Kryptonita, de Leo Oyola

by

kry

Es toda una tradición literaria en estas tierras -y una muy querida, incluso cuando apenas pasa de pícara- que los héroes del mundo mundial, los mitos del folclore y la literatura de Oriente y Occidente, vivan también un episodio criollo, una singular y más o menos discontinua deriva argentina, muchas veces por caminos suburbanos. Momentos de esa tradición incluyen al diablo alemán, el Fausto, leído y comentado por dos gauchos orilleros del siglo XIX, así como a diversos seres de la mitología europea reencarnados en un grupete de escritores que se mueven oscuros por la noche de Saavedra, según la imaginación de Marechal. En estos primeros pliegues del siglo XXI la misma tradición se enriquece con el aporte, entre otros, de la novela Kryptonita de Leo Oyola, que salió a la calle en 2011 y hoy se reimprime a granel gracias a que fue llevada al cine.

Y si el Fausto de Del Campo ejerció la parodia de un modo distraído, tomando el texto referente casi como mero punto de partida para después someterlo a cuitas propias, la otra posibilidad para el género es la que da el Adán Buenosayres de Marechal: una parodia más erudita, persistente como un tábano culturoso, engolosinada todo el tiempo con guiños y alusiones al original. De esas dos vías, la segunda lleva como sangre el humor literario, mientras que la primera prefiere el humor a secas. Por esto, creo yo que en la línea de Marechal hay que ubicar a esta nueva Kryptonita, novela que sigue de cerca una larga ristra de héroes, rasgos y condiciones del género de historias de superhéroes, un género donde incluso las principales productoras de aventuras superheroicas -como DC Comics- suelen practicar la parodia de sí mismas (se me viene a la mente hora una historieta de DC que se imagina cómo sería el mundo si Superman hubiese aterrizado en Rusia).

Oyola forja su historia sobre esta base: la Liga de la Justicia -grupo de personajes DC que originalmente son siete: Superman, Batman, Mujer Maravilla, Flash, Linterna Verde, Detective Marciano y Aquaman- no es la que ‘existe’ en Estados Unidos sino la que nació, se crió y vive en La Matanza. En sus andanzas conurbanas, los siete forman una banda de delincuentes. Salvo en un caso, cada protagonista de la banda de Pinino tiene su filiación con alguno de los miembros de la Liga original, excepción hecha del caso de Cuñataí que por sus pilchas emplumadas no remite a Aquaman sino a la Mujer Halcón. La novela va desgranando de a poco, de un capítulo a otro, todo ese juego que nos revela la correspondencia entre un héroe del norte y un superhéroe matancero, trenzándose además en cifras y alusiones apenas perceptibles a muchos otros personajes del catálogo de DC y Marvel Comics. Así por ejemplo el Señor de la Noche (nuestro Batman) puede hacer un chiste sobre Daredevil, que posiblemente no captan los lectores ajenos al palo. Puede que tenga varios momentos crípticos esta kryptoyolanita, que hasta serían molestos si no fuera porque la apuesta central de todo el juego es por la lengua.

Es una novela barroca, lo vemos de entrada. Habla del habla: la jerga callejera del “pata negra”, la jerga profesional del “obitó”. No es un texto cinematográfico porque su lujo pasa por despreciar la acción; así y todo fue llevada al cine, con resultados que para mí fueron pobres. Es, decía, barroca. Egiptológica por momentos, descaradamente clara en otros, gozosa.

Y es, al mismo tiempo, un novela sobre la cultura, nostálgica y viva. Oyola cuenta a través de sus superhéroes lo que él cree -y yo también- que es una estética popular bonaerense generacional, en base a un kit de preferencias que moldean las biografías de los que hoy tenemos cuarenta años. Formados en cierta industria cultural tangencial que incluye un mapa de bares y boliches, un paseo de calles o comercios y una discografía ochentosa -esto, la música, es muy importante- que en apariencia es yanki pero que en realidad es más italiana que otra cosa, toda esa base de datos que definen la personalidad de los protagonistas Pinino y Lady Di nos calca: somos eso, no mucho más. Me gusta pensar que un lector con la mitad de nuestros años, un adolescente, igual los capta y los disfruta. Y como muchos de los lectores que está teniendo la novela son pibes y pibas, todo indica que Oyola lo logró. Kryptonita es nostalgia que está viva. Mucho mejor que el presente apático y muerto en más de un novelista de hoy.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: