Archive for 23 enero 2015

La selfie del fiscal

enero 23, 2015

nisma

Ayer leí las primeras 200 págs del libro de Nisman. Lo más llamativo de ese texto es su bipolaridad. Está dirigido a un Juez Federal pero también a un público lector. Para eso Nisman se atreve a conjugar tonos que me imagino que en un texto jurídico no son los más comunes. Abusa de dos procedimientos retóricos: 1) la interpretación de sucesos puntuales de la causa como acontecimientos (tristemente) singulares de la historia argentina. Esta veta historiadora de raigambre claramente sarmientina se asienta en oraciones de tipo “Nunca antes en nuestra historia … (había pasado tal cosa)”. 2 ) Lo otro es la profusión de observaciones cortitas y emocionales al pie, por ejemplo cada vez que, después de una oración larga y “correcta” en términos del discurso jurídico, remata con cosas como “Vaya ironía”, así, entre puntos. Son, para mí, zonas del texto que ponen en evidencia el doble destinatario y traslucen, a su vez, los problemas típicos de los textos con doble destinatario: que uno termine produciendo medio mensaje para cada tipo de lector, en vez de un mensaje completo para un lector determinado. Pero otra cosa también sentí yo después de leer esas primeras 200 páginas: Nisman no se suicidó. Alguien que escribe “Vaya ironía” no se suicida. Está(ba)mos ante un jugador, independientemente de sus convicciones, un verdadero jugador, alguien sin el menor conflicto interno a la hora de ponerse en juez moral de la historia -y aclaro que el discurso jurídico en general requiere eso, un tono moralmente superior, pero no un “yo” moralmente superior; el discurso jurídico justamente se cuida de esto último evitando toda retórica más o menos impulsiva. Nisman hace lo contrario. Nisman hace todo, toca todas las cuerdas posibles, su discurso es la pesadilla del rizoma bajo control.

Como nota al pie, ayer hablábamos de esto con mi amiga Mon Sendra y salió de la nada en la conversación algo que dice Kurt Vonnegut cuando habla de los “self-indexers”, la gente que es “auto-indexadora”, los escritores que te mandan un manuscrito y ellos mismos se hacen el índice del libro. Decíamos con Mon: un tipo que le hace el índice a su propio libro es alguien que es capaz de vender a la vieja. No me es fácil pensar la relación entre esto del self-indexer y Nisman, pero la sentí con mucha fuerza. Quizás se deba no sólo a su discurso escrito sino también a algo que me llamó muchísimo la atención: que el sábado Nisman haya desplegado minuciosamente sobre una mesa de su casa las hojas de su denuncia y haya sacado (y enviado) una foto de esa mesa, una foto probatoria de la aplicación y el esfuerzo de su trabajo. Una selfie autoindicial.

No hay más Dios (que Dios)

enero 7, 2015

larach

En la mesa de un barcito de la costa atlántica, hace quince años, de visita en la ciudad marroquí de Larache, escuché por primera vez hablar de “post-islamismo”. Un estudiante ateo, o laico, que nos invitó a mi amigo y a mí a compartir su mesa, tiró en un momento la palabra. Ahí, en el borde más cercano a Occidente del mundo de la sumisión a Dios o islam, el futuro se presentaba luminoso para aquel pibe que no había querido, dijo, irse a vivir a Europa y convertirse en ciudadano de segunda. Veía un avance de la democracia en los distintos países musulmanes, desde las playas de Larache hasta la isla más oriental de Indonesia, casi pegada a Australia, y estaba tan confiado en el futuro que, cuando se habló de grupos fundamentalistas, dijo que cada vez convocaban menos adeptos. Muchos de esos pequeños grupos se nucleaban en una historia y un nombre: Hermanos Musulmanes. Pero según los teóricos y los partidarios del post-islamismo, estaban condenados a desaparecer. Hace quince años nos sentábamos, mi amigo Federico y yo, en ese barcito donde, según el estudiante marroquí, alguna vez se habían sentado a tomar té con menta Bob Marley y los Rolling Stones. A unos metros estaba la playa y el mar abierto, celeste; un poco más lejos, en un vallecito, las ruinas romanas, totalmente abandonadas entonces, de la estación de Lixus: punto de embarque marítimo de leones africanos hacia los circos de Roma. En la televisión del bar –un local donde sólo entraban hombres– estaban pasando “Expedientes Secretos X”. (more…)

Cuatro pelis de adolescentes

enero 2, 2015

boyhood

En esa etapa que va desde dejar atrás la escuela primaria hasta dejar atrás (o al menos creérselo) la casa de los viejos; durante esos años consagrados al robo de gestos y momentos restitutivos de una felicidad que existió o, mejor todavía, de la que se fue testigo, salvajemente exhibida por los veinteañeros, y que por lo tanto ahora se merece; en ese tiempo donde no asoma fácil, pero tampoco imposible, romper la ley y sentir que se le puede ganar por knock out a la fría administración de la vida, las personas vivimos lo que la gente de otro planeta llama “adolescencia”. Palabra rara, que invita a pensar que todo suma y que las correcciones que nos hacían fueron al pedo (no es ni con s ni con c, ¡es con las dos!), pero que igual rechazamos, cuando tenemos esos años, porque nos resulta vacía de contenido: como si existiera otra edad. “Viene de adolecer, que significa sufrir”, dice la tía más volcada a los programas de media tarde. La tía inventa mal, su perversidad llega al punto de querer fraguarle a nuestros días una fatalidad instalada en el idioma. Nada que ver, viene de adulto, dice un primo al que odiamos porque es “joven”. Qué jodidos son todos. Si venía de sufrir era mejor.

Y aunque no sé si es muy representable –es la edad donde andamos siempre peleados con las imágenes–, lo cierto es que el cine supo buscar la adolescencia con una  tenacidad implacable, y lo hace cada vez más. Lo que el cine encuentra en ella, en principio, no siempre, es un final abierto, y eso, para toda película que le escapa a Hollywood, se diría que es casi una obligación. Las historias de adolescentes tienen además otra característica y es que, en cine, suelen ocurrir en el tiempo presente desde el que se filma o narra –hay excepciones, como María Antonieta de Sofía Coppola o, en nuestro país, la versión que hizo Javier Torre de El juguete rabioso– mientras que, en la literatura, la adolescencia retratada muchas veces atrasa unos quince o treinta años, ubicándose en la edad del pavo del propio escritor. Punto, entonces, para los directores de cine por sobre los narradores, que son más nostalgiosos.

Podríamos hablar de veinte, treinta, cincuenta películas que vemos cada año y en donde los protagonistas están ahí, en esa intemperie. Yo voy a hablar de cuatro que se estrenaron hace muy poco, en este 2014 de alto contenido púber, año en que el trono del idealismo fue finalmente desocupado por el Che Guevara para pasar a manos provisorias de Pepe Mujica y donde hasta los chicos católicos, por lo común formateados en la displicencia, siguen escuchando y tratando de asimilar el “Hagan lío” del Papa. (more…)