Las colecciones populares (1)

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En los comienzos está la colección, una palabra del orden de las jaurías, las alamedas y las bandadas. Según las décadas de un viejo siglo, esa primera experiencia de lectura pudo llamarse Clásicos Billiken, Colección Robin Hood, Los Cuentos del Chiribitil o Elige tu propia aventura. A veces, y porque la infancia tiene el atributo pero no el monopolio de la fidelidad, se da el caso de lectores que siguen atados de por vida a una matriz, hombres y mujeres que se resisten a dejar “El séptimo círculo” o “Grandes Novelistas”. ¿Por qué nos gustará tanto? Quizás en su democrática razón de ser hay un desprecio por el don (lo único, lo insuperable, lo que no tendrá igual) y una consagración de la expectativa (lo que sigue, lo que falta, lo que un día aparece). Uno diría que su fundamento puede captarse en aquel chiste del Negro Dolina: “Más difícil que trazar una línea entre A y B sin que C se dé cuenta”. La colección es eso: la esperanza puesta en C y después en D, esperanza no de que el show siga, más bien de lo contrario, de que vuelva a empezar, parecido pero distinto, en otra parte. Otras continuidades (los volúmenes de una saga, las temporadas de una serie) tienden a renovar el packaging, la cobertura, y mantener intacto lo demás. Las colecciones hacen lo opuesto: igualitos de afuera todos sus episodios, por dentro cada uno instala un tiempo, un espacio, un argumento y unos personajes, a veces ajustándose a un bloque o un eje temático, otras ni eso.

centroY colecciones de libros hay miles, más que coleccionistas. Todas las editoriales tienen una, o dos, o diecisiete. En los años 70 el CEAL (Centro Editor de América Latina) podía llevar veinte colecciones en paralelo, que se ensanchaban religiosamente, materialistamente, con un nuevo título a la semana o al mes. Más cerca en el tiempo, la editorial Mardulce tiene cuatro colecciones, aunque una de ellas se discontinuó, justo la que se llamaba “Tiempo”, y que era para asuntos sociales muy contemporáneos (extractivismo, desarrollo, guerras). También propone cuatro Eterna Cadencia y, otra vez, se paralizó la que más tenía que ver con el tiempo, “Crónica” (pobres los de Eterna: creyeron que la crónica era algo genuino, y no el negocito de una universidad). Entre los sellos medianos y grandes, Cuenco de Plata mantiene nueve, Adriana Hidalgo hoy maneja diez, Losada lleva adelante siete, Colihue unas treinta aunque engrosadas a ritmo relax. Ya los grupos como Planeta o Random House coleccionan editoriales, no sólo series de libros, y a veces más que sumar desagregan, compran para eliminar, como hicieron entre otros sellos con Grijalbo.

Todos los libros de una colección comparten cosas como el tamaño y cierto diseño de tapa, además de un campo de sentido que suele identificarse con un área x: narrativa, teatro, historia, poesía, filosofía, psicoanálisis, etc. La aspiración máxima de quienes las editan consiste en forjarle un diseño al espacio privado del lector, un sector del hogar donde continuidad y contigüidad se exhiban como tales: todos o casi todos los tomos en fila. Hay colecciones tan prestigiosas que se convierten en fetiche: existen para el espacio más que para el tiempo de lectura. Muchos quieren llenar sus bibliotecas, por ejemplo, con la colección “Compactos” de Anagrama, de preferencia sin que ningún tomo ajeno a la serie los perturbe, y, si no es mucho pedir, sin que las ganas de leer alteren la disposición obsesiva del estante quitándole fugazmente una margarita. La colección “verde” de Losada, la de filosofía, es otro caso, aunque distinto, de prestigio: salvo los abogados con ínfulas, la gente que compra esos tomos lo hace para leerlos, transportarlos, subrayarlos, estropearles los bordes a gusto y terminar posándolos al lado de cualquier otro objeto, no siempre un libro. Recientísima, la “Futuros próximos” de Caja Negra es ejemplo de saga con su buen puñado de feticheros ansiosos. La “Serie del Aventurador” (la naranja) para grandes historietas nacionales que saca Colihue ni siquiera tiene defensores o detractores, de tan parecida que es a lo indiscutible.

losada

futuros

(sigue)

 

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