La selfie del fiscal

by

nisma

Ayer leí las primeras 200 págs del libro de Nisman. Lo más llamativo de ese texto es su bipolaridad. Está dirigido a un Juez Federal pero también a un público lector. Para eso Nisman se atreve a conjugar tonos que me imagino que en un texto jurídico no son los más comunes. Abusa de dos procedimientos retóricos: 1) la interpretación de sucesos puntuales de la causa como acontecimientos (tristemente) singulares de la historia argentina. Esta veta historiadora de raigambre claramente sarmientina se asienta en oraciones de tipo “Nunca antes en nuestra historia … (había pasado tal cosa)”. 2 ) Lo otro es la profusión de observaciones cortitas y emocionales al pie, por ejemplo cada vez que, después de una oración larga y “correcta” en términos del discurso jurídico, remata con cosas como “Vaya ironía”, así, entre puntos. Son, para mí, zonas del texto que ponen en evidencia el doble destinatario y traslucen, a su vez, los problemas típicos de los textos con doble destinatario: que uno termine produciendo medio mensaje para cada tipo de lector, en vez de un mensaje completo para un lector determinado. Pero otra cosa también sentí yo después de leer esas primeras 200 páginas: Nisman no se suicidó. Alguien que escribe “Vaya ironía” no se suicida. Está(ba)mos ante un jugador, independientemente de sus convicciones, un verdadero jugador, alguien sin el menor conflicto interno a la hora de ponerse en juez moral de la historia -y aclaro que el discurso jurídico en general requiere eso, un tono moralmente superior, pero no un “yo” moralmente superior; el discurso jurídico justamente se cuida de esto último evitando toda retórica más o menos impulsiva. Nisman hace lo contrario. Nisman hace todo, toca todas las cuerdas posibles, su discurso es la pesadilla del rizoma bajo control.

Como nota al pie, ayer hablábamos de esto con mi amiga Mon Sendra y salió de la nada en la conversación algo que dice Kurt Vonnegut cuando habla de los “self-indexers”, la gente que es “auto-indexadora”, los escritores que te mandan un manuscrito y ellos mismos se hacen el índice del libro. Decíamos con Mon: un tipo que le hace el índice a su propio libro es alguien que es capaz de vender a la vieja. No me es fácil pensar la relación entre esto del self-indexer y Nisman, pero la sentí con mucha fuerza. Quizás se deba no sólo a su discurso escrito sino también a algo que me llamó muchísimo la atención: que el sábado Nisman haya desplegado minuciosamente sobre una mesa de su casa las hojas de su denuncia y haya sacado (y enviado) una foto de esa mesa, una foto probatoria de la aplicación y el esfuerzo de su trabajo. Una selfie autoindicial.

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