Un puñado de series tapa a otra

marzo 9, 2016 by

el increíble hulk mork y mindy las calles de san francisco el pulpo negro oz bad girls coupling black books mad men true detective gotham daredevil todas me gustaron y me hicieron olvidar el sentimiento que tenía de chico cuando faltaba el televisor y mis compañeros me preguntaban viste a b.j. viste a b.j. es genial no viste a b.j. y yo pensaba en una abeja gigante.

Laboral

marzo 1, 2016 by

 

Llegó febrero con media pila y mañana
llega marzo con una empanada
de carne para treinta y un días,
vuelve el trabajo, los freelancers
nos convertimos otra vez en dancers
all night long sacudiendo nuestros teclados
en un ritmo frenético lejos de casi todo lo que nos gusta
salvo la buena mesa y la mala traducción,
ahí suena el teléfono, desde la facultad
nos llama la secretaria universitaria
y nos informa que dos ciudadanos
precisan un corrector para sus novelas,
ya entró un mensaje, es de la embajada,
no regalan bicicletas pero bien que a la nuestra
la reparan una vez al año, embajada, pronto les mando
mi traducción, más en bandeja que nunca,
ah, marzo, lejos de casi todo lo que nos gusta
pero en la siembra, en la siembra y de a ratos
mirando al sol mientras revoleamos la camisa,
¿quién va a decir que abril es el mes más cruel?

(2008)

Cuatro días en la ciudad

febrero 9, 2016 by

Así empieza Golpes de kriss (Poemas 2007-2014), libro inédito para más datos.

Paciencia por ahora, Sandokán.
Sanaré y volveré a Mompracem aunque tenga
que construir una balsa a golpes de kriss.

1 [Aguas]

Recuerda el Chaco Horacio Quiroga y escribe:
“Fracasé por culpa del rocío”.
“En la aldea”, dice Mansilla, “cuando había tormenta
no quedaba nada en pie”.

Pero esta es la ciudad. Y la ciudad es el lugar donde las aguas
no arrastran casas ni echan a perder plantaciones.
¿Se puede fracasar por culpa de una gotera?
¿Se inunda la calle y se lleva el hormigón?

Acá la lluvia es tan linda
que hubo que inventar las actividades que se suspenden por lluvia.
¿Puede irse todo a pique porque un día
ibas a salir con alguien y el tiempo lo arruinó?

***

2 [Zona roja]

De la Melissa que te llama
a la Medusa que te ignora
hay un hilo.
Como los viejos cuando están indignados
las chicas hablan
y antes de hablar chistan.
También hay un hilo
entre el rolinga con polera
y el policía que se rasca
la línea chata que al pelo
le imprime el disco de la gorra.
Son dos que quieren irse sin pagar.
Dos que vieron la aureola
tirada en la alcantarilla
y ahora pelean haciéndose los santos
para que sólo uno
la recoja.
Ay, Bacacay,
calle de espera, de dosis,
de esclerosis.
Pechos que guardan polvo en un implante
encima de otro.
El negativo de un cuadro de Malevich:
la vereda sin luz de la escuela Urquiza.
Una ciudad que para gótica
le falta rendir un final.
Y un corazón intransigente
que baja del primer tren del oeste
con una parrilla portátil,
la bolsa de harina
y la de carbón.
Arma su puesto al lado de la vía
esa chica, que alimenta a las otras.

***

3 [Barrera]

El aullido de los perros a la luna se explica.
Los bocinazos de los autos a la barrera, no.
El bulldog industrial con su correa
atada a la capital
apenas puede con sus fallas y encima
sufre una ajena: de cálculo.
Oro o lo que sea
estos minutos valen.
Chorrea una frente, unos pies pesan, y alguien
ansioso de evaporarse
activa la paciencia, el cuarto estado
de la materia. Detrás,
reservas de Ulises aguardan
la navidad de los autos, la condición
de nave que salga volando. Hay
en este lugar
todo tipo de fantasías
forjando familias afectas barra refractarias
a la cena que se atrasa.
Y hay un auto, a veces, que,
cuando se alza la barrera, igual no arranca,
su conductor tomado por un nuevo puro límite
o ya midiendo el lío en que va a meterlo
el giro en U.

***

4 [Flores]

Nunca en otra ciudad
compré claveles, dijo
el que una vez pensó escribir
un poema con forma de balance.

