Freelancer en el patio

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Frente a la compu, en su casa, corrido por jefes que cambian
[como los días
arroja su lanza servil, ¿libre?, el hombre de hoy: el
Freelancer, lo llamamos así, él sólo llama y pide
ensaladas en Darwin’s, tira de asado en Calibán,
come y arroja de nuevo su cooperativa lanza en el corazón
de la época. Sabe que tiene que entregar,
le está prohibido pasarse un día y si en ningún lado
está escrita esa ley, por algo será. Desde un acuario
más actualizado que el suyo alguien espera el envío
de los documentos. Esta noche al pescado no lo veremos saltar
vivito y coleando en las redes sociales; la autonomía
exige que hoy el autónomo no le abra la puerta a nadie.
Cercado por tiempos capitalistas
que a la hora del deadline se vuelven estalinistas…

Ayer fue lo mismo: sublimó para otro día el descanso
con el agregado de que ayer el freelancer fue al banco y recibió
malas noticias y almorzó
afuera y cuando lo saludé desde mi ventana
dijo que el otro fin de semana me invita una cerveza.
De un tiempo a esta parte me desprecia.
Noviembre es un mes con demasiadas canciones
que hacen pensar en las vacaciones y el frila
para ahorrar tiene un método que es dejar de respirar
el aire de noviembre. Se pierde el aroma de los tilos
como se perdió, en su momento, mi aroma.
Novio, siempre novio de su trabajo…
Para ninguna novia lo más importante es el vestido,
para ningún frila lo más importante es el pedido y sin embargo
piensa en la entrega y posterga el descanso. Y sin embargo…

Sentado ahora en el patio, en calzones, ahora que anochece,
al lado una cerveza, el discurso amoroso de Barthes y en las piernas
un cuaderno donde se la da por poetizar,
el pendejo me está diciendo en qué consiste su vida.
Un inmaduro. Un tipo que cuando más debería concentrarse
[en el trabajo
le escribe poemas a la histérica que le tiene atada la pija.
Y un ladrón. Un lancero que en los días de mayor sacrificio
invoca al arte como el motor no de una experiencia trascendental
sino de la administración de su propio, sucio, mediocre tiempo.
Con dos horas de “evasión” aceita diez de rutina; “viaja”
un rato al Arte y vuelve con pilas al Sistema.
Los verdaderos artistas lo despreciarían:
querer robar el Fuego por terapia. Él desprecia a los que
rechazan el arte en nombre de la buena administración del tiempo, pero los verdaderos artistas lo colgarían de sólo ver
la cara de pelotudo extasiado que pone cuando toma cerveza
después de escribir dos líneas finitas sobre el aroma
de los tilos que no respiró.

Ya anocheció. Sigue en el patio. En cualquier momento se levanta
y vuelve a la compu como el aparato que es y que no cesa
de ser. Por ahora su cuerpo semidesnudo,
cuerpo que una vez me deseó y me penetró y hoy
tiene para mí la frialdad que tiene para cualquier vecina vieja
su cuerpo se demora en anotaciones pavotas,
ramitas pollerudas, canciones de una nota,
mientras pienso en la última vez que estuvo en casa,
en cómo se burló de que yo estaba estresada
y me obligó a seguir desnuda, justamente ¡el frila!
¡el mercachifle de mil jefes!, me dijo: “Si estás muy apurada,
quedate un rato en bolas y después
vístete despacio”.

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Una respuesta to “Freelancer en el patio”

  1. luiz roberto guedes guedes Says:

    Ac tambin somos frilas y, a veces, “bias-frilas” (i.e. “bia-fria”, o lavrador que come “bia” (comida) fria”.

    Luiz Roberto Guedes Av. Paulista 671/612 01311-913 S. Paulo SP |Twitter| @LRGuedes

    Date: Mon, 3 Dec 2012 17:19:15 +0000 To: lrguedes@hotmail.com

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