerse
en dos o tres patadas.
Lo peor, lo que informa las pesadillas más insidiosas
es un planeta cubierto por las raíces de tres árboles.
Raíces que lo cubren.
Simétricos, los árboles, pero no.
Porque “baobab” hace trampa:
se traba en el medio y te deja,
en el medio, atrancado.
Para colmo de males,
“para que su horror sea perfecto”
todos supimos siempre que los baobabs no existen.
Exóticos y falsos, los dibujos
que adornaban el Libro
son dibujos de un ombú (que es uno y es tres).
Un ombú, como el que tiene la Pampa:
dispuesto a ahogarnos.

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2 comentarios to “Federico Reggiani”

  1. Yeannoteguy Says:

    awante Mogolejo

  2. adrián de junín Says:

    maximo idolo , estoy juntando llaves para hacerte un monumento.
    en junin te admiramos.

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