Dos veces vi, sin embargo,
estando lejos de Buenos Aires,
largas filas de gente
y muchas de esas flores.

En Estocolmo
despedían a un ídolo popular
que pudo ser un nuevo Lutero
pero el rock lo dejó star.

En Entre Ríos
peregrinaban al punto del camino
donde una chica perdiera la vida
atropellada por un camión.

Italiano sin famiglia detrás,
igual converso con los más muertos
entre mis mayores y no es poco
lo que a distancia prudencial nos regalamos.

***

 

Bowie

enero 14, 2016 by

bowie

A comienzos de los ’80, en los barrios de Buenos Aires, la música y el estilo de David Bowie eran uno de los pocos ecosistemas capaces de respaldar a un adolescente en la toma de una decisión antipopular. Como por ejemplo la decisión de hacerse el lindo, la de vestirse limpio, o la de jugar a ser puto. Pero la gracia justamente de ese ecosistema era que le proveía a cualquier chico de clase media o mediobaja una posibilidad valiosa (por escasa) de lookearse elegante o coquetear con otros hombres sin perder el nexo con el paisaje hétero rockero más o menos ortodoxo. Esa era la diferencia entre curtir Bowie y curtir, por ejemplo, Culture Club. Hablo de la primera mitad de los ’80. En cierto modo el halo de Bowie podía ampliarse a bandas como Duran Duran y otras menos conocidas como Japan, Eurythmics o Spandau Ballet. Bandas que en Inglaterra habían creado una tendencia y una etiqueta: new romantics.

Todas esas bandas o solistas new romantics surgidas en los barrios de clase media londinense entre 1980 y 1982 se habían inspirado en Bowie. Particularmente en un acto de Bowie: su recital en Japón a fines de 1978. Ese concierto fue el emblema de una de las varias transformaciones del músico a lo largo de su carrera: marcó el pasaje del glam al glamour. Además de que sus canciones a partir de ahí empezaron a hablar más de baile y de amor, también su vestuario se repensó: mucho color, como siempre, pero ahora en sacos y camisas de corte “normal”. Lo otro llamativo de aquel concierto en Japón era el ambiente, la puesta de un escenario de claroscuros y sobriedad. A diferencia del glam, el glamour requería un choque entre figura y fondo. La estilización pasaba a ser un detalle (aunque no escondido sino evidente) del cuerpo y de la ropa del músico, inserto en un escenario depurado y ligeramente aséptico.

Como elección, el Bowie “elegante” tenía un doblez o cierto lado radical, porque desestimaba y en última instancia apuntaba a destruir la ideología del “distinto”. El glam era frecuentar a Warhol; el glamour, en cambio, era codearse con Tina Turner. Tina, además, estaba mucho más cerca que Warhol del ídolo de la infancia del Duque: Little Richard. De esas dos visiones de Estados Unidos, Bowie elegía una elegancia popular, una aristocracia callejera. Y su gesto no pasó desapercibido por los chicos de mi generación. Por eso los “conchetos” nunca asimilaron ni se identificaron con Bowie. Porque no podían encontrar en su propuesta argumentos para acusar al pueblo de “grasa”. Esos chicos de zona norte como nuestro actual ministro de Economía Prat-Gay necesitaron otras tendencias para formular su desprecio de clase. Lo que se entendía y creo que se sigue entendiendo por “concheto” es esa parte de la clase alta o medioalta que, por alguna razón, generalmente psicológica, necesita enfatizar que es de clase alta o medioalta. Es decir, la clase indiscreta. Opuesta a todas las clases elegantes.

Pienso en Bowie y más de una vez se me viene a la mente Potenzoni. Si a los doce años el Duque era el único chico de Bromley al que el padre le podía comprar una batería y un saxofón, Potenzoni era el único de Villa Real que tenía reloj con jueguitos. A Potenzoni le gustaba más Duran Duran (aunque a veces, cuando estaba con las chicas, podía preferir a George Michael), lo que no quitó que se le volara la cabeza, me consta, cuando con Cristian Godoy le hicimos escuchar el dúo Bowie-Jagger cantando “Dancin in the streets”.

