Acerca de pintar la periferia

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Si hay algo que no me gusta de los nuevos narradores es que se pasen de optimistas. Que no les alcance con la prosa alegre -hasta ahí veníamos bárbaro- y tengan que escribir artículos sobre una nueva mentalidad, un nuevo enfoque, en sus propias obras: un cambio social. Que hablen de una nueva generación de escritores -la de ellos- más conciente de los problemas, las injusticias, y mejor preparados para ‘hacer algo’. Dicen conocer la periferia, pero son la parte más insensata de la nueva ciudad letrada. Otros que viven, como ellos, amurallados en tres barrios porteños, por lo menos alzan banderas concretas: defienden la gastronomía sólo de verduras, van en bici a “Masa crítica”. Pero ellos, los narradores jóvenes, están en otra. Su imaginación vuela y desde lo alto ven una periferia penetrada por el verbo generacional. Hace tiempo que quiero escribir sobre esta onda de la literatura barrial y finalmente fue un texto de Juan Diego Incardona, “Periferia”, en el blog de Eterna cadencia, el que me animó.

En “Periferia” Incardona promete un repaso histórico de la literatura sobre el conurbano bonaerense. Nos da  ejemplos de escritores que ‘cruzaron la frontera’, como Mansilla, que vienen al caso aunque son de una época en que no existía el conurbano como tal. Del período que habría que investigar (1945-presente) menciona a Bernardo Verbitsky y a Leonardo Favio. Y salta al hoy ‘optimista’ fantaseando una generación de escritores cuyo mérito es -dice-, “imitar la voz del lugareño” ya no desde la mirada exótica del viajero. Lo cito:

En los últimos años, la periferia, ya en sus zonas pobres, ya en sus zonas obreras, ya, incluso, en sus barrios acomodados, ha crecido en presencia en las publicaciones de nuestra literatura. Autores como Sergio Olguín, Jorge Asís, Washington Cucurto, Germán Maggiori, Leonardo Oyola, Félix Bruzzone, Hiosi Havilio, Mariana Enríquez, Leandro Ávalos Blacha, Pablo Ramos, Ariel Bermani, Cristian Alarcón, Luis Mey, Sebastián Hacher, entre otros, ubican en la periferia, ya no con la mirada exótica o deslumbrada del viajero, sino, intentando la voz del lugareño, del vecino, del habitante. De este modo, la periferia se vuelve, para los personajes, en centro, de sus vidas, de sus familias, de sus trabajos.

Se nos pide que seamos testigos de un cambio. Pero “intentar la voz del lugareño” es más viejo que andar a caballo. Ni aunque alguno de los nuevos narradores hubiese sido capaz de superar a Echeverría o del Campo en esa apuesta, podría hablarse de un cambio. El tema, de todos modos, es más grueso: acá “intentar la voz del lugareño” está puesto como un mérito superador.

Las preguntas que se le pueden hacer a un optimista son infinitas, pero en este caso me quedo con algunas: ¿qué clase de aporte a la nación es eso de imitar la voz del que vive del otro lado? ¿Realmente se ha superado en el siglo XXI la mirada exótica al conurbano? Y si fuera así, ¿eso implicó un acercamiento del centro a la periferia? ¿Un proyecto en común? ¿Una misma patria? ¿O no será que con la mirada exótica estábamos mejor?

La ensayística barrial se ha hecho presente, curiosamente, tomando la posición del centro: sus cultores como Incardona se inscriben -es muy honesto en este punto- como los que van del centro a mirar la periferia, con el plus de haber pertenecido a ella. ¿Pero cómo entender que no es mera nostalgia -sentimiento que no tenían ni Mansilla ni ninguno de los viajeros de antaño- esa visita? Y sobre todo: ¿cómo tomarse en serio esa declaración de fe (nos hemos acercado al conurbano) cuando el mérito que se exhibe como trofeo es que se aprendió a imitar el tono? (Trampa: el tono en todo caso se recuerda y se lo ofrece a otro).

