La experiencia es una bola de confusión

octubre 12, 2018 by

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En la serie Mad Men y su reconstrucción de punta a punta de la década del ’60 en Estados Unidos, el protagonista Don Draper sugiere o explicita varias veces su “ética” publicitaria personal, que aspira a ir en contra de la corriente de los avisos de la época, y que básicamente hace un llamado a abandonar los facilismos del afecto, las exageraciones de la emoción, la logorrea entrañable ante el producto. En especial, Draper rechaza el uso de verbos como “encantar” y “amar” (amo esta gaseosa), al tiempo que le pide a su equipo de redactores más preocupación por el vínculo mental de los seres a las cosas: les quema la cabeza a Peggy y demás, en defensa de la cabeza. Tomada en la clave realista que pretende, la serie estaría mostrando (y Draper discutiendo) un lugar común, un modo de la cultura estadounidense imperante a mitad de siglo no sólo para la conexión entre los productos y los individuos. De hecho, uno cambia “productos” por “estrellas” (de rock o lo que sea) y el vínculo muestra la misma apuesta: una identificación directa, excitada, ansiosa, verborreica y fuertemente emocional (no pasa por la cabeza, es un sentimiento) del público con el artista, que en muchos casos queda captada en una palabra: manía. Dentro de ese mundo con un casillero especial a priori para la manía se deslizó el rock and roll.

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Zapatillas

agosto 5, 2018 by

fraldyA mis pies, sólo las zapatillas. Con su semiología secreta de trenzabarrios, de parapinches, de guardasemillas en sus ranuras que a veces pasan días, semanas cargando una pequeña presa. Se me hace que también zapatillas es una palabra compuesta, aunque no sepamos de qué. No tiene nada que ver con zapatos, eso está claro.

Salvo para los deportistas, las zapatillas son lo más. Una placenta que se adquiere a los tres años, para cómodo olvido de tenerla. ¿Con qué otra cosa de todos los días simplemente se es? Los calzoncillos, dice la canción, aprietan, las medias dan calor, el celular suena. Un arito o una pulsera es verdad que se olvidan pero, como todos los adornos, son para los demás. Las zapatillas son la gloria del olvido útil a uno. Es de lo poco que se lleva y no nos hace unos aparatos.

Sólo conozco a un deportista que no era un reptiliano. A los demás, la cámara los captó en algún momento expresando agobio en el momento de ajustarse las zapatillas. Querían un calce más a gusto, que fueran mejores, les pedían más. Jugadores habilidosísimos, todos de otro planeta, el tiempo que no estuvieron en la Tierra fue un viaje agotador y aburrido que hubo que llenar con preparación mental, autoexigencia, conocimiento técnico de los objetos, recelo de las indumentarias, desconfianza de las personas. Sólo conocí a un jugador, el mejor, que era de este mundo de confianza en el pan, el vino, la suela. Y que estaba feliz hasta cuando se ajustaba los cordones.

(Fragmento de “Zapatillas”, texto inédito por el momento)

 

La operación Patti Smith

julio 30, 2018 by

 

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Cuenta (en su historia) que un día decidió abandonar el pueblo, la familia y la casa, y que antes de irse la madre le dijo “Nunca vas a llegar a mucho como mesera, pero igual te presto esto”, y le dio el uniforme y los zapatos blancos. El tema es qué quiso decir la madre, que había sido moza. ¿Acaso sugirió, un poco en broma y otro poco en serio, que su hija no servía para nada? ¿O sólo que no daba con el perfil, con la condición de mesera, con la meseridad, pero aun así podía llegar a mucho haciendo otras cosas? Para mí ahí está todo, y me inclino por lo segundo. La madre de Patti no había leído El ser y la nada, y no necesitaba leerlo. Ella podría legitimar ese famoso pasaje donde Sartre desarrolla la noción de mala fe con el ejemplo de la ‘mocidad del mozo’:

                 “Acude hacia los clientes con un paso demasiado ligero. Se inclina demasiado hacia adelante; su voz, sus ojos expresan un excesivo interés por el pedido del cliente. Finalmente regresa tratando de imitar en su caminar la rigidez inflexible de una especie de autómata (…). Toda esta conducta parece un juego, pero, ¿a qué está jugando? No hace falta observar mucho más para aventurar una explicación. Está jugando a ser el camarero de una cafetería”.

