Gabriela Saccone

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Tiene que volver la fe en las solapas, en las contratapas. Porque también las hay claras, honestas, pensadas. Como ésta que aparece en Medio cumpleaños, primer libro de Gabriela Saccone, edición de EMR, y que en un momento dice: “El patetismo como condición de posibilidad de la poesía, y el deseo como condición de quiebre del patetismo”.

Contratapa que es una orientación, me parece, muy ajustada para entrar a esos poemas. Poemas que se publicaron en el 2000, y siguen siendo el único libro de Saccone aparecido en una editorial. Salió en un momento en que todo lo que venía de Rosario en forma de poesía era admirado o vilipendiado de lleno y antes de leer. Y quizás porque Gabriela Saccone no cultivó, a diferencia de sus colegas rosarinos de generación, la crítica literaria, sus poemas obtuvieron ese don de no acarrear prejuicios en forma automática, ni positivos ni negativos.

En parte pasaron desapercibidos.

Como si se le hiciera caso a su título: un medio cumpleaños no es algo para celebrar.

Injustamente, porque Medio cumpleaños es extraordinario.

Aunque también hay que decir que esos poemas de GS (Rosario, 1961) ganaron lectores individuales, de juicio propio, incrédulos a la opinión en bloque. Acá y allá. Esos y otros poemas, pocos, que fueron apareciendo en revistas y antologías. Para el que esto escribe, fue justamente una revista, unos años atrás, la que llevó a buscar el libro y leer ese link con la poesía de los ’00 que más le gusta.

Gabriela Saccone estará leyendo el 11 de noviembre junto con Elvira Hernández y el mexicano Óscar de Pablo. El marco es este festival donde -ahora que el último grito de la literatura es hablar mal de los festivales- aclaramos: nadie viene a hablar de literatura del yo & del ello & del show de lo bello, sino a leer poesía ante una audiencia, tal como se viene haciendo, por lo menos, desde los tiempos de Arnaut.

Cerrando esta notita de difusión, ahora sí unos poemas de Gabriela Saccone. Unos inéditos.


* * *

El pianista mira
el vacío de los tonos y va
hasta la fantasía del semitono.
Y puede hacerlo.
Yo estoy, Júpiter,
mirándote,
y un portazo te hace temblar
en el cielo.

* * *

Trujillo Camacho vino de Pocitos
y terminó en barrio Las Flores
entre la media res que gotea sangre
y la cortina del salón de ventas.
Es carnicero y panadero;
alimenta al pimpollo con restos de facturas.
Pimienta, la mujer, pesa 130 Kg.
cuida el negocio y es
en la nube de polvo seco
patrona de su edén.

* * *

Acá están los que caminan
el borde del arroyo Ludueña
como quien pasea
a la sombra de eucaliptos
y sonríe a unas niñas con peinetón.
Pero no confundamos hombres
con chanchos.
Nutridos con desechos
del hospital municipal,
muestran, señores del deseo,
el rosado brillante de sus carnes
que no alcanza, no alcanza,
no alcanza para todos.

* * *

Por lástima a tus ojos de borracho
y a tu felicidad por encontrar a Elena,
acepté tus besos y tu choza,
los enormes brazos de tu madre
palmeando a mis hijos.
Acepté revolver basura
y montarme a tu carro.
Héctor, por mi vida sin rumbo,
no vuelvas a beber.

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Una respuesta to “Gabriela Saccone”

  1. patricia molina Says:

    solo quisiera saber si eres gabriela saccone que fue a la escuela j.j.castelli porque yo fui contigo a todo el primario patricia molina desde españa

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