Forzar

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“La prostitución existió siempre y en todos lados”, se oye. En algunos lados más que en otros. En la zona roja de Flores, con eje en la calle Bacacay, circulan clientes todo el día, de todas las clases sociales. Y se juntan hay chicas y mujeres que eligieron eso: ganar plata fácil todos los días. No tienen cafishio, son autónomas, pagan la parada a la policía. Le cobran cien o doscientos pesos al cliente (más treinta para la media hora del hotel); hacen su yeite cuatro o cinco días por semana (existen reglas entre ellas y con la policía); ganan no menos de diez mil pesos al mes. No son pichonas. Paradas en la vereda, delante de los estacionamientos de los albergues, escuchan música de los celulares y sonríen con una expresión opaca en la cara, una expresión de sorna triste típica de las personas y las profesiones que se ejercen con independencia y a la vez con disgusto. Es la misma sorna triste que uno puede ver, por ejemplo, en la cara de algunos escritores: los que escriben a pedido, los que se venden todo el día, todos los días. Muchas de ellas no cambiarían su yeite por ningún trabajo, lo mismo que muchos de ellos.

También, en otra esquina, están las “semi-putas”. Hace un año escribí un ensayo sobre ellas, que dio el azar que fue leído por una periodista portuguesa que acabó viniendo a Flores a hacer una nota. Son las que trabajan unas horitas, así como están, en jean y pulóver. Quizás hacen otros trabajos, y añaden este para llegar a fin de mes. Paran en un bar, van con tipos que ya las conocen, que trabajan por la zona. No paran autos, van con los de a pie. Con las semiputas me identifico en cuanto a mis trabajos.

“La prostitución existió siempre y en todos lados”, se oye. Diciendo eso se pretende quitar sentido al reclamo de personas como Susana Trimarco y de cientos que luchan por ver presos a los que esclavizaron a la hija de esta mujer. Pero, ¿qué pasó ahí? ¿No estábamos hablando de prostitución? ¿No opinábamos sobre autónomas y autónomos que hacen la calle? Esclavizar parece otra cosa.

“Prostitución forzada” es otra cosa. El peso ahí lo tiene el adjetivo; el sustantivo podrá ser prostitución o trabajo. Es privar a alguien de su libertad y convertirlo en un objeto con el que obtener beneficios, del mismo modo que alguien compra un taxi y lo pone a trabajar. La humanidad o no del trabajo esclavo no importa, es secundaria; lo monstruoso evade todo juicio moral y es el hecho de convertir a una persona en un objeto que se posee y se explota y al que se lo tiene encerrado bajo llave o bajo amenaza (“si te escapás, matamos a tu familia” y esas cosas) para que rinda beneficios a su poseedor.

Vamos viendo que “prostitución” es una palabra muy general, que describe el yeite de muchísimas personas. Vemos cómo, también, existe una semi-prostitución, que describe el trabajo de muchísimas personas más. Y vemos cómo existe la trata, que por definición no nos dice nada sobre la voluntad del que es “tratado”. Ahí está la diferencia: la trata, el secuestro de personas, es la interrupción de un destino elegido -que podría ser el destino de trabajar, de no hacer nada, de zafar con un yeite fácil todos los días, o de hacer a veces lo que no nos enorgullece para así llegar a fin de mes.  No importa qué otro destino, porque la trata es el corte de eso. La trata es una forma de secuestro, no una forma de prostitución, y la persona secuestrada en un prostíbulo está en situación similar a la del secuestrado en un campo o en una fábrica clandestina.

Nadie va a marchar en apoyo a Susana Trimarco con el objetivo de erradicar la prostitución. La prostitución te parece triste o no, y punto. Estamos en contra del negocio de la trata de personas; sabemos que, como fenómeno social, ese negocio no existe en todos lados, y por lo tanto no es forzado que deba seguir exisiendo acá. No es forzado que exista siempre en ningún lado. Podrán existir siempre los prostitutos y las prostitutas, los semiputos y las semiputas. El negocio de la trata es otra cosa, que se puede erradicar.

Y muchos de los que hoy apoyamos en su lucha a Trimarco tampoco estamos pensando en que hay que erradicar el negocio de la trata, como si se tratara de un imperativo moral. Lo que hacemos es marchar contra la protección judicial al negocio de la trata de mujeres. Erradicar la prostitución es una utopía o una distopía, según quien lo mire, y de cualquier forma no viene a cuento; erradicar la trata es un desafío posible a mediano o a largo plazo; pero erradicar la protección judicial al negocio de la trata de mujeres es algo que Argentina debe hacer ya, y por eso se marcha. Para que se condene a los jueces que dejaron libres de cargo a los que, se ha demostrado, privaron de libertad a Marita Verón. Para que esos jueces vayan a la cárcel. O mejor: para, porque todavía se está tiempo, hacerles ver a esos jueces que deben rectificarse. Que lo que hicieron es monstruoso. Que lo que hicieron equivale a que, cuando lleguen del juzgado a sus casas, saluden a su hija y a sus mujeres diciendo “Puta, ¿qué me preparaste para comer?” Y para que, si no se rectifican, entonces sí vayan presos.  Presos y con toda la posibilidad de convertirse ellos mismos, los jueces, en las putas forzadas de otros hombres. Que así seguro se aprende.

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2 comentarios to “Forzar”

  1. Javiera Says:

    Gran texto. Sólo quiero agregar una sola cosa con respecto a la trata: el que elige cogerse a una mujer esclavizada es un flor de hijo de puta.

  2. Anavela Says:

    Ami leticia una mujer de 59 rubia paga 10 pesos para q en falcon no travaje tengo miedo el hijo salio de estar preso ase poco a una señora yamada olga

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