La madre de Patti conocía mejor que Sartre ese juego de anulación de la propia libertad. Y en su hija veía lo opuesto: una chica que se movía sin diligencia, que no se inclinaba ante nadie, no fingía interés, no perseguía el equilibrio ni la eficacia, y lo más patente: no se sabía a qué jugaba (si jugaba). Para ciertos trabajos, en suma, no podía andar. Madre e hija se despedían, así, con amor, con despecho, con sorna y con categoría. Entre ellas –católicas las dos– se abrían también dos fes antagónicas, dos respuestas de clase (trabajadora) que no pueden darse juntas: meseridad o punkitud. Una, no siempre presente en los meseros, por suerte; la otra, no siempre presente en los punks, vaya a saberse por qué.

(Fragmento de “La operación Patti Smith”. Del libro -inédito por el momento- Quisiera estar ahí)

Angélica Freitas – Cristian De Nápoli: presentación de sus libros

mayo 1, 2018 by

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El jueves 10 de mayo a las 21 hs en CIA/Centro de Investigaciones Artísticas (Bartolomè Mitre 1970, CABA), la editorial Zindo & Gafuri invita a la presentación de sus nuevos lanzamientos de este año, los libros de poesía:

Antes de abrir un club (poemas 2007-2015), de Cristian De Nápoli (Buenos Aires, 1972)

Un útero es del tamaño de un puño, de Angélica Freitas (Pelotas, Brasil, 1973)

Los autores leerán algunos pasajes de sus libros, y CIA y la editorial Zindo & Gafuri ofrecerán un brindis en saludo a esta doble novedad. La lectura de Angélica Freitas, presente en Buenos Aires gracias a la Embajada de Brasil en Argentina, irá acompañada de la lectura de las versiones en español de sus poemas, a cargo de De Nápoli, quien también realizó la traducción del libro. Lee el resto de esta entrada »

Bowie, entre el cielo y la pampa

abril 12, 2018 by

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Fragmento de un texto sobre David Bowie y la recepción argentina de su música. Con testimonios (que agradezco mucho) de Beatriz Vignoli, Carolina Muzi, Patricio Torne, David Wapner, Horacio Fiebelkorn y Andy Andersen.

A las preguntas sobre cuándo y cómo aterrizó Bowie en la pampa, y en qué medida se lo conoció antes de que los dúos con Tina Turner y Mick Jagger lo volvieran popular, le pueden salir al cruce distintas respuestas según uno vaya a las primeras noticias de prensa, a los discos que se editaron en el país o a la recepción concreta de las personas. Si nos guiamos por lo primero, al parecer todo habría empezado en el ’72 con una serie de notas muy elocuentes, por más que nada digan sobre el impacto real. En muchos países las revistas de música cumplen una función de destape: introducir temas y figuras internacionales a riesgo de que lo nuevo no esté a mano. En la Argentina de los ’70 algunas revistas acentuaban esa espectralidad porque, como se oponían al negocio del rock, no había problema si en las tiendas faltaba el disco que comentaban. Así, Bowie tema de revista es un año y medio anterior a los vinilos criollos de Bowie. Y de entrada cala en notas extensas, exclusivas, polémicas. Que hablan del ‘fenómeno’, de ‘la Gran Estrategia Bowie’, cuando el músico es casi un desconocido. Eso es lo que hace la revista Pelo, la más importante, y la que lo introdujo. El artículo puntero (Pelo 32, 1972) tiene este título: “Con el apoyo del pueblo dominaré al pueblo”. La nota no habla de música; dice: “los productores lo aman y veneran”, “la mayor parte de su actual fama la ha logrado gracias a sus ropitas y gestos unisex”, “los fans adolescentes se preocupan con felicidad por averiguar qué ropa se va a poner esta semana, mientras que las audiencias universitarias preparan diletantes tesis sobre los reflejos de la cultura contemporánea en los trabajos de David Bowie”. Lee el resto de esta entrada »

Ivo (Primera parte)

enero 18, 2018 by

ivoA muchos la vida de Ivo siempre nos tuvo sin cuidado. Hoy un libro dice que tiene más de sesenta años y que vive solo en el campo, rodeado de perros. Fuera de ese libro, que no está traducido, es casi nada lo que se sabe de él. Su biografía en Wikipedia es de las más sintéticas que vi, apenas diez líneas, y hablo de la versión en inglés, su lengua materna. Ni siquiera está la fecha de nacimiento, como para saber de qué signo era. Lo que destaca esa minibio es un hecho drástico: en 1994 Ivo sufrió un colapso nervioso y decidió vender todo, y retirarse a los cuarenta. No es un dato menor, pero insérteselo en una vida de repliegues y padecimientos varios, como puede que sea la vida de Ivo, el primer dark. La Wikipedia en inglés aclara qué es lo que nuestro hombre vendió: un sello discográfico, 4AD, celosamente construido en diez años. Luego nos enteramos de que por ese sello Ivo hizo debutar en disco a estas bandas: Bauhaus, Birthday Party (Nick Cave), Cocteau Twins, Dead Can Dance y los Pixies, entre otras. Por último se nos dice que, en su visión de las cosas, Ivo no era un productor de discos sino un director musical. Lee el resto de esta entrada »