La realidad, por su parte, se encarga de mostrarnos que nunca estuvo tan lejos, tan separado, el centro de la periferia. Y que nadie del centro pisa el conurbano a no ser para tomar un avión. Mal que le pese a la nostalgia de estos narradores muchos de los cuales, esto también es importante remarcarlo, se consideran kirchneristas.

Y estoy tentado a decir que el de los nuevos narradores barriales es uno de los núcleos, dentro de la cada vez más reducida ciudad letrada, que peor interpreta el presente, y a pensar (estoy tentado) que tanto optimismo sólo puede ser o bien por hipocresía y afán acomodaticio o bien porque se es un ignorante total, un “volado”, alguien que no sabe dónde está. Mi enemigo principal -uno con quien felizmente llegué a un acuerdo, hace unos años, para no pelearnos más- siempre sostuvo que el de Incardona es el peor peronismo, el hipócrita. Yo me inclino por un Incardona que cree que saca puntos si se muestra ignorante. Mi enemigo personal y yo creo que pensamos más o menos lo mismo.

Y es que además de “Periferia” está el relato de su viaje a la Feria de Frankfurt tal como lo publicó en su blog. Con su asombro cuando le contaron que la fusión en un mismo edificio de trozos de vieja arquitectura y retoques de ultramodernidad era porque esas ciudades habían sido alguna vez bombardeadas. Me baso en esa jactancia de hacerse el desconocido de la Segunda Guerra Mundial. Eso, pienso, sólo puede tener sentido para un escritor que quiere venderle un modelo de inconciencia suburbana a los lectores del centro.

Vuelvo a cierta generalización. El ‘error’ de los nuevos narradores barriales es confundir “kirchnerismo” con “optimismo” y hacer de esa argamasa la alita protectora para las ilusiones más conservadoras y más radicalmente opuestas a lo que es el trabajo concreto que viene haciendo el kirchnerismo ‘real’, el económico.

Hay de hecho un kirchnerismo que está modificando el conurbano en el plano estructural, en base a generación de empleo y también en base a subsidios, claro. Hay acciones concretas en lo superestructural, a nivel por ejemplo de la educación: datos alentadores, aunque tibios, de una mejora en la asistencia a escuelas primarias y secundarias, menor deserción. Y hay proyectos encaminados (como la Ley de Medios y lo que podrá significar para una futura prensa, televisión, radio bonaerenses, etc).

Pero no hay, y eso lleva más tiempo, un kirchnerismo activo en lo cultural, ni en el conurbano ni en la ciudad de Buenos Aires. Hay peñas, hay homenajes a Oesterheld, son todas boludeces. Una acción concreta en este campo requiere, por empezar, un proyecto a largo plazo. Requiere agentes culturales dispuestos a un cierto sacrificio. Requiere, por ejemplo, la participación de escritores… pero no escritores en grupo como tales -diez escritores juntos en una institución siempre conducen al desprogreso- sino cada uno unido a un físico, un matemático, un historiador etc formando una escuela pública de nivel (me refiero a una escuela en concreto, una al menos, después dos) en el barro del conurbano. Un kirchnerismo activo en lo cultural requiere, en suma, que Incardona y otros como él se muden al conurbano.

Mientras eso no pase, tenemos la mentira optimista. Nos llegan simbólicas pintadas de aldea semana a semana, y ni una sola mano de pintura real.

Un lugar, entonces, desde el conurbano, donde puedan intervenir seriamente. Y se dejen de decir pavadas. Y con su sueldo privado o estatal puedan aprender historia europea. Y puedan enseñar bien a Bernardo Verbitsky, aunque sus discípulos prefieran a Kafka.

Así las cosas, las incursiones del ex escritor suburbano en el suburbio de hoy no tienen sentido, salvo para darle taller literario a otro pequeño escritor suburbano que, como alguna vez el profe, ante todo quiere rajar cuanto antes del conurbano.

