Un arte

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Una noche me dijo: “Es un tipo que no está muy interesado en mí,
pero lo extraño y pienso en él”.
Las cosas que siempre me reclamaba, “entrega” y “compromiso”,
se ve que del otro no las quería.

Pudo haber concluido que yo, el gran egoísta, nunca iba a cambiar,
siempre un pagado de sí mismo.
En cambio el otro, pese a que se mostraba frío y como indiferente,
pudo ser la promesa de un bien.

O quizás vio cómo me iba acercando a su pretensión con muestras
que a más fieles, más ridículas.
Quizás el otro asomó en su vida como la posibilidad de una fuente
inagotable de llevarle la contra.

Pero le dijo al mismo al que vivía reclamándole la famosa entrega
que el desinterés tiene su charme.
Ahí paramos. Fue el clásico golpear donde más duele, una sola vez.
O dos, si esto que escribo la afecta.

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