Darth Vader y yo

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A Darth Vader no le gusta desperdiciar nada, y no es por ecología. No le gusta, por ejemplo, mover nada de lo que escribe en la computadora a la Papelera: el vago aprovecha todo. No se cuestiona, no se frena; ya hace dos años que hablo de esto con él. Se para al lado mío y cuando me ve escribir en borrador se burla. Y apenas corto para ir al baño o hacer otra cosa, él va y aprieta “send”. Manda el mensaje de prueba, ese que uno escribe sabiendo que no es para enviar, o sube el texto en bruto, en caliente, al sitio de publicaciones: va y aprieta “publicar”. Todo para ya, mi enemigo. Creo que ni siquiera llega a leer la palabra “send”. Entiende “sent” desde el comienzo, mandado. Ve sólo el cuadrito azul en la pantalla y el resto en blanco.

Le conozco las mañas. Es mi amigo-enemigo de toda la vida. Está molesto con todos mis otros amigos. Salimos al menos una vez por semana, vamos a tomar algo, o se queda en mi casa. Dice que todos mis amigos están locos. Y cuando salimos, cómo levanta. Vestido de negro, con el pelito desparejo, cómo lo miran. Con las mujeres también es un “sent”, un mandado. Las seduce sin hablarles, lo seducen sin hablarle. Tienen todo acordado desde que se miran.

Es oscuro. Una noche derrapamos en un pool de Flores. En un momento le dije: mirá qué parecida a tu novia es esa chica. Una morocha narigona muy bella. Y mi enemigo principal miró al clon de su novia con desconfianza. Después, borracho, Darth Vader dejó ver cosas. Conozco a su novia, Lucía Skywalker. Ya me venía extrañando no verla desde hacía cosa de un mes. Entonces él me contó que le había gestionado una estadía temporaria en otro planeta, un trabajo en una galaxia de buen clima, donde ella podía ser feliz. Y ahora él la extrañaba, pero la prefería lejos. Es muy oscuro.

Cómo quisiera yo tenerlo lejos. Porque, entre otras cosas, escribo mucho mejor cuando él no viene. Corrijo tranquilo… No, es otra cosa. Escribo tan tranquilo que casi no corrijo. Tengo, porque no lo pierdo, el chip de la corrección, y lo aplico cuando quiero. Y gobierno con absoluta transparencia sobre el “send” y el “publicar”. Pero después viene Darth Vader y bardea: entra a mi carpeta de primeras impresiones, corta y hace “sent”. Me refiero a esa carpeta que tengo en el escritorio y se llama “Voy a cantar”. Donde todo tiene la forma de lo primero que se me viene a la cabeza. Ahí hay de todo. Hay cosas que se me vienen a la cabeza de repente, por distintos motivos. Y el mandado se mete y las publica en crudo. Pero ya sé lo que voy a hacer para alejarlo.

Abrí una carpeta nueva que se llama “Darth Vader”. Ahí escribo sobre las pesadillas de mi enemigo principal. Sé de quién tiene miedo, de quién no soporta que el mundo hable, de quién sospecha que está en la Tierra sólo para destruirlo. Para despreciarlo, para hacerlo sentir una mierda de hombre, para burlarse de él. Le tiene miedo a una cosita indefensa, disuelta, casi ínfima entre seres agresivos, violentos, movidos por pasiones bestiales, atados a la necesidad de humillar. Una noche por la calle él podría darle un codazo sin querer a esa cosita y tirarla al piso. Y sin embargo se siente vulnerado por una chuchería.

Hace semanas que no viene. Por internet manda mensajes generosos, invita a cenar. Arma listas de canciones, pero no quiero escuchar una canción en mil años. Vuelvo de trabajar todas las tardes y escribo y guardo, escribo y guardo. Antes de medianoche salgo a caminar treinta, cuarenta cuadras. Me gusta y me enorgullece caminar. Vuelvo a casa a la una, me acuesto.

Y me despierto siempre a las tres horas. Desde la calle llegan gritos, desde las vías del tren, hubo un asalto o algo. Entonces voy a la cocina en medio de la noche y me sirvo un vaso de agua que es como un brindis, y lo tomo despacito hasta que empieza a clarear. Un poco cansado, me preparo para ir a dar clase. Abro la ducha, me miro al espejo y me siento bastante bien. Le achaco esta especie de felicidad a que adquirí algo, no sé en qué caminata, que hizo que hoy las pesadillas me despierten.

s sueños y las pesadillas  me despierten.

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5 comentarios to “Darth Vader y yo”

  1. GG Says:

    Este Darth Vader… suena como un enemigo íntimo.

  2. denapoli Says:

    mire Griselda no me haga decir más, ya bastantes papelones hay en esas oraciones cortas. abrazo

  3. María Polito Says:

    Lucía se enteró que caminás mucho

  4. denapoli Says:

    Bueno, por lo visto vos conocés cosas que yo no.

  5. En Vidia Says:

    Escritura paleolítica o la literatura como prospecto para fines domésticos. El texto no me gusta, pero qué lindo sos cuando estás enamorado.

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