Mi propio Bowie de todos modos llegó bastante después. Fue el Bowie electrónico que, influido por una nueva cultura callejera londinense como la de Massive Attack, fusionó al romántico con esa otra constante suya, la figura del viajero espacial, en un bloque de canciones que sonaban a distorsión dulce. Ese Bowie alrededor de los cincuenta años, recién casado con la modelo somalí Iman, marcó mis veinte. Del disco Black Tie (1993) a Reality (2003) y con temas como “You`ve been around”, “Spaceboy” y la perfección que es “I’m deranged”. Mi mejor amigo el Champion Docampo empezaba a trabajar de deejay; yo desgrababa clases en la facultad. Mi esposa era una finlandesa hermosa que había venido a Buenos Aires a estudiar guaraní. No teníamos plata y éramos felices.

Yugando

enero 12, 2016 by
italo

Italo Calvino es su ph.

Hay muchos submundos, y todos están en este. Hoy se habla del submundo del narco, por ejemplo, y hace unos años, a una escala menor, se hablaba de la subliteratura. Que no es exactamente -la subliteratura- el tema que me interesa. Más me interesa la paraliteratura, que son las cosas -los trabajos- de los que vivimos los idiotas que sólo sabemos leer y escribir.

Entre otras cosas hago informes de lectura para editoriales. Recomendás publicar o no recomendás, y te pagan, en buena medida, por eso. Es un trabajo con un 30% de efectividad: de cada tres libros que evaluás, las editoriales te hacen caso en uno. Muchas veces, lo que les interesa a los editores es la primera hoja de tu informe: la síntesis de la trama del libro. Después miran tu evaluación, claro, pero con el criterio de ellos, no el tuyo. Es un trabajo secreto, acorde con que es un oficio invisible. Una ley no escrita preserva nuestros nombres para que después el escritor no se lo tome personalmente si fallaste en contra de su publicación. Esa ley tiene sentido cuando el lector que evalúa se llama Fulano. Puede ser el mejor lector, el más entrenado, pero, como se llama Fulanito y no lo conoce nadie, el escritor más o menos famoso al que Fulano le evaluó negativamente su última novela lo puede destrozar. Digo: el escritor, a Fulano. Puede, si se entera de su nombre, ponerlo en ridículo y hasta dejarlo sin trabajo. Distinto cuando el lector que evalúa se llama Italo Calvino. En este caso el protocolo del anonimato no tiene razón de ser. Calvino hizo informes de lectura para editoriales italianas durante largos años. Le daba orgullo su trabajo porque consideraba que lo mejor que puede hacer un escritor es ganarse el cheque haciendo cualquiera cosa cercana a la escritura pero distinta, no eso. Otra cosa es que muchas veces los informes que hacemos no son terminantes. Se nos paga también para descubrir inconsistencias en los argumentos de los libros -por ejemplo, que una tía abuela que se murió en la página 30 no reaparezca en clave realista en la página 72 (sin flashback mediante). Cuando el escritor se entera de estas observaciones, la bronca crece. Los escritores tienden a tolerar mejor el rechazo pleno que la sugerencia parcial.

Ese es uno de mis submundos, la lectura y evaluación de libros. No soy un desconocido total, un Fulano, ni tampoco un nombre que se escucha en Villa Crespo. Soy un subcalvino, en tránsito hacia un minicalvino. La mayoría de mis colegas en este páramo están en la misma o en un anonimato más amplio.

Y relaciono esto con lo que sigue. Hace poco se editó la última novela de Fabián Casas, Titanes del coco. Fabián es un escritor leído y felicitado en todos lados: en la radio, en los diarios, en las escuelas. Él se enteró, antes de publicar ese último libro suyo, que la chica a la que le tocó informar Titanes no recomendó que lo editen. Se enteró además que la chica admiraba todos los libros anteriores de Fabián, pero que este le parecía flojo. ¿Y cómo nos enteramos nosotros, todos, de todo esto? De boca del escritor.

En el submundo hay reyes que debajo de la corona tienen la gorra puesta. Todos los felicitan, pero de repente hay alguien, una voz apenas perceptible, que falla en contra. Entonces el escritor con corona que es gorra, ¿qué hace? Cuando lo entrevistan, el tipo quedó con tanto resentimiento -y por tan poco- que se detiene en esa pequeña voz y la juzga, y busca ponerla en ridículo. Busca que se sepa quién es, quiere delatarla. Quiere arruinar su lugar, su trabajo, su oficio.