Y no hace falta que vayan a trabajar a Florencio Varela. Hacerlo en Mataderos sería un cambio. Otro tema es la necesidad de actualizar la noción de límite. Sabemos que la nueva ciudad letrada porteña vive en tres barrios, Palermo, Almagro y Villa Crespo; el que no puede acomodarse ahí lo hace en los bordes que son la Avenida Federico Lacroze o Hipólito Yrigoyen hasta más o menos Castro Barros. Ningún ‘actor cultural’ vive en Caballito a menos que se haya criado ahí y no le convenga mudarse. Nadie, salvo el insólito Matías Reck, se iría a vivir a Villa Luro. Y tiene su lógica, porque la vieja forma de la ciudad se volvió intransitable, se pierde mucho tiempo yendo de una punta a otra. Siempre existió la búsqueda de ascenso social, está claro, pero nunca se había espacializado tan estrecha. La nueva ciudad es más que reducida y en esos límites se hace lo que se puede. Las chicas escritoras son más fuertes: nos cuentan en Facebook la épica de ir a trabajar en bici, creen en la bici porque tienen la fantasía de una ciudad que incluya a la casa de sus padres, esa casa que de repente ha quedado afuera, en el conurbano Flores o Santa Rita, por culpa de los autos. Odian los autos esas chicas. En Buenos Aires la gente educada no tiene auto.

Yo escribo como esas chicas, enamorado de la poca belleza del conurbano, y si ellas ven la belleza en sus papás del suburbio, yo en sus hermanitas que vienen a tomar algo por acá. Así desde los tiempos en que no existía la nueva prosa barrial. Su llegada me puso contra las cuerdas y hasta ahora traté de ser ameno. Hoy digo que ellos son al kirchnerismo lo que los tlaxcaltecas a Moctezuma: lugareños muy cultos, que desarrollaron cierta escritura, pero que cuando llegó Cortés se pasaron al centro. Mi enemigo principal estaba en lo cierto, sólo que él siempre siguió su intuición, yo soy educado y tuve que esperar la llegada no de la prosa sino de la ensayística chabona. Esto, entonces, es lo que miro, y lo que veo no me indigna; es otra la emoción.

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18 comentarios to “Acerca de pintar la periferia”

  1. joandemena Says:

    Creí que había problemas que ya estaban, no digo resueltos, pero al menos definidos como “problema”. Que la lengua, por ejemplo, no es transparente, sea lo que sea que definamos como “transparencia”. Y diría que, sobre todo, la lengua es opaca para reproducir la lengua: no se puede reproducir la voz del lugareño, porque nadie habla en “lugareño”.
    Hablo un poco de lo que conozco más: recuerdo que De Santis dice en un artículo que en Sudor Sudaca, Muñoz y Sampayo fallan al tratar de representar lo coloquial, sin ver que lo que hacen es destrozar lo que les queda en la memoria de esa lengua (y, de paso, lo que les queda en la memoria de las imágenes: lo mismo pasa, en Carlos Gardel, un libro que tendría que ser obligatorio y se consigue en cualquier librería).
    El realismo, el realismo…
    Hay que volver a leer Morón Suburbio, calculo.
    FedericoR

  2. Yeannoteguy Says:

    Así de buenas a primeras señalás algo que está bien señalar, pero no sé si el encarnizamiento con Incardona permite ver el tema de qué estaría bien repensar. “El Conurbano” parece ahora el mito generacional porteño. Ir a conquistarlo, o bien serlo.
    Pasa también que los que crecimos en el conurbano, pero a la vez muy permeables a la “Ciudad letrada”, estamos bizcos de tanto mirar a ambos lados de la General Paz.
    Ahora que parece que el Conurbano es lo más, la esperanza popular y tal, ¿vamos a desaprovechar nuestro bagaje? Ja. ¿Pero no hay nada nada nada válido ahí? Seguiría pensando cómo separar lo gestual de lo sustancial, dónde el Conurbano es sólo un tópico y dónde hay otra cosa. ¿Va por ahí? (Si es que hay algo sustancial). De todos modos, ¿qué estás reclamando? ¿autenticidad? Qué momento.

