Archive for the ‘Crónicas’ Category

Bowie, entre el cielo y la pampa

abril 12, 2018

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Fragmento de un texto sobre David Bowie y la recepción argentina de su música. Con testimonios (que agradezco mucho) de Beatriz Vignoli, Carolina Muzi, Patricio Torne, David Wapner, Horacio Fiebelkorn y Andy Andersen.

A las preguntas sobre cuándo y cómo aterrizó Bowie en la pampa, y en qué medida se lo conoció antes de que los dúos con Tina Turner y Mick Jagger lo volvieran popular, le pueden salir al cruce distintas respuestas según uno vaya a las primeras noticias de prensa, a los discos que se editaron en el país o a la recepción concreta de las personas. Si nos guiamos por lo primero, al parecer todo habría empezado en el ’72 con una serie de notas muy elocuentes, por más que nada digan sobre el impacto real. En muchos países las revistas de música cumplen una función de destape: introducir temas y figuras internacionales a riesgo de que lo nuevo no esté a mano. En la Argentina de los ’70 algunas revistas acentuaban esa espectralidad porque, como se oponían al negocio del rock, no había problema si en las tiendas faltaba el disco que comentaban. Así, Bowie tema de revista es un año y medio anterior a los vinilos criollos de Bowie. Y de entrada cala en notas extensas, exclusivas, polémicas. Que hablan del ‘fenómeno’, de ‘la Gran Estrategia Bowie’, cuando el músico es casi un desconocido. Eso es lo que hace la revista Pelo, la más importante, y la que lo introdujo. El artículo puntero (Pelo 32, 1972) tiene este título: “Con el apoyo del pueblo dominaré al pueblo”. La nota no habla de música; dice: “los productores lo aman y veneran”, “la mayor parte de su actual fama la ha logrado gracias a sus ropitas y gestos unisex”, “los fans adolescentes se preocupan con felicidad por averiguar qué ropa se va a poner esta semana, mientras que las audiencias universitarias preparan diletantes tesis sobre los reflejos de la cultura contemporánea en los trabajos de David Bowie”. (more…)

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Ivo (Primera parte)

enero 18, 2018

ivoA muchos la vida de Ivo siempre nos tuvo sin cuidado. Hoy un libro dice que tiene más de sesenta años y que vive solo en el campo, rodeado de perros. Fuera de ese libro, que no está traducido, es casi nada lo que se sabe de él. Su biografía en Wikipedia es de las más sintéticas que vi, apenas diez líneas, y hablo de la versión en inglés, su lengua materna. Ni siquiera está la fecha de nacimiento, como para saber de qué signo era. Lo que destaca esa minibio es un hecho drástico: en 1994 Ivo sufrió un colapso nervioso y decidió vender todo, y retirarse a los cuarenta. No es un dato menor, pero insérteselo en una vida de repliegues y padecimientos varios, como puede que sea la vida de Ivo, el primer dark. La Wikipedia en inglés aclara qué es lo que nuestro hombre vendió: un sello discográfico, 4AD, celosamente construido en diez años. Luego nos enteramos de que por ese sello Ivo hizo debutar en disco a estas bandas: Bauhaus, Birthday Party (Nick Cave), Cocteau Twins, Dead Can Dance y los Pixies, entre otras. Por último se nos dice que, en su visión de las cosas, Ivo no era un productor de discos sino un director musical. (more…)

Bowie

enero 14, 2016

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A comienzos de los ’80, en ciudades como Buenos Aires, la música y el estilo de David Bowie eran un ecosistema barrial muy peculiar. Por su identificación con Bowie un adolescente podía ser estrafalario y hasta ser/parecer puto sin perder la pertenencia al barrio y el respeto de las amistades más ortodoxas. No pasaba con Duran Duran o con Culture Club, sólo con Bowie. Una extraña visa para ser antipopular y a la vez popular. La del Duque era un aura sin halo, que no incluía a otros músicos y bandas con una estética más o menos cercana como pueden ser Brian Ferry, Japan, Eurythmics o toda esa tendencia que en Inglaterra y después en Caballito se llamó new romantics. Cuanto más se le parecían visualmente, más chocaban y menos cuajaban esas otras propuestas en la percepción de los barrios y las afinidades rockeras, donde Bowie era el socio fiel, aunque distinto, de Tina Turner y Mick Jagger.