Sólo en ese punto critico la actitud de Casas. Me parece una mierda. Cuando alguien se llama Fulano y su opinión es lo que le da de comer, no da que un escritor aclamado por su nombre y apellido se ensañe con la opinión de Fulano. No se entiende. Elogiás la labor de los invisibles y cuando te cruzás con uno lo denunciás. La subliteratura no puede ser tan chiquitera.

Al fin de cuentas ese Fulano o esa Fulana tomaron una gran decisión. Son gente que seguro escribe, siempre, pero decidieron vivir de otra cosa. Adoptaron la premisa que Discépolo le adjudicaba a Perón: un escritor es alguien que además de trabajar, escribe. Otros idiotas que sólo saben leer y escribir tienen, a diferencia de ellos, la expectativa de vivir de lo que escriben, de ganar plata de lo que garabatean. Y ahí está toda la diferencia, y es una diferencia mecánica. Los que quieren vivir de lo que escriben, la cagaron. A los 40 empiezan a hacer todo mal. Para su idiotez, como para la mía, había decenas de oficios paralelos: editar libros de otros, traducirlos, corregirlos, publicarlos, venderlos en una librería. Ninguno una maravilla, convenido. Pero te pagan el alquiler, las vacaciones, a veces hasta te entretienen, más de una vez incluso te estimulan. Y hacen que estés más relajado, más seguro de vos mismo, más confiado, cuando a la noche abrís tu propio archivo de word y pensás en un ser, no en un cheque. Porque en el cheque ya pensaste mientras no escribías.

Cierro volviendo a Fabián Casas para decir que no me parece que este sea su caso. Digo, el del escritor que quiere vivir de lo que escribe. ¿Por qué me parece que no es su caso? Justamente por algo que dijo en la misma entrevista donde buchoneó a la lectora. Es un reportaje (leánlo, http://www.polvo.com.ar/2016/01/fabian-casas/ ) que ya empezó a hacer ruido en varias partes. Y la mayoría de los que se indignaron con sus declaraciones ni siquiera se detuvieron en el episodio de la gorra puesta contra la evaluadora anónima. Se detuvieron en otro pasaje: ahí donde Casas dice, más o menos con estas palabras, que si le ofrecen un premio y ese premio no incluye plata, a él no le interesa recibirlo. Esa clase de pronunciamientos a mí, que quizás soy medio retorcido, me dan la confianza de que sólo pueden salir de la boca de un tipo que analizó sus expectativas, dialogó con sus miserias y logró, quizás todavía logra, sentarse a escribir lo que él quiere. Sin un cronograma de pagos. Pero tampoco haciéndose el Bergoglio. Porque en el medio hubo un esfuerzo enorme -es lo que suponemos- y solitario -lo que deseamos con nuestra mejor perversidad-. Y si alguien quiere conocer el resultado de ese esfuerzo y no tiene plata para comprarlo, lo puede pedir prestado (la edición analógica todavía lo permite). Ya si alguien quiere premiar ese esfuerzo, que tenga fondos. Que sea capaz de retribuirle algo al otro, al escritor, a cambio de ese pedacito de aura que va a robarle cuando se saquen juntos una foto.

 

 

1996 (un capítulo)

diciembre 23, 2015 by

1996

marcha

El mismo año en que la ciudad se volvió autónoma –y el jefe de la ciudad pasó a ser elegido por el voto de todos en vez de por el presidente–, el padre de Klaudia empezó a viajar seguido a Barcelona, encabezando la comitiva de Planeta en reuniones con empresarios y profesionales del diseño gráfico. De España iban a llegar las herramientas para la renovación gráfica del diario: nuevos suplementos, nueva organización visual de las notas, el despunte de las temibles “infografías” y el comienzo de una serie de proyectos especiales como las colecciones de libros y enciclopedias, que se vendían con precio adicional. El primer viaje del Negro a España fue a comienzos de año, en verano, que era invierno europeo. Cuando volvió para marzo, su hija ya era profesora además de estudiante. Leer el resto de esta entrada »

Una visita gótica

diciembre 15, 2015 by

 

 

smith

 