    (Aparte, las enumeraciones de autores en la nota no le hacen honor a las escrituras. No leí a todos los que menciona, pero ponele, a Mariana Enríquez, por sus cuentos perfectos, la salvaría de cualquier oprobio. Y a Pablo Ramos también.)

  3. denapoli Says:

    Federico, concuerdo con lo que decís del realismo, a mí igual me preocupa en esta nota otra cosa (que no sé si está separada de lo que vos decís, puede que no): el discurso rápido de la efectividad social de la literatura.
    Gabriel, yo me encarnicé en todo caso con alguien a quien, aunque no lo creas, respeto. También me respeto a mí mismo y no escribiría sobre la opinión que tiene del conurbano Fulanito Escritor a no ser para burlarme. Y no me estoy burlando de nadie: acá. Creo que estamos muy confundidos todos en cuanto a las potencialidades de las cosas que nos dan de comer hoy por hoy en los lugares donde trabajamos. Pero como tampoco estoy en el cerebro de otros, no puedo descartar que mucha veces, en vez de confusión, sea otra cosa: hipocresía, o picardía. No estoy ni en mi cerebro, otras veces. Me acuerdo de hipocresías mías. No creo que en el mundo de hoy alguien pueda indignarse con otro, yo al menos no escribí desde la indignación. Gracias por pasar y opinar.

  4. Yeannoteguy Says:

    No me pareció para nada una burla. Sólo decía eso para que siga la cosa (la reflexión) más allá del caso particular. El primer paso pareciera ser tratar de definir mejor qué nos preguntamos. Seguimos participando.

  5. Parisi Says:

    Como en Fbk, insisto en lo de la pose. En eso de aparentar para avanzar. Sobran casos, y no creo que eso sea patrimonio exclusivo de esta generación. Y, creo, bien o mal, que esta columna surge a partir de la política. No lo digo como crítica, sino como puntapié inicial para hablar de literatura. Yo abriría el arco, por que la pose no sólo está en la política. El tema es la obra literaria. El autor puede ponerse caretas de macrobiótico, lasbiano, punk, de religioso, de K, de gorila, de lo que sea. Ahora, si escribe cualquier cosa y sólo se habla de él, o se lo marketinea, por las boludeces que dice o escribe en columnas de opinión y no por su “obra”, hay un problema. Y en esta época de interrupción de la privacidad, el que proclama cualquier pelotudez a los cuatro vientos sin importarle nada, tiene éxito. Creo que este tema da para pensar mucho. Salute.

  6. graciaperdida Says:

    Lugareño…qué palabra más horrible, me remite a lo peor del folklore patriarcal basura, (utilizada la palabra en clave literaria, claro, no se vaya a ofender la tía juanita!) Soy del conurbano y doy fe que lo leíble (que no es tanto cómo se cita en la nota) no tiene nada que ver con lo lugareño. El mundo llegó al conurbano hace varias década muchachos. Abrazo.

  7. pablo strucchi Says:

    Che… ¿Y dónde encajo yo que en el 2002 saqué un libro que se llama conurbano donde cuento cosas que viví en el conurbano, simplemente porque trabajaba de distribuidor de artículos de perfumería por el conurbano, y ahora vivo en Villa Crespo (en el círculo elegido) también porque trabajo, ahora por la zona, construyendo edificios en esta era K, y escribiendo sobre paraguayos porque convivo con paraguayos ah, cierto, no figuro en ninguna lista de escritores, debe ser porque no escribo…¿Y Matías Reck? No es un agitador cultural ese? Vive en Villa Luro…, a no… nosotros participamos solamente de una feria de baratijas, no representa a la cultura eso…

    Saluditos para todos y los quiero, y que siga debate!!!!