El habla de la tribu

diciembre 29, 2017 by

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Yo no sé de dónde sacan los estudiantes extranjeros de intercambio (¿las sacarán de la Lonely Planet?) esas palabras como “pebete” o “cameruza”. Pero los veo y los escucho, jóvenes franceses, alemanes, mientras caminan por San Telmo y derrochan léxico con esa habilidad indiscutible que parecen tener para hallar gemas de nuestra oralidad y no sólo gemas, ¡también yemas!, ¡y de huevos que no se usaban desde hace treinta años! Y encima el modo en que las pronuncian, con una frescura, como mintiéndonos que las acabaron de encontrar en la calle, de pasada, después de haberse tomado un “feca”. Igual reconozco que me gusta –porque también es juvenil– esa vieja juventud de los jóvenes. Porque además no sé si los lingüistas repararon en esto, pero la gente joven en general, y no hablo ya de los extranjeros, son a la vez los dueños del habla de la tribu y los que más la “traicionan”, usando muchas veces palabras de una coloquialidad ampulosa, casi que enciclopédica, que dejó hace décadas de encontrarse en la calle. Este es un hecho interesantísimo, y que hace pensar que lo nuevo también se luce en su apropiación de lo viejo. Se ve que el habla de la tribu incluye la licencia para homenajear cada tanto, y sin mucha efusión, a otros lenguajes tribales más o menos pasados. A veces es con mucha efusión y orgullo –pienso ahora en otra forma de la palabra que se rescata, el símbolo, como hoy es el pañuelo. Lee el resto de esta entrada »

Las colecciones populares (2)

noviembre 18, 2017 by

De Quíos al kiosko

alejandriaCierto subtexto para lo que sería una historia de las colecciones tendría que llevarnos a un tiempo y una sociedad que mira sus documentos acumulados en papeles y en memorias y ante ellos dice, casi sin despeinarse: “Estos van por un lado, estos van por otro”. ¿Cuál puede ser esa sociedad? Una más o menos ‘laica’ y escolar. Olvidemos las religiones, porque el modo que tienen de separar unos textos de otros es elevando al conjunto A y ninguneando al resto, si no quemando o prohibiéndolo. Como movida jerarquizante, sin duda, es posible que nuestra historia se prefigure en Grecia con la invención de esos dioses laicos que son los autores. Engarzando el tiempo mítico de Orfeo con el histórico de Arquíloco y Safo, ahí habrían actuado cientos de personas de las que nos quedan, fundamentalmente, dos marcas de autor. Una es para alguien que habría sido ciego y que, natural de la rocosa Quíos, habría viajado por las islas y el continente helénico cantando mejor que nadie una serie de eventos. Esos cantos, los suyos, se habrían convertido junto con los de otro cantor, griego también, aunque más volcado a temas naturales que sociales -los tiempos del cultivo, la creación del mundo- en la primera bibliografía escolar obligatoria.

Homero y Hesíodo forman la protocolección puntera, en la época inicial del uso y el atesoramiento de los libros, antes de la costumbre -que llega con el siglo V antes de Cristo- de venderlos y comprarlos en librerías. Son los dos grandes ‘autores’, y todavía en tiempos de Alejandría, nos dice Vernant, sus obras “valen” un poco más que todos los otros volúmenes -cerca de quinientos mil- que poseía la biblioteca.

(Fragmento de “Las colecciones”, del libro -inédito- En las bateas expuestas)

Las colecciones populares (1)

agosto 25, 2017 by

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En los comienzos está la colección, una palabra del orden de las jaurías, las alamedas y las bandadas. Según las décadas de un viejo siglo, esa primera experiencia de lectura pudo llamarse Clásicos Billiken, Colección Robin Hood, Los Cuentos del Chiribitil o Elige tu propia aventura. A veces, y porque la infancia tiene el atributo pero no el monopolio de la fidelidad, se da el caso de lectores que siguen atados de por vida a una matriz, hombres y mujeres que se resisten a dejar “El séptimo círculo” o “Grandes Novelistas”. ¿Por qué las colecciones nos gustarán tanto? Quizás en su democrática razón de ser hay un desprecio por el don (lo único, lo insuperable) y una consagración de la expectativa (lo que falta, lo que un día aparece). Uno diría que su fundamento puede captarse en aquel chiste del Negro Dolina: “Más difícil que trazar una línea entre A y B sin que C se dé cuenta”. La colección es eso: la esperanza puesta en C y después en D, esperanza no de que el show siga, más bien de lo contrario, de que vuelva a empezar, parecido pero distinto, en otra parte. Otras continuidades (los volúmenes de una saga, las temporadas de una serie) tienden a renovar el packaging, la cobertura, y mantener intacto lo demás. Las colecciones hacen lo opuesto: igualitos de afuera todos sus episodios, por dentro cada uno instala un tiempo, un espacio, un argumento y unos personajes, a veces ajustándose a un bloque o un eje temático, otras ni eso. Lee el resto de esta entrada »

Juegos de arte

agosto 3, 2017 by

Los trozos de papiros griegos más antiguos que se conservan son de los días de Aristóteles. Como en los egipcios, la escritura en ellos es continua, sin espacio entre palabras. Pero, a diferencia de los viejos textos egipcios, y en general de lo que solemos representarnos en nuestra mente, los papiros griegos no se leían “de arriba abajo”, no se desplegaban con una mano en alto y la otra punta del rollo tocando el piso, sino en sentido horizontal, tal como sería, hoy, la lectura de un libro muy apaisado. Y es que en Grecia se estilaba escribir primero en folios, y luego unirlos uno al costado del otro hasta lograr la extensión normal del rollo (cerca de seis metros, que enrollados calzaban bien en el puño). O sea: podía no existir aún el espacio entre palabras, pero ya estaba la diagramación, la página. Pudo haber sido la importancia de los textos breves lo que llevó a redefinir el espacio del rollo de esta otra manera. Pudo haber sido, la página, un invento de la poesía.

A la muerte de ese pollo de Aristóteles que fue Alejandro Magno, la Grecia clásica deriva en la etapa llamada helenística. La lengua que antes se usaba desde el sur de la península itálica a la costa turca se extiende a lo que hoy es Túnez, Egipto, Bulgaria, Siria, Armenia, Pakistán… Los reinos se dividen: hay que imaginarse el “mal de la extensión” (sintagma sarmientino que aplica a la pampa) pero no como tabla rasa sino en una dilatada tierra llena de ciudades y riquezas. Toda esa nueva heterogeneidad conjunta se contrarresta buscando un núcleo de sentido, ¿en dónde?, en el pasado, y así la literatura helenística se vuelve gramática, crítica literaria, ordenamiento del canon. Alejandría y su biblioteca que sale a la caza de la tradición (literalmente fue una caza, con agentes de aduana confiscando los libros que trasladaban los barcos) es el mejor símbolo. En sus gabinetes nace el poeta-filólogo y el texto cultural o hasta culturoso como nota al pie del poema canónico antiguo. Nace también la contracara del poema nerd: el elogio de la vida campestre. Asimismo, y en otra vertiente, la poesía de la experiencia y del conocimiento ceden su lugar, ocio urbano y vida fácil de por medio, a una nueva poesía del juego con las palabras o la página, el atletismo gráfico o verbal.

La poesía visual surge en el arranque de la época helenística. Los primeros ejemplos son los caligramas de Simias de Rodas hacia el 300 a.C.: tres poemas conocidos como “Las alas”, “El hacha” y “El huevo” justamente por el dibujo que forman las palabras en su disposición sobre el folio. Son juegos de arte (technopaignia) que más tarde pasarán a Roma –donde se los llamará carmina figurata– y prenderán fuerte sobre todo en la Edad Media. Pero la dicha palabrista sólo en el mejor de los casos se vuelca a la poesía visual. En el peor (y más decadente, y abundante), habría que pensar en los poemas que, además de no decir nada, tampoco dibujan nada. Los meros rebusques de palabras, que al parecer también se habrían cultivado en Grecia, aunque otra vez es el medioevo la fuente generosa (los poemas en latín de Ausonio, Alcuino y demás). Volviendo al helenismo, se sugería que en paralelo al despliegue de estos juegos de arte nació otra vertiente, la bucólica, con la idealización de la vida campestre en los poemas de Teócrito (retomados por Horacio, entre otros). La bucólica, esa poesía de la experiencia urbana por oposición –un allí y ahora contra el aquí y ahora–, luego podrá caer en automatismos y esquemas, pero es innegable que nace de un grito, un hartazgo, una perturbación. A Teócrito, dicho no al pasar, también se le atribuye un poema visual, uno no tan artificioso (frente a los de Simias) y donde el corte de versos va del más largo al más corto. Por el dibujo que forma se lo llamó “La siringa” –nosotros podríamos decirle “El siku”– en homenaje a la flauta de los campesinos.

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(Fragmento del libro -inédito- Apoyado en mi lanza. Historia y presente del libro de poesía)