Todas esas bandas o solistas new romantics surgidas en los barrios de clase media londinense entre 1980 y 1982 se habían inspirado en Bowie. Particularmente en un acto suyo: el recital en Japón a fines de 1978. Ese concierto fue el emblema de una de las varias transformaciones del músico a lo largo de su carrera: del glam al glamour. Además de que sus canciones a partir de ahí empezaron a hablar más de baile y de amor, también su vestuario se repensó: mucho color, como siempre, pero ahora en tonos nítidos y separados, y en sacos y camisas de corte “normal”. Lo otro llamativo de aquel concierto en Japón era el ambiente, la puesta de un escenario de claroscuros y sobriedad. A diferencia del glam, el glamour pedía un choque entre figura y fondo. Puro brillo del cuerpo en un marco neutro y aséptico. (more…)

Una visita gótica

diciembre 15, 2015

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Aunque puedan parecer eternas, las bandas de rock nacen, crecen y mueren. Pero no todo el mundo es conciente de esto –de que hasta el rock tiene un ciclo de vida– y por eso se explica que los grupos de Europa y Estados Unidos nos gusten más a nosotros que a la gente de allá. Nosotros sabemos, desde que un músico graba su primer disco, que un día va a perder el pelo. Es un conocimiento que no comprime la emoción sino todo lo contrario: la potencia. ¿Y acaso en el Primer Mundo no lo saben? Cuando el acceso es rápido, las cosas dejan de enseñar. No es fácil asumir la fugacidad de los superhéroes cuando se los ve salvar al mundo a los diecisiete años. Nosotros, desde lugares periféricos, sabemos que las bandas van a envejecer porque sabemos que recién vamos a verlas cuando sean viejas. Después de dos, tres décadas tocando, llegarán con una ristra de temazos, muchos de ellos compuestos al salir de la adolescencia, cuando su público y sus amigos también tenían bandas. Satisfechos o no, el tiempo pasó y ahí los vemos llegar, curtidos. Adivinábamos que iba a ser así, y está todo bien, nos gusta. Porque a su vez –y esto es lo más interesante– entendemos que esas bandas nos visitan justo en el momento en que están entrando en algo. En cierto sentido, somos nosotros los que los agarramos frescos. Lo pienso en relación con las palabras de un famoso gurú de los negocios: “Un emprendedor con plata no es un emprendedor, es un administrador”. Nunca me voy a olvidar de esa frase que leí en la revista de una aerolínea, y que se deja traducir perfectamente del mundo de las finanzas al del arte. Así, un artista joven es un mero administrador, porque la juventud en sí misma es un capital inicial, y muy poderoso, aunque algunos no lo aprovechen. Mientras que un músico que envejece, en cambio, es un aventurero fresquito. Y no todos tienen la suerte de verlo en vivo cuando, ya curtido en casi todo lo demás, sale de gira para lanzarse a la intemperie, a medirse con un destino sin garantías. (more…)

La abeja y el mamut

agosto 26, 2015

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Qué lindo y atrevido y donjuanesco que es ser un editor independiente. ¿Quién no querría una etiqueta así, que al final lleve la palabra “independiente” y adelante, para que no se espante, el oficio: editor, escritor, cirujano, tachero? Encima, para ser independiente sólo hay que depender de una cosa: de nadie. Hay que ser, y voy a usar esta magnífica construcción adjetival del castellano, un pagado de sí mismo. Una delicia que, vista más de cerca, parecería ser común a casi todos los editores. Porque también los de empresas grandes, así como se arreglan con poquísimos empleados, muchas veces no tienen que esperar el sueldo ni los ajustes de cuentas de nadie. O sea que la cosa, en suma, no implica tanto atrevimiento. Más bien lo contrario: se es independiente a la fuerza. Pero igual: qué lindo es hacer algo porque no queda otra. Lindo como un poema de Rubén Darío que se llama “Lo fatal”. (more…)