    Strucchi

  8. FedericoR Says:

    Supongo que el realismo tiene mucho que ver con el “discurso rápido de la efectividad social”. Que es algo que también me resulta tan raro como la idea de una lengua que imita cosas (o voces). Pero ahí debo ser yo. Linda discusión (incluyendo la muy calma respuesta de Incardona en Feisbuc, lástima que no esté acá: me gustan más los debates calmos).

  9. denapoli Says:

    Pero Pablo usted es un agitador, Reck también, eso es otro tema. “agitador cultural” es una expresión que se inventó para los que no tienen laburo fijo ni de un lado ni de otro, o no se usa así? nadie dice, por ejemplo, que Jorge Aulicino o que Damián Tavarovsky son agitadores culturales, por más que estén produciendo todo el tiempo opiniones y textos sobre la cultura. la expresión agitador la inventó otro, y no sé si eso de “agitar” nos debería gustar. Saludo.

    Parisi, ese tema de la pose está ahí metido también. Es más de las entrevistas, es cierto. Pero como las entrevistas son ingratas hasta para el que las recibe, no sé, es delicado criticar a partir de ahí. Ya un ensayo donde se habla de una generación o un grupo que te incluye, bueno ahí el que escribe es programático y tuvo todo el tiempo del mundo.

    GraciaP: igual lo del conurbano es un concepto, no es un territorio
    exactamente igual al conurbano físico, digamos.

    Gabriel aproveché tu mensaje para dar unos toques más al texto en el comentario, o para anticiparme a otros comentarios que podían llegar, perdón no quise decir que vos decías eso.

  10. denapoli Says:

    Federico hay que decir que hay muchos trabajos con la oralidad donde no entra ni ahí el discurso de ‘acercarse’ o de romper con el exotismo. de estanislao del campo al entrerriano ese de carácter de mierda que en paz descanse. pero bueno esos tipos estabam más locos, leían a lacan, se cagaban de risa del progresismo, eran posestructuralistas (estanislao también, claro, estaba rompiendo con el levi-strauss que era sarmiento)

  11. Fabian Says:

    Quien me manda a leer esta basura un 5 de enero mientras espero que los nenes se duerman para hacer desaparecer el pastito por la ventana ? como puede este sujeto hablar con tanto desconocimiento de un tipo que puede tener un monton de defectos profesionales( o no, de eso no se nada ) pero si algo no es, justamente, es ignorante, hipocrita y tantas otras barbaridades ( te aceptaria lo de volado pero entre tantas acusaciones imbeciles creo que fue mas fruto del azar que de tu capacidad de analisis ), la unica chance de que alguien lea tus textos ( si es esta tu manera de llegar a alguien ) es con este sistema, provocando un escandalo como las vedettes en lo de tinelli….sos muy aburrido, sos grasa…pero de los grasas que habiendo tenido acceso a una buena educacion se hacen el plato con boludeces como tu conocimiento de la arquitectura europea de la post guerra, queriendo dejar al otro con el culo al aire, le bajas los calzones en publico y te reis como el guazon, lo pones en evidencia con pañuelitos de mercachifle….no pude volver a leer completo tu aburrido texto, recuerdo que saltaste de la actualidad literaria a el kichnerismo optimista y de ahi a la ley de medios, pegaste el triple salto mortal con la nueva division de la capital federal para la gente que escribe y odia viajar en auto…..que embole macho….la verdad es que detesto a la calaña que lo unico que hace desde su impotencia es defenestrar cualquier expresion artistica, mira que yo no se un choto de la vida del arte…pero a las calañas como vos les veo caras de fernando miembro, gordo bolu que no hizo dos jueguitos en su vida y desde su asiento critica y defenestra con la unica habilidad q tiene, la de mover su lengua de culebra….tendes de que te hablo chambon ??? porque sos un chambon….mostraste la jeta….podes no gustar de lo que lees pero en este caso en particular te digo….lavate la trompa, Incardona tiene para darte varias vueltas de piolin antes de que vos te puedas tocar la nariz con la mano mas habil porque soy testigo de que le puso y pone color a lo que vivio, porque he visto las caras conmovidas al escuchar sus relatos de muchas personas, mas de las que podrias juntar vos en tu cumpleaños mas exitoso, porque en tu vida le podrias atajar un penal a Tino ni entender de que se trata ser del conurbano sin hacer un adagio del rolinga, no suma nada a esta altura que te diga que conozco a Juan hace poco menos de 30 años, seguramente hasta pueda que lo moleste con esta verborragia inculta, capaz lo comprometo porque no se ni quien sos ( aunque no tenes pinta de muy elevado ) no me importa, tengo derecho ,no vuelvas a decir que lo conoces porque no lo conoces un choto,le pifiaste flaco…..estoy seguro que mientras lees las discusiones polemicas que provocas te tocas porq estas son pajas mentales….alla vos, pero que quede claro algo, hasta aca…..sabes mas de soterramientos de ferrocarriles que de la vida y obra de Incardona.

