Sobre la poesía chilena actual

by

Dos semanas atrás publiqué un ensayito que motivó cientos de primeras visitas a esta página. La intención de ese escrito fue tomar la etiqueta “narrativa barrial” y trabajarla en un punto que no fuera tautológico (“es la narrativa que trata de los barrios”). Me acordé entonces de los tlaxcaltecas, aborígenes del conurbano americano que, habiendo desarrollado cierta escritura, pusieron su habilidad al servicio de los aventureros españoles. Y sugerí que una descripción de la nueva narrativa barrial podía ser esa: los tlaxcaltecas. Agoté en esos párrafos lo que tenía para decir del tema; ahora me convoca otra tribu, una más vasta y, en general, mucho más aguerrida.

Ahora estamos en tierra araucana, y la tribu es la de los poetas. Vengo de una visita de seis días a Santiago donde renové la convivencia con autores y libros no siempre divulgados fuera de Chile. Sin sublimar la fuerza y rebeldía de nuestros colegas del otro lado de la sierra, voy a tratar de hacer un panorama útil para los que conocen poco del asunto y quieren adentrarse. No sé por dónde empezar.

Unas semanas atrás se editó en Santiago, por primera vez en libro, el primer poema de Raúl Zurita, “El sermón de la montaña”. Se había publicado originalmente en la revista de una facultad de Ingeniería, en 1970. El poema deja ver el impacto de la escritura beatnik y a la vez da el proto-Zurita en uno de sus temas característicos: la desaparición, el final de la vida. Bueno es leerlo junto con su último libro, Zurita (2011), de seiscientas páginas: en este otro trabajo entran a jugar referencias muy puntuales, nombres y apellidos de amigos y compañeras, fechas (1973 como parteaguas), establecimientos… La obsesión con el espacio, el apocalipsis a través del paisaje. Conmovido como estoy desde hace unos semanas por “Melancolía” de Von Trier leí esas imágenes de Zurita que se me quedaron grabadas más que cualquier otra cinematográfica: “las cataratas de los Andes”. Los que no quieren mucho a Zurita dicen que es un poeta tribunero, pero en todo caso es de los que se dirigen a la tribuna desajustando los tornillos de los tablones. Estremece Zurita, y las trescientas personas que lo escucharon en Salida al Mar 2005 podrían dar fe.

Zurita forma con Pepe Cuevas, Elvira Hérnandez, Claudio Bertoni, Waldo Rojas y Diego Maquieira (entre otros) la poesía chilena contemporánea mayor; gente que empezó a publicar hace más de treinta años y sigue produciendo a la fecha. Sumemos a Armando Uribe (1933) y al tumbero Nicanor Parra, a poco de cumplir cien años de vida, de quien se sabe que inyectó habla y jerga en la poesía chilena con tanta habilidad que eso significó el cierre de algunas poéticas (lo de tumbero, entonces, tiene dos sentidos). De José Ángel Cuevas y Elvira Hernández escribí otras veces, y se me ocurre agregar que hoy están generando sus mejores poemas, en plena actividad; de Maquieira y Bertoni no conozco trabajos recientes.

Luego tenemos “generaciones”: 80, 90, dos mil, hoy mismo. La de los ochenta es la de Malú Urriola, Sergio Parra, Víctor Hugo Díaz y otros. En su momento transvasijaron desde lo popular, metiendo rock sobre todo, al tiempo que otros, mayores que ellos, transdiciplinaban desde lo alto (artes plásticas, deconstrucción o, como diría Viñas, derrida dadá y lacan cancán). Pepe Cuevas sostiene que esa generación no tiene hoy todo el reconocimiento que merece. A Malú Urriola se la empezó a publicar fuera de Chile con el entusiasmo que amerita; a Víctor Hugo prácticamente no se lo quiere publicar ni en su país -es un tipo muy agresivo. Sergio Parra, “Parrita”, dejó de mostrar hace más de una década y escribe unos pocos poemas cada año.

Ahora, enero de 2012, acaba de salir Amarillo Crepúsculo, lo último de Andrés Anwandter. Que es uno de los poetas surgidos en los ’90. Es por lejos su mejor libro. Y es el libro donde Anwandter se convierte en autor de algunos poemas perfectos donde ya no quedan rastros del formalismo nerd de su generación. De todos estos poetas que se lanzaron a publicar hace veinte años destacaba de un modo singular, rompiéndola de entrada con su libro Metales Pesados, Yanko González. Residente en Valdivia, Yanko era y sigue siendo un exiliado de esa ciudad de Santiago que lograba hacer lo que entre nos buscaron Menem, Llach, Moneta y otros: el paraíso de la educación privada. Hoy Santiago tiene tantas instituciones de este tipo como parecería haber en Argentina y Uruguay juntos. Y son casas de estudio donde se alabó, procuró o difundió el formalismo nerd de poetas como Kurt Folch, Matías Rivas y Germán Carrasco. Fetichistas de lo intelectual, se los pudo ver fascinados, más que por los recursos poéticos, por el descubrimiento de un glosario para esos recursos, y así escribieron poemas con palabras como “hipálage”. En consonancia, solían acompañar cada metáfora con un reflexión teórica sobre la metáfora -siempre dentro del poema. Del también a su modo singular Carrasco escribí hace seis años en poesía.com y tengo que decir que su último libro, Ruda, nos lo muestra más relajado. Pero me quedo con el último de Anwandter, más maduro. Otro que vale la pena leer, de esta misma camada, es Alejandro Zambra, conocido acá por sus novelas.

Viajé por primera vez a Santiago en 2004 y me deslicé, treintañero, entre una parva de poetas por entonces de 20 años que detestaban a sus antecesores inmediatos, los poetas de universidad privada. Tampoco es que tenían mucha simpatía por los punks de los ’80, pero los respetaban -sobre todo a Malú Urriola. Y bastante en común con la poesía peruana de los ’80, por ejemplo en el gusto por los poemas largos con versos que se repiten (anáforas). Vitalistas y promotores de recorridos urbanos (bares sobre todo), de todos ellos el más conocido al menos fuera de Chile es Héctor Hernández. Héctor cada tanto anuncia que va a matarse, y abusa de la escritura de poemas reflejo anticipado de su destino. Pero también pela poemas hermosos. Paula Ilabaca es otra que se destaca. Mis preferidos son los que menos publican, Pablo Paredes y Gladys González. Pablo es un gran observador de lo cotidiano y es también el que consigue escribir poemas de grupo o de generación (con alusiones a sus compañeros) que no suenan para nada pedantes ni cerraditos en el autobombo. Uno de esta camada, que no voy a nombrar, me robó unos versos inéditos que le mostré hace seis años y los publicó como suyos. No lo voy a nombrar no por evitar conflictos (no me gusta evitarlos) sino para no arrojar un matiz berreta en torno a tanta gente que en líneas generales vive y cree en la poesía y busca lograr lo suyo. Algo que sí hay que decir de esta camada aparecida en los últimos diez años es que son muchos los que hoy siguen escribiendo. Y varios los que no trabajan, luchan por vivir como poetas; evidentemente el estado chileno hace verosímil ese sueño por medio de sus consabidos apoyos. Nombrar a todos los que leí sería pesadísimo y requeriría opiniones para cada caso. Quizás me arriesgue en otro momento.

Por último tengo que decir que no investigué ni leí nada -no se dio la oportunidad- de la producción de los ‘cabros’ que hoy rondan los veinte años -los anteriores, si bien les cabe el chilenismo de ‘cabros’ que significa ‘chicos’, ya están pasando los treinta.

Las editoriales: Lom y Diego Portales publican a los mayores y lo hacen en ediciones, sobre todo la segunda, que no ahorran en papel, mientras que Calabaza del Diablo y Cuarto Propio prefieren a los sub-40, esto dicho en líneas generales. Agreguemos otras como El Kultrún (desde Valdivia), Pfiffer (seria o ‘cuica’ a la manera de Diego Portales), Cuneta (más bien pequeña) o Fuga (muy pequeña).

Por si no quedó claro, remarco que la poesía chilena contemporánea tiene tanta potencia como entrega a ella tienen los que la escriben, y que de los veinte autores que nombré tomo distancia de muy pocos. Remarco también que me referí a los que están vivos objetivamente hablando, no hablo de Teillier, Lihn, Rodrigo Lira que siguen de lo más vigentes. Y hablé sólo de los que escriben en español; lo completo sería dar cuenta de la poesía en lengua mapuche.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: