Bowie

by

bowie

A comienzos de los ’80, en los barrios de Buenos Aires, la música y el estilo de David Bowie eran uno de los pocos ecosistemas, si no el único, en los que un adolescente podía apoyarse antes de tomar una decisión antipopular. Como por ejemplo la decisión de hacerse el lindo, la de vestirse limpio, o la de jugar a ser puto. Pero la gracia justamente de ese ecosistema era que le proveía a cualquier chico de clase media o mediobaja una posibilidad de lookearse elegante o coquetear con otros hombres sin perder el nexo con el paisaje ortodoxo del rock barrial. Esa era la diferencia entre que te gustara Bowie y te gustara Duran Duran o Culture Club. El halo de Bowie podía rozar, pero nunca incluir del todo, a esas otros solistas y bandas menos conocidos como Brian Ferry, Japan, Eurythmics o Spandau Ballet. Bandas que en Inglaterra habían creado una tendencia y una etiqueta: new romantics.

Todas esas bandas o solistas new romantics surgidas en los barrios de clase media londinense entre 1980 y 1982 se habían inspirado en Bowie. Particularmente en un acto de Bowie: su recital en Japón a fines de 1978. Ese concierto fue el emblema de una de las varias transformaciones del músico a lo largo de su carrera: marcó el pasaje del glam al glamour. Además de que sus canciones a partir de ahí empezaron a hablar más de baile y de amor, también su vestuario se repensó: mucho color, como siempre, pero ahora en sacos y camisas de corte “normal”. Lo otro llamativo de aquel concierto en Japón era el ambiente, la puesta de un escenario de claroscuros y sobriedad. A diferencia del glam, el glamour requería un choque entre figura y fondo. La estilización pasaba a ser un detalle (aunque no escondido sino evidente) del cuerpo y de la ropa del músico, inserto en un escenario depurado y ligeramente aséptico.

Como construcción estética, el Bowie “elegante” tenía un lado interesantísimo. Porque era una apuesta por desestimar y en última instancia destruir la ideología del “distinto”. Antes, el glam había sido frecuentar a Warhol; ahora el glamour, en cambio, era codearse con Tina Turner. Tina, además, estaba mucho más cerca que Warhol del ídolo de la infancia del Duque: Little Richard. De esas dos visiones de Estados Unidos, Bowie elegía una elegancia popular, una aristocracia callejera. Y su gesto no pasó desapercibido por los chicos de mi generación. Por eso los “conchetos” nunca asimilaron ni se identificaron con Bowie. Porque no podían encontrar en su propuesta argumentos para acusar al pueblo de “grasa”. Esos chicos de zona norte como nuestro actual ministro de Economía Prat-Gay necesitaron otras tendencias para formular su desprecio de clase. Lo que se entendía y creo que se sigue entendiendo por “concheto” es esa parte de la clase alta o medioalta que, por alguna razón, generalmente psicológica, necesita enfatizar que es de clase alta o medioalta. Es decir, la clase indiscreta. Opuesta a todas las clases elegantes.

Pienso en Bowie y más de una vez se me viene a la mente Potenzoni. Si a los doce años el Duque era el único chico de Bromley al que el padre le podía comprar una batería y un saxofón, Potenzoni era el único de Villa Real que tenía reloj con jueguitos. A Potenzoni le gustaba más Duran Duran (aunque a veces, cuando estaba con las chicas, podía preferir a George Michael), lo que no quitó que se le volara la cabeza, me consta, cuando con Cristian Godoy le hicimos escuchar el dúo Bowie-Jagger cantando “Dancin in the streets”.

Mi propio Bowie de todos modos llegó bastante después. Fue el Bowie electrónico que, influido por una nueva cultura callejera londinense como la de Massive Attack, fusionó al romántico con esa otra constante suya, la figura del viajero espacial, en un bloque de canciones que sonaban a distorsión dulce. Ese Bowie alrededor de los cincuenta años, recién casado con la modelo somalí Iman, marcó mis veinte. Es el período que va del disco Black Tie (1993) a Reality (2003), y que incluye temas como “You`ve been around”, “Spaceboy” y la perfección que es “I’m deranged”. Mi mejor amigo el Champion Docampo empezaba a trabajar de deejay; yo desgrababa clases en la facultad. Mi esposa era una finlandesa hermosa que había venido a Buenos Aires a estudiar guaraní. No teníamos plata y éramos felices.

Anuncios

4 comentarios to “Bowie”

  1. Comandante Cansado Says:

    Linda crónica. A mí me partieron la cabeza dos temas de Earthling: Little Wonder y Dead Man Walking, sobre todo el último. Era agresivo, electrónico, agresivo y medio industrial (estilos que no eran los míos en general en música en ese momento). Y sin embargo….

  2. chaves Says:

    esperaba leer algo así. thanx, cristian

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: