Aboud Saeed: guerra, Facebook y poesía

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Introducción

Para un latinoamericano lo que hoy pasa en Siria es algo que pasa muy lejos y que no se entiende. Mientras Pepe Mujica se ofrece a recibir y criar cien niños sirios en su uruguaya quinta presidencial, se da en aquel país una guerra de desgaste extremadamente cruel con la población civil. A su vez de la población surgen voces lúcidas, y esta página busca difundir a una de esas voces, la de un poeta. En un contexto que hay que conocer.

Entre los países árabes, Siria es un caso singular. No descuella en petróleo ni, a diferencia de Egipto, es un gran punto de tránsito para el petróleo. Sí tiene gas. También agricultura, ganado y textiles, que normalmente exportaría. Tanto como el té circula el mate (Siria compra el 70% de la yerba mate que sale de Argentina a otros países). Lo otro: es un país que desde hace tiempo sostiene el libre culto en religión. El presidente y otras autoridades tienen que ser musulmanes. Pero el gobierno –una ‘dictadura con elecciones’, presidida desde los años 70 por la familia Assad- se opone a todo grupo islámico ortodoxo. El poder lo tienen los alauítas, musulmanes “herejes” desde el punto de vista más dogmático: por ejemplo, no ayunan para Ramadán. En Siria las mujeres no usan velo. Al presidente/dictador Assad se le reconocen logros en este sentido (como en otros aspectos culturales) y se le cuestiona el conservadurismo político (el poder en manos de pocas familias) y económico (beneficios para un puñado selecto de grandes empresarios). Y aunque en teoría el principal enemigo siempre fue Israel, en los hechos el conflicto ha sido ante todo con grupos como la Hermandad Musulmana, que derivó la matanza de Hama (1982). Aliados históricos del gobierno: Rusia (que tiene en este país una salida al Mediterráneo), Irán, más tarde se suma China. Desde Europa no se veía al régimen sirio como un problema hasta hace poco.

1. La guerra

Pero en 2011 creció la oposición a Assad. La novedad vino de sectores medios: el pequeño empresariado (marginado de los negocios con el Estado) y los estudiantes. Las protestas (“primavera árabe”) pronto incluyeron a los sectores islamistas fundamentalistas: la Hermandad y otros grupos. Una mescolanza, la oposición. Y Assad la reprimió cruelmente. Los rebeldes derivaron en revolucionarios. En la guerra, que sigue hasta la fecha, suman 150 mil las víctimas mortales, y ocho millones de sirios en el país dependen de la ayuda humanitaria de otros Estados, que no es efectiva.

Hay más de dos bandos en el conflicto, y esta es una razón por la que el término “guerra civil” no es el más adecuado. Opuestos al gobierno están, por un lado, los revolucionarios laicos (o al menos no agrupados bajo una consigna religiosa): la Coalición Nacional, que es una fusión de grupos políticos, y el Ejército Libre (EL), de militares rebeldes y ciudadanos. El EL no es exactamente el brazo armado de la Coalición, aunque hay sintonía entre ambos grupos.

Y del otro lado de la oposición están las milicias islamistas: grupos como Al-Nusra y el Frente Islámico, que pretenden restaurar el califato y la doctrina religiosa más ortodoxa. Sus miembros se formaron en las guerras de Afganistán, Irak y Libia.

Se diría que, para la Coalición, el régimen de Assad es bastante laico (eso sería lo positivo) pero no deja de ser una tiranía en favor de unos pocos. Mientras que para Al-Nusra la laxitud religiosa de Assad es lo condenable. En mi opinión, Assad podría parangonarse (salvando mil distancias) con lo que fue en México Porfirio Díaz: un progresismo mezquino, preferencial. La Coalición y el EL funcarían como Pancho Madero y Pancho Villa. Y acá se acaba la comparación con el México de 1910, porque el otro sector en disputa, Al-Nusra, no tiene parangón: es el Islam a rajatabla. Digamos también que muchos de los enfrentamientos armados se dieron entre esos distintos sectores de la oposición.

El problema se agrava, sin embargo, por la falta de nítido apoyo internacional en una dirección. Rusia y China sí son, hay que reconocerlo, claros: apoyan al gobierno sin vueltas, negocian con él, le proveen armamento. Europa hoy condena a Assad, toma distancia de los rebeldes fundamentalistas y apoya, sólo que tímidamente, a la Coalición. Pero no ayuda a esta más que con fondos humanitarios. Mientras que Estados Unidos toma una actitud compleja y juega a dos puntas, favoreciendo por momentos a Assad y, más que nada, y en forma solapada, a los grupos islamistas. Son grupos ligados a Al-Qaeda, y se denuncia permanentemente que Estados Unidos los provee de armas. Los líderes de Al-Nusra han sido en estos años removidos de las listas negras de Washington.

Hoy la Coalición Siria pierde terreno y se fractura, a la vez que recibe acusaciones de corrupción, dineros humanitarios que habrían quedado en sus bolsillos. El combate es ante todo entre los islamistas extremos y Assad, quien parece estar saliendo triunfante y perpetuarse en el poder. Las matanzas continúan, la ONU (en parte por el apoyo de Rusia y China al régimen sirio) no consigue tomar posición. Algunos opositores comienzan a pensar que después de todo con Assad gobernando en paz no se estaría tan mal. Pero los grupos fundamentalistas financiados por Washington y otros países árabes no aflojan. Se habla ya de una guerra de desgaste propiciada por Estados Unidos para que dure y dure y dure… Y hay ciudades que desaparecieron.

2. El Facebook

Alepo era la ciudad habitada más antigua del mundo. Queda en el norte de Siria, cerca del Eufrates. Hoy está devastada por las bombas.

A 70 kilómetros de Alepo vive el joven Aboud Saeed, de treinta años, que trabaja de herrero y duerme en una pieza con su madre y sus siete hermanos. Simpatizante y, diría yo, aliado y promotor (aunque no un cuadro cultural) del Ejército Libre, Aboud es un herrero que pasó por la universidad y que escribe poesía.  En general escribe posts de levante para, en un mecanismo que ya describieron tipos tan disímiles como Freud o Charly García, tener con quién coger mientras caen las bombas. Entre esos posts y actualizaciones de su cuenta de Facebook está su poesía, junto con sus reflexiones acerca del sexo, la guerra, la soledad, la internet, los mecanismos de seducción y las políticas locales e internacionales de destrucción del pueblo sirio. Y parte de ese material fue reunido en libro, primero, por una editorial de Berlín, y luego en castellano y desde Buenos Aires por Gabriela Massuh (Mardulce Editora) bajo el título Yo, el más inteligente de Facebook.

Redes sociales, guerra y poesía son tres modos de entrarle a ese libro. El primero pide pista desde el título y hace de persiana que tapa o deja ver (según el lector) a los otros dos. Todos sabíamos desde el comienzo que las redes sociales iban a promover escritores: si Facebook se creó un domingo, al lunes ya se esperaban los libros de recopilaciones de “estados” o de posts. Son algo así como un nuevo género, y lo curioso es que haya gente que, con una postura para mi gusto muy trivial, ante la aparición de un libro de ese tipo responda cosas como “ya fue, es una idea que ya se usó”. Como si recopilar posts y editarlos fuera un gesto, una ingeniosidad autoconclusiva, ajena al contenido de lo que se edita, tal como puede serlo la elección de una manera original de numerar las hojas de una edición: algo que inventa un diseñador genuino y que los demás copian. En las redes, sin embargo, se agitan ya la mitad de las palabras de este mundo: mueren, nacen, se renuevan. Sólo un estúpido puede seguir subordinando lo que hoy se escribe en una red social al prestigio o desprestigio del envase (yo debo ser ese estúpido en cuanto al uniforme mundo de Twitter, no con el resto de las plataformas).

El tema entonces pasa a ser lo que se escribe, el potencial de cada discurso en particular -discurso de un grupo o de un individuo. Unos más que otros los perfiles se hacen notar, y unos más que otros se trasvasijan del muro al chat (conversaciones privadas sobre X), al blog, a la nota periodística, finalmente al libro. Es al revés de lo que era: hoy todos los que escriben empiezan teniendo lectores, y con ningún libro viene la sorpresa de que su autor es escritor.

“Todos duermen con un arma debajo del perfil”, escribe Saeed en su mejor veta aforística. A mi juicio la red no condena, pero tampoco condona: hay que saber usarla. Y Saeed la aprovecha en tres sentidos: para construirse un prestigio (a veces con histeria, opinando al tuntún, pidiendo a gritos ser mirado), para ganar opositores al gobierno y, no menor, para difundir su poesía.

3. La poesía

Mientras mi bella vecina baldea el piso de su patio, yo la miro fumando desde el balcón.
Fumo para darle la impresión de que estoy sumamente ocupado, de que no estoy solo; fumo para echarle las cenizas de mi cigarrillo delante de sus pies.
Fumo para insultar al dictador cada vez que trago humo.
Fumo para que el humo me dé en los ojos, para que se irriten, empiecen a lagrimear y mi madre crea que estoy llorando a mis amigos muertos.
Fumo y genero verdaderas nubes de humo para que el mundo civilizado crea que nuestra casa se está incendiando y nos manden a los bomberos con cuadrillas de rescate.
Fumo para que mi madre no deje de fumar.

La poesía de Saeed recoge el guante de la mejor tradición poética árabe. Tiene el tono del sensualismo y de la melancolía social, no alienada, que es un rasgo y una virtud de algunas culturas (también de la japonesa) donde a lo largo de los siglos los poetas encarnaron el rol de la oposición dócil al sistema. Pero Saeed innova en esa línea y es más crudo, más claramente opositor. Y lo hace sin la menor mancha de miserabilismo, la suya es poesía política genuina. No llora a los cadáveres, llora a los cuerpos y les pide que se levanten.

Yo, el más inteligente de Facebook es uno de los libros más bellos y actuales tanto en sus temas como en su valor literario. En Alemania al autor se lo llamó “el Bukowski sirio”, quizás enfatizando su veta más anarco y sus posts que hablan de coger. Pero es una comparación injusta, ya que como poeta es mucho más -yo diría que es un “Pessoa del conurbano sirio en guerra”- y como intérprete de la situación en que vive no lo veo tan anarquista. Saeed toma partido, de forma nada panfletaria, lo que no deja de ser una obligación para alguien que escribe. Su posición es también la más difícil en un país y una región, la islámica, donde el poder político-religioso promueve el analfabetismo, la miseria y la muerte de la mano de sus amigos-enemigos de afuera.

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3 comentarios to “Aboud Saeed: guerra, Facebook y poesía”

  1. luzpearsonwp Says:

    Cris! Me lo devoré en el bondi apenas comprado. Calidad milagro. No importa tener razón pero tenías razón.

  2. denapoli Says:

    me encantó tu comentario. Luz, ¿dónde puedo comprar tu libro?

  3. luzpearsonwp Says:

    me explota la libertad que siento cuando lo leo. muchas gracias Cris por recomendarlo! Tardis está en Mendel, El gato escaldado, Librería Norte, y próximamente en La Libre y Musaraña. Pero te lo regalo encantada, me gustaría lo leyeras.

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