La experiencia es una bola de confusión

octubre 12, 2018 by

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En la serie Mad Men y su reconstrucción de punta a punta de la década del ’60 en Estados Unidos, el protagonista Don Draper sugiere o explicita varias veces su “ética” publicitaria personal, que aspira a ir en contra de la corriente de los avisos de la época, y que básicamente hace un llamado a abandonar los facilismos del afecto, las exageraciones de la emoción, la logorrea entrañable ante el producto. En especial, Draper rechaza el uso de verbos como “encantar” y “amar” (amo esta gaseosa), al tiempo que le pide a su equipo de redactores más preocupación por el vínculo mental de los seres a las cosas: les quema la cabeza a Peggy y demás, en defensa de la cabeza. Tomada en la clave realista que pretende, la serie estaría mostrando (y Draper discutiendo) un lugar común, un modo de la cultura estadounidense imperante a mitad de siglo no sólo para la conexión entre los productos y los individuos. De hecho, uno cambia “productos” por “estrellas” (de rock o lo que sea) y el vínculo muestra la misma apuesta: una identificación directa, excitada, ansiosa, verborreica y fuertemente emocional (no pasa por la cabeza, es un sentimiento) del público con el artista, que en muchos casos queda captada en una palabra: manía. Dentro de ese mundo con un casillero especial a priori para la manía se deslizó el rock and roll.

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¿Independientes o pequeños?

agosto 14, 2018 by

“No hagan galletitas, hagan pirámides”.
(João Guimarães Rosa)
“La obra de Guimarães Rosa es una pirámide de galletitas”.
(Nelson Rodrigues)

Qué lindo y atrevido y byroniano que es ser independiente. ¿Quién no querría una etiqueta así, un adjetivo que defina con tanta calidad después del pase normal del sustantivo, de cualquier sustantivo: editor, escritor, cirujano, frutero? Encima, para ser independiente sólo hay que depender de nadie. Hay que ser, como esa magnífica construcción adjetival del castellano, un pagado de sí. Uno tiene que producir una cosa porque es lo que a uno le gusta, la cosa en la que uno cree, lo que nadie fuera del (super)ego nos dicta. Sólo hay que hacerlo sin mirar lo que más rinde en el mercado o lo que más premia el Estado. Si uno hace eso, o mejor dicho si uno sigue haciendo eso,  quizás agregándole desprecio de su parte al desprecio que sienten por él los negocios y las instituciones, ya está, lo logró, es independiente, y su libertad es tan hermosa como ese poema de Alfonsina Storni titulado “Lo inacabable” o como ese otro de Rubén Darío, tan eterno, que se llama “Lo fatal”. Inacabable y fatal, por cierto, suele ser la independencia en algunos rubros que casi ni interesan a nadie; algo así como “Lo dado” (precioso poema de Fogwill): aunque se quiera hacer de otro modo, no hay. Pero sí hay muchos rubros donde la libertad se puede dejar atrás, y donde el que hoy produce a conciencia de que el Estado y el Supermercado lo ignoran, quizás confía en que mañana pueda haber, con alguno de los dos, una linda relación. Ahí entonces la independencia es un hecho, sólo que un hecho a perder. No bien sea posible, otra emoción llenará el alma. Y el abandono de la libertad –que no es un crimen, no siempre– traerá un único defecto inherente. Como en ese poema de Borges, menos bello que los de Darío o Storni, y que se llama “Lo perdido”, habrá siempre una distancia con lo que se amaba, pudiendo haber algo peor, una locura o una fallutez de creer que todo sigue igual:

¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.

*          *          *

Iba a hablar de la edición de libros, pero para cambiar de vez en cuando el tema prefiero hablar de la producción de fruta fina. Ahí existen muchos productores independientes, que cultivan la fruta que les gusta, la fruta en la que creen. Si el Supermercado les sugiere arándanos pero ellos se copan con frambuesas, siguen haciendo frambuesas. Si la verdulería del Estado no apoya la frutodiversidad, problema de la verdulería del Estado.