Aunque a veces parezcan inoxidables, las bandas de rock nacen, crecen y mueren. Pero no todo el mundo es conciente de esto –de que incluso las bandas tienen un ciclo de vida– y por eso se explica que los grupos de Europa y Estados Unidos nos gusten más a nosotros que a la gente de allá. Nosotros sabemos, desde que alguien graba su primer disco, que ese músico o esa banda van a envejecer. Es un conocimiento que no comprime la emoción sino todo lo contrario: la potencia. ¿Y acaso en el Primer Mundo no lo saben? No tanto, porque cuando el acceso es rápido, las cosas dejan de enseñar. No es fácil asumir que los superhéroes envejecen con uno cuando los ves salvando al mundo a los diecisiete años. En cambio en los lugares periféricos nadie se engaña, porque son tierras que los músicos internacionales visitan cuando ya perdieron una buena cantidad de melena. Después de veinte, treinta años tocando, llegan con una ristra de temazos, muchos de ellos compuestos al salir de la adolescencia, cuando su público y sus amigos también tenían bandas. Satisfechos o no, el tiempo pasó y ahí los vemos llegar, curtidos. Adivinábamos que iba a ser así, y está todo bien, nos gusta. Porque a su vez –y esto es lo más interesante– entendemos que esas bandas nos visitan justo en el momento en que están entrando en Algo. En algún sentido, somos nosotros los que los agarramos frescos. Lo pienso en relación con lo que dijo un famoso gurú de los negocios: “Un emprendedor con plata no es un emprendedor, es un administrador”. Nunca me voy a olvidar de esa frase que leí en la revista de una aerolínea, y que se deja traducir perfectamente del mundo de las finanzas al de la música o el arte. Así, un artista joven es un mero administrador, porque la juventud en sí misma es un capital inicial, y muy poderoso, aunque algunos no lo aprovechen. Mientras que un músico que envejece, en cambio, es un aventurero fresquito. Y los países periféricos tenemos la suerte de encontrarlo cuando acaba de lanzarse a la intemperie, a medirse con un destino sin garantías.

Cuando vino New Order, el público celebraba sus bodas de plata con New Order. Leer el resto de esta entrada »

Libros gruesos

noviembre 25, 2015 by

benja

 

Si el clima acompaña, encaro esos libros gruesos. Esos que tengo pendientes, los de 800 páginas o más. Voy a leerlos, uno detrás de otro, con paciencia. Cada vez que le entre a uno, caerán cinco novelitas de Sudamericana.

 

Dejé de ser su crítica; ahora soy parte del poder real. Tengo esa futhompsonerza y el tiempo; antes también lo tenía porque me lo imponía; ahora me sobra. Ahora que los símbolos cambiaron de mano en este enroque que, desde mi lealtad paranoica, a veces pienso que fue buscado. Vuelvo a internarme en textos que exigen días de concentración. Tres que tenía pendientes, que últimamente me costaban: Salgari, Thompson, Benjamin. El Libro de los Pasajes (uno); La formación de la clase obrera en Inglaterra (2); el ciclo completo, las once novelas de Sandokán; tres. De los tigres de Mompracem a la venganza del comandante Yañez. Paciencia.

yañez

Igual que otros.

Cuando fuimos el poder simbólico actué como si fuéramos el poder real. Fue mejor así: saqué bastante sin pedir nada. No me inscribí, no me anoté, no viví de proyectos, no quise. Cuando fuimos el poder simbólico actué como si fuéramos el poder real. Leí muchos libros de mil páginas, sólo en el último tiempo me costaba. Pero talentos desperdiciados no vi.

Paciencia pide el lugarteniente del Tigre, el portugués Yañez, Paciencia por ahora, Sandokán. Y deja la isla y se interna, tiene cosas. Lleva su puñal malayo, su kriss, oculto entre los libros que tiene que estudiar. El Tigre lo acompaña a la costa antes de guardarse en la selva. Y el portugués lo saluda sin desesperación: Volveré a Mompracem, le dice. Y cuando se da cuenta de que falta algo, falta la imagen de la vuelta inevitable, la encuentra. Dice entonces: Volveré a Mompracem aunque tenga que construir una balsa a golpes de kriss.

Vos

octubre 29, 2015 by

Vos no votaste Pinedo
votaste miedo.
Vos no votaste Gribaudo
votaste deuda.
Te hiciste el zonzo
votando Alonso
pero debajo de la mesa
votaste Griesa.
Vos no votaste Ritondo
votaste al Fondo.
Vos no votaste Bergman
votaste Morgan.
Votaste buitres
entre los globos
tu voto finge
que fue por todos.
Fue por Paul Singer.