  12. viracocha, un alma del peru. Says:

    FATALITY

  13. denapoli Says:

    Sí, Fabian, la verdad es que estás perjudicando a la persona que ibas a ayudar. Pero en fin: vos mismo lo advertís en tu comentario. Deberías preguntarte por tu propio sadismo.

  14. Paola Cavallaro Says:

    Llego tarde al debate, y no pretendo opinara sobre la labor y la obra de Icardona, de eso te ocupaste vos, con algo de animosidad, creo. Lo que realmente me llamó la atención, lo leí y releí para salir del asombro: “Un lugar, entonces, desde el conurbano, donde puedan intervenir seriamente. Y se dejen de decir pavadas” Intervenir es la palabra que me asombró. Mal que les pese, en el conurbano ya tenemos nuestra cultrua: No es la letrada que algunos quisieran. No necesitamos ninguna “intervención”. Sólo con ciertos grados de bienestar social los pueblos desarrollan su propia cultura.

  15. Gonzalo León Says:

    Creo, estimado Cristián, que confundes realismo con kirchnerismo, una nueva propuesta narrativa con políticas culturales para el conurbano, optimismo narrativo con pobreza. Hay cosas que obviamente no van a cambiar con uno, tres, cinco, diez libros: por más que se escriba del conurbano, no va a cambiar así como así. La realidad no la cambian los libros, los índices de desempleo no se combaten con novelas escritas por jóvenes sino por jóvenes economistas. Como no estoy al tanto del texto de Incardona, comento tu texto, y en él hay una cosa que no queda clara: ¿partes de la realidad política y social de un “lugar” o desde un trabajo crítico de lo último que se ha publicado en narrativa? Intuyo que partes de lo primero, porque si hubieras optado por lo segundo te hubieras encontrado con que el paradigma centro periferia no es geográfico, no es ciudad versus conurbano, porque tanto en la ciudad como en el conurbano existen discursos más conservadores y otros más progres. Escribir una ciudad, Bs As o Santiago, puede ser muy revolucionario; y por el contrario escribir de la marginalidad no necesariamente te hace progresista. Depende de cómo se haga, cómo se aborde, como dices dónde se ponga el acento. En todo caso puede haber una obra progre, como la de Borges, y ser un autor de derecha o conservador; también puedes escribir sobre los barrios bajos de Santiago y del mundo penitenciario, como Alfredo Gómez Morel, y ser, como él era, un tipo que le pedía una pensión como escritor a la esposa de Pinochet por los diarios. Eso nomás. Saludos.

  16. denapoli Says:

    querido Gonzalo: bueno, no confundo “realismo” con otra cosa porque no uso en ese texto la palabra “realismo”. te debo una respuesta más afinada. abrazo

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