(sigue)

Zapatillas

agosto 5, 2018 by

fraldyA mis pies, sólo las zapatillas. Con su semiología secreta de trenzabarrios, de parapinches, de guardapiedras en sus ranuras que a veces pasan días, semanas cargando una pequeña presa. Se me hace que también zapatillas es una palabra compuesta, aunque no sepamos de qué. No tiene nada que ver con zapatos, eso está claro. Lee el resto de esta entrada »

La operación Patti Smith

julio 30, 2018 by

 

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Cuenta (en su historia) que un día decidió abandonar el pueblo, la familia y la casa, y que antes de irse la madre le dijo “Nunca vas a llegar a mucho como mesera, pero igual te presto esto”, y le dio el uniforme y los zapatos blancos. El tema es qué quiso decir la madre, que había sido moza. ¿Acaso sugirió, un poco en broma y otro poco en serio, que su hija no servía para nada? ¿O sólo que no daba con el perfil, con la condición de mesera, con la meseridad, pero aun así podía llegar a mucho haciendo otras cosas? Para mí ahí está todo, y me inclino por lo segundo. La madre de Patti no había leído El ser y la nada, y no necesitaba leerlo. Ella podría legitimar ese famoso pasaje donde Sartre desarrolla la noción de mala fe con el ejemplo de la ‘mocidad del mozo’:

                 “Acude hacia los clientes con un paso demasiado ligero. Se inclina demasiado hacia adelante; su voz, sus ojos expresan un excesivo interés por el pedido del cliente. Finalmente regresa tratando de imitar en su caminar la rigidez inflexible de una especie de autómata (…). Toda esta conducta parece un juego, pero, ¿a qué está jugando? No hace falta observar mucho más para aventurar una explicación. Está jugando a ser el camarero de una cafetería”. Lee el resto de esta entrada »

Día del Himno

mayo 18, 2018 by

Porque era un día especial, Luis se levantó más temprano. Salió a la calle vestido de blanco; en el camino al Zócalo se cruzó con otros niños igual de madrugados y arregladitos. Las chicas le parecieron más lindas, todas perfumadas y como novias. A algunas sus madres no habían podido comprarles ropa, pero desempolvando el traje de bodas lo ajustaron a esos cuerpos menudos y a la grandeza de la ocasión. Era la mañana del 6 de septiembre de 1910. Corría el mes de festejos por el centenario de la Independencia, y la ciudad clavaba la vista en los seis mil chicos de escuela primaria que entonarían el Himno y el recién compuesto Canto a la Bandera. Ellos sabían la letra de los dos; los adultos, sólo la del Himno. Pensar eso llenó de orgullo a Luis mientras cruzaba la Alameda. El orgullo lo hizo acercarse a unos soldados de uniforme extraño, que aceptaron conversar. Hablaban raro los soldados: unos decían “pibe” por chamaco; otros, “garoto”; y unos terceros ni se entendían. Le dijeron que venían de Francia, de Brasil, de Argentina; que iban a desfilar; que pronto llegarían sus presidentes. Otros chicos se acercaron, casi todos de la mano de sus padres, y se armó una ronda. Charlaron hasta que un adulto dijo que ya era hora, y apuraron el paso. Alguien le preguntó a Luis por su familia; mintió que estaban en el palco, al lado de Porfirio. Al salir de la Alameda, un kiosko exhibía la tapa de El Diario: leyó que el poeta de América, Rubén Darío, no iba a ser recibido por el presidente, por oponerse a la intervención yanqui en Nicaragua. Vio otro periódico, uno que el padre nunca había llevado a la casa. Con su nombre raro, El Antirreleccionista decía que unos estudiantes en apoyo a Darío tiraron piedras a la casa del Llorón. Llegó al Zócalo; formó fila; paseó la vista entre la gente. Tiempo sin ver al padre, allá en Jalisco. Sí vio, o creyó ver, a sus hermanas, vestidas de blanco, formando a unos cuantos metros de él. Faltaba Augusto, el mayor, el de más suerte. Que andaba por Guadalajara – antes se iba en carreta y llevaba una semana cruzar la distancia hasta Jalisco y esos lodazales que se hacían con lluvia. Saludó el presidente. Un militar habló de esta hermosa fiesta de la niñez en que, en presencia de la bandera tricolor, erigida en vastos lugares abiertos, los niños de todas las escuelas jurarían lealtad eterna. Sonó el Himno y Luis cantó. Siguió el Canto a la Bandera y los adultos, que hasta ahí la ignoraban, conocieron la nueva poesía. Estallaron aplausos. Luis se distrajo de nuevo. No entendió lo que decía la voz grave y aparatosa, pero vio que sus compañeros se agachaban. Pensó en lo absurdo de que les hicieran poner ropa blanca, para después tener que arrodillarse en el piso. Pensó en la mamma y se la imaginó lavando, ella que siempre había tenido quien le limpiara y perfumara cada prenda. Volvió a mirar a todos lados: no iba a encontrar a su hermano, y menos a su padre. Dejó que al orgullo lo atravesara otra emoción, más dura. Una envidia más fuerte que el piso repleto de rodillas. Sus colegas, que habían llegado acompañados, le parecieron chicos. Sintió tanta indiferencia por ellos como envidia por el hermano, que de un día para otro se pasaba al bando de los adultos. Se lo imaginó entrando a la estación Buenavista, camino a Jalisco, veintidós horas. Desde que estaba el tren, Guadalajara era como una colonia un poco más lejos del DF, papá se había mudado de barrio, no de ciudad. Vio a Augusto recorriendo ese otro barrio, vestido con un traje fino, el pantalón sin manchas, las calles con carteles de la Cervecería Estrella y la fábrica de perfumes La Parisiense. Lo vio llegar a la oficina del diario, abrazarse, conseguir trabajo en la sección de los músicos y los artistas. No vio, no pudo ver, que al hermano nadie lo recibía, que el viaje era en vano. No vio que al padre ya nadie lo llamaba gerente ni director. No supo que Augusto estaba solo en Jalisco, y que de regreso a México iba a tener que trabajar de cualquier cosa. Pero cuando empezó a agacharse distraído, unos segundos después que los demás, sí supo y sí vio que él mismo estaba solo. Y cuando clavó las rodillas en el Zócalo, vio y pensó que para él tendría que haber un destino importante. Recién entonces Luis pudo jurar por la Patria, algo retrasado. Tenía la cara atravesada de orgullo y envidia, de indiferencia y dolor.

