Archive for 28 febrero 2014

Trato

febrero 28, 2014

En los días más difíciles
trato de aprender a respirar de nuevo y a
pararme en Buenos Aires
como si no fuera una ciudad en ruinas.
El cuerpo se cansó, y la cabeza hoy
es positiva, todo se dio vuelta como un guante.
Que cambien los hábitos,
le digo al chico que robó un Marlboro y se sentó
en la escalera de un palacio.
Que lleguen las conversaciones
con mucha más fluidez que las oscuridades.

Y él me mira,
el gran ganador de todos aquellos días.
A él le parece obvio (yo me había olvidado)
que este momento iba a llegar.

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La mujer de muchos ojos

febrero 27, 2014

Iba por Palermo Sohothe_girl_with_many_eyes
y no lo pude creer:
se me cruzó una mujer
la cara llena de ojos.

Era hermosa como pocas
y le di conversación
cuando vi que entre el montón
de ojos tenía una boca.

Me habló de sus artimañas
para escribir poesía
y del lío que tenía
para hacerse las pestañas.

Ya si querés escuchar
la historia de tanto ojo
no te asombres si te mojo
después de verla llorar.

.

THE GIRL WITH MANY EYES (Tim Burton)
One day in the park I had quite a surprise. I met a girl who had many eyes. She was really quite pretty (and also quite shocking!) and I noticed she had a mouth, so we ended up talking. We talked about flowers and her poetry classes and the problems she’d have if she ever wore glasses. It’s great to know a girl who has so many eyes, but you really get wet when she breaks down and cries.

La vida de Adele

febrero 25, 2014

Los adolescentes protestan y luchan contra el sistema hasta que se enamoran de alguien y mandan la política al closet. Viven enamorados hasta que un día les toca cocinar pasta y la vida se vuelve un desencuentro y la pasta mata al sexo. Alrededor no hay nada: ni amigos ni humor. El cuerpo herido por la infamia de vivir en sociedad se refugia en un empleo dentro del sistema de educación o en las redes de la gestión cultural: a los veinticinco, una isla.
De Sthendal a Rohmer, todo convertido en nada. Salí del cine, después de ver “La vie d’Adèle”, con la sensación de que Francia está muerta.

La pieza

febrero 17, 2014

Las siete… las ocho… las nueve…
ssshhhh… ufa… ahí-te-hago-tu-cacao.
El tiempo, el espacio, la casa
alquilada. La luz ya sin rescate

por la ventana. Y el hijo que tuvo un sueño
pero al contarlo no parece tan vívido.
Okei: Batman y un extraterrestre, ¿pero qué más?
¿Cuándo? ¿Por qué? ¿En qué lugar combatían?

Interrumpiste el ronquido de un padre, ahora
andá al grano si querés tu cacao.
Despertaste la curiosidad de un padre, ahora
no podés demorarte, sacá ese relato ya mismo.

Nació y al año hubo una crisis
muy nerviosa. En la patria, no en la paternidad.
Bueno, en todo. Pero los mocosos, tranquilos.
Los mocosos entonces balbuceaban.

Ahora es el sueño frente a las exigencias
de toda época: decirlo ya, saber decirlo.
No defraudar al superhéroe de la historia
ni irritar al villano de la presentación.

Ahí él mira al techo como quien llega tarde
a ver una casa en venta, reposado
en la idea de que el techo lo dice todo.
A mí el techo me dice gran cosa, y a él

finalmente le da a Batman y el marciano
haciendo de la luna un Luna Park.
Peleando duro los dos, pero al final
desde la lona gana el murciélago.

Ahora hay masa suficiente para el cacao.
Ya somos personajes, él, yo, la pieza crítica.
Entonces Batman empieza: Prepárate para el combate.
Le digo: Soy alienígena y le miento, siempre estoy preparado.

 

(2007)

Los vaqueros

febrero 5, 2014

Aquel que más posee, escribió Leonardo da Vinci, más miedo tiene de perder. Los antiguos héroes épicos (Ulises, Jesús) ya sabían de ese axioma. Pero nadie quiere ser valiente y carente, así que habrá que ser astuto. La astucia crea al viaje; toda épica tiene su oeste, su desierto, su lugar carenciado donde el héroe, hijo de los fantasmas de otra tierra más próspera, arraiga su objetivo: perder el miedo sin volverse pobre. Los héroes casi nunca son pobres, sólo construyen poder lejos de sus posesiones. Dentro o fuera de la ley. Salen a la aventura, al ruedo, a que se los señale. Muy importante, para esto último, la ropa.

“I see by your outfit that you are a cowboy”, dice una vieja balada, The cowboy’s lament. La traducción puede ser: “Por sus prendas se notaba que era un gaucho”. Valentía y vestimenta de la mano. Y hay que volver, si no a da Vinci, al Renacimiento: al “estilo acuchillado” que ponen de moda los soldados alemanes después de vencer a los franceses en Nancy (1477). Consistía en adornarse con jirones, tiras, flecos de la ropa lujosa del enemigo, pegados al propio atuendo, que desgarraban con ganas. Otra moda del siglo XV: los sombreros de campo pasan a las ciudades y a los reyes. El típico sombrero Stetson viene de ahí. Y hay un hilo más fuerte entre dos épocas: el hilo de jean. Desarrollado hacia 1500 en Francia e Italia –denim es “de Nimes”– y aplicado de entrada a los pantalones, el jean es otra tela renacentista.

Un género: el western. Puede ocurrir en el oeste como, desde ya, en la frontera con México, incluso en la frontera norte de los bosques (otro atuendo: sombrero de castor de Daniel Boone). Tiene los elementos para nada accesorios de la realidad del siglo XIX: ante todo, el tren y el rifle. El tren le recuerda al héroe lo que en algún lugar todavía posee; le trae oponentes y nuevos héroes, todos con su pasado urbano; le extiende el rifle. Y tiene los elementos para nada accesorios del pasado del lugar, de la tradición en lucha con la modernidad tal como luchan la ganadería itinerante y las alambradas. Estos motivos arraigados son todos hispanos: ranchos, vacas y mestizos desde los días de Hernán Cortés; los saloons –un hispanismo– desparramados en una extensión que no por llana deja de tener sus accidentes; el propio cowboy traducción de vaqueroy el paisaje social de las haciendas, el lazo fenomenológico con el indio, el letrado que también viaja al lugar pero no cuaja con el lugar.

Un género mucho más rico que su clisé donde el héroe es el justo o el bueno. Legal o no, moral o no, podrá ser un outlaw forajido, matrero, o un cowboy buenazo, cantor, con tendencia a meterse en líos, o el ranger enviado de la ley, o el mismo sheriff. Siempre es, por definición, el que tiene mucho que perder; y su oponente, el que no. Otro combate que enriquece al género es cuando el héroe ya no sabe por qué lucha.

(Del libro Una imprenta para los superhéroes. Historia del comic estadounidense y de su paso por América Latina)