Archive for 25 abril 2011

Compramos

abril 25, 2011

Compramos nueve revistas de historietas.
De un saque, todas juntas, y si no compramos diez
es porque apostamos al futuro. A una anécdota
que hoy no podemos vislumbrar. Con la plata
de la charla en la universidad
compramos material desguazado.
Íbamos por la cuarta o a la quinta y nos enteramos
de la renuncia de Ramón Díaz. Ahí ya no nos detuvo nada
más que el futuro. Felices los tres
nos miramos y dijimos: sí, la de Lucky Luke también
y la de Reggiani, que ya la tenemos, no importa.
A alguien se la regalamos
un día de éstos. Otro domingo perfecto.

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Feria del Libro

abril 20, 2011

Hoy arrancaban las Jornadas de Editores, clásico par de días donde la Feria del Libro de Buenos Aires abre sus puertas, antes que al público general, a los buscadores del arca perdida que es el público. Editores, libreros, traductores, periodistas culturales, gestores: estaban hoy. Lucían sobre sus camisas la credencial que les permitía ir y volver de la pizzería Kentucky al predio. Y este buscador de libros, que no la tenía, logró colarse con un argumento que no pienso describir porque la idea es ponerlo en práctica año tras año.
¿Por qué me gusta ir a la Feria antes de que abra? Simple: porque los que se reúnen en las Jornadas de Editores son, muchos de ellos, libreros que rastrillan los stands y se quedan con las mejores ofertas. Cuando la Feria abre al público general, ni rastro de ellas. Las ofertas son pocas, por otra parte. No es muy difícil liquidar algunas en 24 horas.
Y voy a decir que este 2011 eran menos que nunca -las ofertas, digo. Históricamente ya venían concentradas en cuatro o cinco stands: los de otros países latinoamericanos. Las editoriales locales, se sabe, venden en la Feria al mismo precio que afuera, y me parece bien -sólo que ese precio me parece mal. Lo accesible barato es lo que no suele encontrarse en librerías porteñas: libros del Fondo mexicano, de la Biblioteca Ayacucho venezolana, algo de poesía en el stand de Chile. Los venezolanos, por ejemplo, rematan en 10 o 20 pesos hermosas ediciones, por ejemplo de la Historia de Indias de Bartolomé de Las Casas. En el Fondo compré hace tres años un libro que todo cebado de la política en la literatura debería leer: En tierra nativa de Alfred Kazin. Pagué tres pesos, esa vez, por este maravilloso ensayo sobre los “muckrackers”, los removedores de estiércol -así llamaban en Estados Unidos a los escritores de denuncia-, de un autor que el inolvidable David Viñas leyó y supo aprovechar en la organización de su prosa desde los capítulos y los subtítulos.
Pero este año, decía, las ofertas escasean ya de entrada, o de antes de la entrada, desde el ground zero de las jornadas de editores. Encontré en el FCE un libro sobre la poesía visual anterior al siglo XX, de mi amigo el brasileño Horácio Costa, a diez pesos. Y en el stand de Venezuela la historia de Indias de Las Casas. En este último stand siguen teniendo los cuentos completos de Machado de Assis creo que por 30 pesos: muy recomendable.
El resto fue un paseo a lo Betty Sarlo, sacando conclusiones rápidas de procesos sociales lentos, y una parada gustosa en el stand que comparten Bajo la luna, Caja Negra y otras editoriales pequeñas. Ojalá vendan, les sirva. Miki Valaguer, uno de los editores de Bajo la luna, estaba ahí, gentil junto a sus libros, y mi amiga Paula de la chilena Metales Pesados le ocupaba las sillas en una improvisada negociación intertrasandina con los editores de Cebra. Son todas editoriales chicas, sacan diez libros por año con suerte, si la Feria les permitiera sacar once sería más que un golazo. Ronda como un fantasma en esta cabeza la curiosidad: ¿venderán, cada una de ellas, diez libros por día? Caja Negra tiene en total unos quince títulos, todos buenos; Bajo la luna a esta altura es la editorial argentina de poesía más sólida -no volveré sobre este sintagma y su intrincada formulación- y aunque tiene poemarios que no recomendaría tiene muchos otros que están entre los que más releo: Wittner, Vignoli, Watanabe… Parece que este año van a editar la poesía reunida de Jorge Aulicino, y bue, no hace mucho que editaron la reunida de Irene Gruss, tan linda y necesaria que compensa otras reuniones al pedo.
Lo cierto es que, vendan o no en la Feria, siguen editando, y en líneas generales, en ellos, esto es para celebrar. En la década pasada escuché a tantos poetitas-editores burlarse de Bajo la luna; hoy esos no imprimen otra poesía que la del vecino con dólares para pagar la tirada. Y no están en la Feria. Llevan la Feria a cada reunión de amigos donde van.