Vos no votaste Michetti
votaste Cheeky.
Vos no votaste Santilli
votaste talleres textiles
clandestinos.
Vos no votaste Caputo
vos subejecutaste
tu voto.
Vos no votaste Larreta
votaste submetrocleta.
Votaste submetrocleta
subpresupuesto escolar
subatención de hospital
y subempleo precario.
Vos no votaste Del Sel
votaste arancel
universitario.

Vos no votaste a un galán
ni a un cocinero
ni a un comediante.
Votaste un taller ilegal
donde murieron
dos chicos.

Vos no votaste Lombardi
votaste tarde.
Vos no votaste Baldassi
votaste casi.
Vos no votaste Cambiemos
votaste menos.

No votaste Vidal
ni votaste Macri

votaste masacre
cultural.

Números

octubre 26, 2015 by

Acaba de sentarse más acá,
a un cuerpo de distancia de mi alma,
el que vino en un asno a enflaquecerme
.
César Vallejo

La locura, dijo Einstein, es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener mejores resultados. Eso dijo Einstein que no era político. Que manejaba otros números, y sin embargo… Me pregunto cuánto calza su frase para las elecciones de ayer.

A tranco lento venían las PASO, las elecciones primarias que tuvimos hace algunos meses, A Macri en las PASO lo habían votado 5,5 millones de personas: el 24 por ciento de los que ese domingo de agosto entraron a una escuela. Ayer lo votaron 8,5 millones. Del voto de convicción (el de las PASO) al voto de apoyo (el de ayer) ganó tres millones más. En noviembre se verá cuál es el voto de confianza en Macri, y si no pasa nada singular de por medio, ocurriría que a la gente que ya cree en el modelo del Pro y a la gente que más o menos se dispuso a apoyarlo se le sume otra gente que decida, también, más o menos, “confiar” en Macri para presidente.

Ahora bien, lo significativo es que esos 3 millones de votos nuevos que tuvo Macri no vienen en absoluto de personas que en las PASO hayan votado a Scioli ni a Massa ni a la Izquierda (aunque algunos sí le habrían llegado de Margarita Stolbizer). Para el oficialismo Scioli ganó, de las PASO a ayer, 300 mil votos nuevos. Massa ganó algo más: 500 mil que en las PASO no había tenido él ni De la Sota (Massa tuvo dos millones de votos extra, pero que en principio incluirían el 1,5 millón de su aliado cordobés De la Sota). En cuanto a la Izquierda, el FIT tuvo 100mil votos más que en las PASO. Los únicos que perdieron votos fueron Stolbizer (200 mil menos) y Rodríguez Saa (100 mil menos). También perdió votos, y muchos, el blanco: cayó a la mitad, de 1 a medio millón.

No hay ningún dato que demuestre que la gran mayoría de los votantes reafirmaron su voto, pero tampoco, claro, nada que demuestre lo contrario. Sólo la experiencia diaria de cada uno de nosotros en diálogo con los demás sugiere, al menos en mi caso, que la tendencia general fue a reconfirmar -en los casos en que esto era posible- el apoyo al candidato al que habíamos votado en las PASO. Los resultados de ayer en principio demostrarían una sola cosa: que no existe la “traición”. El único “traicionado” significativo fue el voto en blanco. Y, con menor impacto, Stolbizer y Saa. ¿Entonces Aníbal Fernández se equivoca cuando habla de traición? Nadie dejó de votar a Scioli de los que hace meses lo votaron. Pero sí medio millón de votantes de la Provincia de Bs As votaron a Scioli para presidente y no votaron a Aníbal para gobernador. No sé si eso es traición.

