Archive for 21 enero 2014

Jubilee Street (Nick Cave)

enero 21, 2014

En Jubilee Street
había una chica que se llamaba Bee.
Su vida tenía una historia
pero no un pasado.
Cuando le bajaron la persiana
se instalaron los rusos.
Ahora a mí me da miedo
hasta de mirar atrás.
Bee cada tanto decía:
“Toda esa gente de bien que una se cruza
tendrían que hacer lo que predican”.
Así que acá estoy, cuesta arriba,
vuelvo empujando mi rueda de amor.
Es un amor desde la panza,
un dolorcito como de criatura.
Cargo también diez toneladas de catástrofes
de una cadena que pesa treinta kilos.
Pero acá estoy, empujando
mi rueda de amor.
Acá, en esta calle.
Y a los demás ahora los miro.

Lo que pasó es que Bee llevaba un libro
negro y chiquito
y en cada una de las páginas
estaba mi nombre anotado.
Cualquier chica tiene que llegar a fin de mes,
incluso las de esta calle.
Yo estaba como en otro mundo,
subiendo cuestas, perdiendo la cabeza…
Yo tendría que haber hecho lo que predico.

Por estos días
bajo hasta el centro de traje y corbata.
Llevo a mi feto
atado con correa.
Ahora estoy solo,
ya no me alcanzan las recriminaciones.
Se cerraron las cortinas,
ningún mueble quedó.
Y empiezo a transformarme.
Ya estoy vibrando.
Ahora brillo.
Ahora empiezo a volar.
Mírenme ahora.
Estoy volando.

On Jubilee street there was a girl named Bee
She had a history, but no past
When they shut her down the Russians moved in
Now I am too scared to even walk on past

She used to say:
All those good people down on Jubilee Street
They ought to practice what they preach
And here I come up the hill
I’m pushing my wheel of love
I got love in my tummy and a tiny little pain
And a ten ton catastrophe on a 60 pound chain
And I’m pushing my wheel of love on Jubilee Streets
I look at them now

The problem was she had a little black book
And my name was written on every page
Well a girl’s gotta make ends meet
Even down Jubilee Street
I was out of place and time, and over the hill, and out of my mind
On Jubilee Street
I ought to ṗractice what I preach

These days I go downtown in my tie and tails
I got a foetus on the leash
I am alone now, I am beyond recriminations
Curtains are shut, the furniture is gone

I’m transforming, I’m vibrating, I’m glowing
I’m flying, look at me
I’m flying, look at me now

[Lyrics to Jubilee Street by Nick Cave & The Bad Seeds]

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Gelman y Facebook

enero 17, 2014

Las redes sociales han mostrado ser inútiles a la hora de ayudarnos a responder estas y otras grandes incógnitas de la vida:
* ¿Por qué cerraron Crash y Juan de los Palotes?
* ¿Cómo se viaja al Partido, no al aeropuerto, de Ezeiza?
* ¿De dónde viene la gente a la que no le gusta la fainá?
Miles de preguntas. Estas de recién son un poco en broma. Pero algo se saca.

Las redes sociales le dan la espalda al pasado, a la experiencia. De Twitter ni hablo, si ni caracteres tiene, ese refugio de la cultura irónica. Las redes abusan del futuro: lo que seguramente haré, lo que probablemente haré, lo que posiblemente haré, lo que quizás en el fondo nunca haga. Facebook en sí fue sabio, y colocó un recuadro a la derecha para anunciar próximos eventos. Pero todo en Facebook al final lo volvimos anuncios de eventos. Es el lugar que elegimos para mostrar proyectos o para proyectar, que no es lo mismo. Todo para adelante, manga de vagos.
Hacen falta vendedores de pasado, no sólo de futuro, en las redes. Aunque le pongan ficción a lo que cuentan.

La muerte de Juan Gelman fue lo que me hizo pensar en esto.
Porque eso sí pasa en las redes: muere alguien que se admira, y ahí relatamos. Porque el corazón de los adolescentes, escribió Harold Bloom, es un cementerio de artistas muertos -y el de los adultos también. Entonces llega el Relato que hacía falta: y es MUY malo. Es un relato pobre, que muestra el núcleo del evento (“el día que mi hermana me regaló un libro de Gelman”) y el resto es apelar a la emoción. ¿Y qué más? ¿Qué pasó? ¿Después de tu hermana a quién se lo mostraste? ¿Dónde estabas? ¿Qué pensabas? ¿Con qué conectaste?
Silencio. Sólo emoción.
Desastre.
Claro que hay excepciones.
Nunca lo había pensado. Las redes sociales nos invitan a abusar del proyecto (levantero, profesional, hasta político) y de la proyección (psicológica y punto), y huyendo para adelante vamos perdiendo la habilidad de contar lo que pasó y cómo. Mi red está llena de escritores, encima, que no saben narrar. Gelman murió: recuerdo el día que me tocó presentarlo en el Centro Cultural Pirulo, dice un poeta, Bossi, y es eso y la inmensidad de sus sentimientos tocados, y algunos errores de ortografía.
Una chica: “Perdoname, Juan Gelman. Vos sabés por qué. Te querré siempre”.

De Gelman me gusta todo menos el tono, y así: no me gusta nada. Nunca pude terminar un libro suyo, pero no viene al caso. Al final Facebook era una elegía y estábamos al tanto, un mundo donde todos hablamos de los difuntos como de grandes amigos y damos permiso a nuestra mente para que diga que el corazón se nos acaba de destrozar.
Claro que todos entramos a las redes, un día, porque teníamos el corazón roto.
Hay que abrir el pasado y aprender de vuelta a contar algo.