La potencia de la radio

julio 6, 2015

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Con las décadas pasa como con los signos del zodiaco: unas tienen buena y otras mala prensa. La década del 90 es de las segundas, y se ganó su fama, ante todo, por el auge de las privatizaciones de empresas públicas y por la masificación de las marcas, o sea de las cosas que funcionan por el nombre. La pulsión marquera le dio otro tallado y enseguida otro relieve al mundo; bajo el halo de las etiquetas con más onda, la gente dejó de necesitar subirse a un escenario para sentirse estrella, y hasta las personas que se destacaban por su talento o su rol –deportistas, presidentes– salieron a buscar el auxilio de esos significantes como Ferrari o The Gap para rockear la vida institucional con más elocuencia. Fue el tiempo en que los ricos se volvieron tautológicos –seres portando elementos que los delataran como ricos– y en que los pobres hicieron renacer a una antigua diosa latina, Niké, para rendirle por tributo la mitad del sueldo a cambio de zapatillas. Nada era nuevo, salvo la sospecha de que un objeto a todas luces bien hecho y lanzado al mundo con la mejor materia disponible podía no ser bueno si no tenía cierta inscripción. (more…)

El Parque Rivadavia

junio 2, 2015

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No sé muy bien en qué consiste el realismo visceral. No tengo diecisiete años, no me llamo Juan García Madero, no estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. No soy huérfano. No seré abogado. Soy un lector que viene seguido a este parque, simplemente. Y que, en los puestos de libros en fila, hojea la literatura de la época. De las novelas que se agotaron, podría quedar acá un ejemplar. Las que se fueron de librerías sin que nadie las comprara deben estar también, en las bateas superpuestas. Ese pibe que el año pasado iba a revolucionar la escritura está en mis manos: pasó, pero no era malo. Ese y la lista de sus amigos dicen presente. A precio de remate o de colección. Estoy en el punto de reunión de todo lo editado. Si el rock argentino tiene una cueva de los orígenes, si el baño del bar “La Perla” echó a andar una historia, la literatura en cambio tiene esta cueva de la sobrevida, el Parque Rivadavia, donde no nace ningún escritor. Pero a donde todos llegan, como a una costa bañada por el sol, a estirar las patas de sus firmas, por el tiempo que se pueda.

* * *

De entre los distintos barrios creados para insertar inmigrantes ahí donde no había más que campo, mansiones dispersas y una vía del tren, Caballito, el menos obrero, tuvo desde siempre la simpatía y el favor de los hombres al mando del municipio. De hecho, cuando los conservadores del 900 ampliaron la ciudad a su pesar y se reservaron para ellos treinta manzanas con estatuas, jardines y bellos edificios, alguno, quizás Miguel Cané, proclamó el célebre dictado aristocrático: “Cerremos el círculo y velemos sobre él, pero también pongámosle algo de onda a Caballito”. Desde entonces el barrio es lo que es: masita fina a ojos del pueblo, bizcocho intragable para los acomodados. Por su esencia cuasi-privilegiada (en la que el cuasi es, sin duda, la mayor de las distancias), Caballito es el único barrio argentino que jamás dará un playboy. Eso sí: derrocha espacios de ocio, algunos verdes y otros no. Y si Cané y sus amigos le regalaron un parque como el Centenario, algunos años después el presidente Alvear pensó que era poco y le obsequió otros dos: Plaza Irlanda primero, y enseguida este Parque Rivadavia.

