“Melancholia”, de Von Trier

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Melancholia, de Lars Von Trier, vuelve a un concepto que hoy se evita. Un concepto que sigue siendo vital en el psicoanálisis, pero ya no en la literatura o las artes plásticas. Algo que en general no entendemos, y que en los peores casos se asocia a la nostalgia, cuando más bien es lo contrario. Con la nostalgia el presente se acompasa al pasado y las cosas duermen; la melancolía en cambio trae demasiado al presente y provoca desastres. La nostalgia gira, la melancolía salta y se dispara. Con nostalgia se bailan los bailes de salón y las parejas cooperan en un movimiento trazado, domesticado. La melancolía es el pogo más grande del mundo.

A la melancolía los melancólicos le ponen freno, callados, preocupados. A la nostalgia los nostálgicos la exhiben, a riesgo incluso de aburrir. El celo del melancólico por no dejarse agarrar de las piernas y que lo trague el desastre puede significar cualquier cosa menos dejadez, tedio, aburrimiento. El melancólico lucha.

Tres artistas melancólicos: Lars Von Trier, Thomas Pynchon, César Aira. Con los tres uno se puede cagar de risa.

La melancolía es una fuerza femenina que por suerte las mujeres no suelen tener. Ningún hombre sale indemne de una relación con una mujer melancólica. Las mujeres si algo no toleran de los hombres es que se entreguen a la melancolía.

El cuadro de Durero también se podría llamar “Castigo al melancólico” en vez de “Melancolía”. Es un ángel sentado. Alguien le puso alrededor objetos geométricos de movimientos calculables y herramientas sencillas de uso predecible, y en la mano le pusieron un compás, para que aprenda, para que reproduzca, para que acompase. La melancolía ahí es el desprecio en la cara del ángel: desprecio por la tarea impuesta, por el ritmo conocido. Es una mujer ángel.

Freud lee la melancolía como incapacidad para resolver, para superar: lo contrario del duelo. Hasta acá llego porque Freud se me escapa.

Escuelas de Buenos Aires

1
Las veredas.
El azúcar en sobre.
Los corralones.
Los bares. Algunos bares. Los que están
en una esquina y enfrente hay un puesto de diarios
que en la parte de atrás tiene un dibujo de Isidoro Cañones
de cuerpo entero y con un globito que dice “¿Compraste el diario?”

2
La gente que compra el diario es más divertida que la que no lo compra.
La gente que ama una época sufre de nostalgia y no lee los diarios.
La gente que ama una ciudad disfruta de las notas y sufre de melancolía.

3
Mi escuela es la infancia, enemiga del sueño.
Ahí aprendí
los primeros ideogramas.

Mi segunda escuela es el resentimiento, enemigo del sueño.
Ahí los ideogramas
pasaron a la tinta.

No sé de qué se trata el resentimiento del talento.
Sólo conozco el resentimiento social.
Tampoco sé de qué se trata la nostalgia de las cosas,
los nostálgicos tienen precio y todo lo que escriben en los diarios es una ruina.
Mi tercera escuela es la melancolía, amiga-enemiga del sueño.

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Una respuesta to ““Melancholia”, de Von Trier”

  1. Nahuel Says:

    Humano Luminoso Danapoli, Gracias!

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