La diferencia con las PASO se explicaría por el hecho de que hubo esta vez 2 millones más de votantes (25 millones, contra 23 hace unos meses) y sólo un porcentaje bajísimo -que no es medible, está bien, pero que se puede especular en torno al 10%- de esa gente a la que no le interesa mucho votar pero ayer sí fue a votar, lo hizo por Scioli. Y un dato: de esos dos millones de personas que votaron ayer pero no en las PASO, la mitad son de la Provincia de Buenos Aires. En la provincia que tiene algo más del tercio del electorado real del país se registraron esta vez la mitad de los votos del electorado fluctuante (que no es lo mismo que indeciso) que no siempre va a votar. O sea que alguien, que claramente no fue el Frente para la Victoria, logró llevar a esa gente a votar y, claro, llevarse esos votos. Alguien trabajó mejor en esa zona de la ciudadanía que no es ni traidora (porque traición implica lealtad previa) ni indecisa (porque la tan mentada indecisión era sobre a quién votar, y no sobre si ir o no a votar). La zona gris, indiferente, veleta.

A Macri los 3 millones extras de voto de apoyo parecen haberle venido sólo en un 40% (1, 3 millones) de los que eran sus contendientes internos en las PASO (radicales y Unen). Y un 10  a 20% podría haberle venido de gente que en las PASO votó en blanco o de desertores de Stolbizer, Rodríguez Saa e incluso de la izquierda que no es el FIT.

O SEA: El Pro logró en estos pocos meses que CERCA DE 1,5 MILLONES de personas bastante indiferentes al sistema democrático, o al menos a ir a votar, fueran ayer a votar y lo votaran a Macri.

¿Cómo lo hizo? Misterio. O no. A mí me parece que desde el Pro le hicieron caso a Einstein.

Porque claramente no hicieron lo mismo que antes de las PASO. Por un lado, cambiaron el discurso: se habló mucho del monumento a Perón, del coqueteo de Macri con los valores justicialistas, del “lo que el gobierno hizo bien, vamos a seguir haciéndolo”. Por otro lado, Macri en este último mes hizo la campaña más desencajada de las últimas décadas, con spots publicitarios basados en promesas incumplibles como “si me votan, no va a haber más inquilinos, todos vamos a tener casa propia”. Y finalmente, en un factor también muy importante, el Pro invirtió muchísimo dinero en estos últimos 15 días en movidas como la de los llamados telefónicos: llamados no sólo pregrabados sino con una tropa de quizás mil simpáticas fonomarketers que te buscaban charla, que eran “reales” -yo recibí al menos tres de esas llamadas verdaderas.

Abrumado, como los que escriben en primera persona, hoy digo “quiero entender”. Sólo que trato de bucear en todo lo que no me define, ni a mí ni a “mi gente”, y se me escapa, Pienso, primero, en los votantes convictos del PRO. Conozco poquísima gente que lo votó con cierta convicción (y uso la palabra “convicción” en un sentido muy laxo, que incluye la fe o la creencia propia de aquellas personas según la cual un país donde los pobres están mejor es necesariamente un país donde yo estaré peor). Tengo 3 conocidos que vienen apoyando al Pro desde hace meses o años. Trato de ver qué tienen en común. No son exactamente chetos, pero también es cierto que conozco poquísimos chetos. Lo único que tienen en común, descubro, es que, cuando los conocí y los frecuenté en la adolescencia, eran chicos de clase media con plata que iban a escuela pública y que repitieron al menos un año. Sí, me digo, son los repitentes, o al menos una parte de ellos. Son los que hoy están felices porque sus hijos van a escuelas privadas y pasan de una, y nadie les toma pruebas de historia ni ecuaciones ni ortografía. Eso es lo que mis tres votantes del Pro tienen en común. Además de que hace años ni los veo.

Pienso, después, en los votantes que ayer apoyaron al Pro y en las PASo habían votado a Carrió o al radicalismo. Ahí conozco a varios, algunos incluso son  amigos. Uno de ellos es un furibundo crítico de un intendente K de la provincia de BsAs, un intendente que, hay que darle la razón a mi amigo, venía haciendo agua por todos lados.

Y trato de pensar, por último, en alguno de ese millón y medio de personas que, no habiendo ido a votar en las PASO, ayer fue y votó a Macri. Son ellos -incluso más que “los chetos”- mi otredad, mi desconocimiento total. ¿Qué es esa gente? ¿Dónde viven? ¿Con quién se tocan? La duda sé que me va a carcomer los próximas días.

¿Quiénes son? ¿Son los descreídos útiles? ¿Son los que tienen precio y encima un precio muy bajo? ¿Son asnos? ¿Son los homo sacer? ¿Podría odiarlos?

¿Van a ser ellos los que definan?


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