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El final de Mad Men

mayo 20, 2015

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Terminó Mad Men, la única serie estadounidense que vi completa. Como fumé muchos cigarrillos mirándola, es justo que escriba sobre ella. Disfruté y festejé la reconstrucción de una época que no viví, en una ciudad que conocemos de sobra. Si la serie nació pensada para representar el cambio de los ’50 a los ’60 en Nueva York, creo que lo logró con maestría, aun cuando su éxito la acabó llevando a tener siete temporadas y a ampliar un poco el recorte de época. Los protagonistas fueron todos hombres forjados en el imaginario masculino de los ’50: cowboys urbanos. Un machismo no tan distinto del ideal varonil que conoció el cine argentino a través de actores como Alberto de Mendoza. Las protagonistas, y en especial Peggy Olson, fueron todas mujeres cuya visión del mundo ya estaba jugada antes de la aparición de la pastilla anticonceptiva (1960). Quizás hubiese estado bien, dado que la serie se extendió en temporadas, insertar un personaje moldeado en los mismos años ’60 y que cobrara peso hasta volverse central. Quizás la hija de Don Draper, Sally, fue ese personaje. (more…)

Puntal en el desprendimiento

febrero 20, 2015

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La biblioteca estaba un poco fría y distante, y teníamos que volver a enamorarla. Recién casados, mi mujer y yo un día miramos los estantes y descubrimos con terror una especie de aburguesamiento general del espacio libresco. Alguien –no nosotros sino un espíritu maligno– había ordenado los libros por editorial, por forma, por color y en última instancia –la más terrible– por ambición de tener todo: todos los números de una revista, toda la serie de una colección, todos los títulos de una editorial. Faltaba incompletud en esa biblioteca. Sobraba dejadez en esa sofisticación. El matrimonio acusaba el impacto de todo con lo que te casás para amortiguar el matrimonio: cuando esas cosas se fijan, cuando no corre aire y algún punto de imprevisión entre ellas, terminan lastimando. El mundo había logrado instalar en nuestros cerebros de pareja la idea de que el Todo le da sentido a las Partes. Y así íbamos acumulando porque es “lindo”, porque la serie queda bien si está completa, aunque algunas temporadas no nos interesaban. Nos había entrado un virus no del todo ajeno a la dimensión invasiva del amor –del amor por la vida, por la pareja– pero que sin embargo se puede combatir y hasta erradicar. El matrimonio no es aburrido; lo aburrido es casarse y coleccionar todos los libros de Caja Negra o de Anagrama.

Así que nos miramos y dijimos: “Hay que empezar de nuevo, y algo de sangre va a correr”. (more…)

Barrio de gatos

febrero 11, 2015
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Alberto Breccia y Moebius

Soy el único, en esta larga hilera de pehaches, que tiene ventana en la medianera. Esa pequeña ilegalidad –ínfima en el barrio de Flores– hace que la luz del sol llegue a este primer piso también por el oeste. Y hace que puedan visitarme los gatos de la casa de al lado: tres gatos adultos, de alrededor de seis años, que se pasan los días en una terraza enorme debajo de la cual se instaló una nutrida familia okupa. Independientes como sus hermanos los gatos callejeros, los tres viven de la caza de pajaritos, trepándose a las ramas del plátano en la vereda o haciendo excursiones al pulmón de manzana. Desde que están los okupas, aprovechan también los restos de comida de ellos. Pero no son gatos domésticos, al menos no en el sentido habitual. Son señores de una casa que hoy tiene personas. Vienen a mi departamento casi todas las tardes, a la hora en que el sol ya no les gusta mucho. Entran por la ventana y se quedan en el living, no los dejo pasar a la pieza. Y pueden cruzarse a veces con otros gatos: los domésticos de mis copropietarios. Estos visitan mi pehache de tanto en tanto, cuando sus dueños no están. Se cuelan por la puerta si la dejo abierta, o por las ventanas que dan al este y al pasillo. Tampoco vienen buscando comida, sino contacto con los gatos de al lado. (more…)