(De: Una imprenta para los superhéroes. La historia de Luis Novaro y la Editorial Novaro)

Angélica Freitas – Cristian De Nápoli: presentación de sus libros

mayo 1, 2018 by

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El jueves 10 de mayo a las 21 hs en CIA/Centro de Investigaciones Artísticas (Bartolomè Mitre 1970, CABA), la editorial Zindo & Gafuri invita a la presentación de sus nuevos lanzamientos de este año, los libros de poesía:

Antes de abrir un club (poemas 2007-2015), de Cristian De Nápoli (Buenos Aires, 1972)

Un útero es del tamaño de un puño, de Angélica Freitas (Pelotas, Brasil, 1973)

Los autores leerán algunos pasajes de sus libros, y CIA y la editorial Zindo & Gafuri ofrecerán un brindis en saludo a esta doble novedad. La lectura de Angélica Freitas, presente en Buenos Aires gracias a la Embajada de Brasil en Argentina, irá acompañada de la lectura de las versiones en español de sus poemas, a cargo de De Nápoli, quien también realizó la traducción del libro. Lee el resto de esta entrada »

Bowie, entre el cielo y la pampa

abril 12, 2018 by

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Fragmento de un texto sobre David Bowie y la recepción argentina de su música. Con testimonios (que agradezco mucho) de Beatriz Vignoli, Carolina Muzi, Patricio Torne, David Wapner, Horacio Fiebelkorn y Andy Andersen.

A las preguntas sobre cuándo y cómo aterrizó Bowie en la pampa, y en qué medida se lo conoció antes de que los dúos con Tina Turner y Mick Jagger lo volvieran popular, le pueden salir al cruce distintas respuestas según uno vaya a las primeras noticias de prensa, a los discos que se editaron en el país o a la recepción concreta de las personas. Si nos guiamos por lo primero, al parecer todo habría empezado en el ’72 con una serie de notas muy elocuentes, por más que nada digan sobre el impacto real. En muchos países las revistas de música cumplen una función de destape: introducir temas y figuras internacionales a riesgo de que lo nuevo no esté a mano. En la Argentina de los ’70 algunas revistas acentuaban esa espectralidad porque, como se oponían al negocio del rock, no había problema si en las tiendas faltaba el disco que comentaban. Así, Bowie tema de revista es un año y medio anterior a los vinilos criollos de Bowie. Y de entrada cala en notas extensas, exclusivas, polémicas. Que hablan del ‘fenómeno’, de ‘la Gran Estrategia Bowie’, cuando el músico es casi un desconocido. Eso es lo que hace la revista Pelo, la más importante, y la que lo introdujo. El artículo puntero (Pelo 32, 1972) tiene este título: “Con el apoyo del pueblo dominaré al pueblo”. La nota no habla de música; dice: “los productores lo aman y veneran”, “la mayor parte de su actual fama la ha logrado gracias a sus ropitas y gestos unisex”, “los fans adolescentes se preocupan con felicidad por averiguar qué ropa se va a poner esta semana, mientras que las audiencias universitarias preparan diletantes tesis sobre los reflejos de la cultura contemporánea en los trabajos de David Bowie”. Lee el resto de esta entrada »

Ivo (Primera parte)

enero 18, 2018 by

ivoA muchos la vida de Ivo siempre nos tuvo sin cuidado. Hoy un libro dice que tiene más de sesenta años y que vive solo en el campo, rodeado de perros. Fuera de ese libro, que no está traducido, es casi nada lo que se sabe de él. Su biografía en Wikipedia es de las más sintéticas que vi, apenas diez líneas, y hablo de la versión en inglés, su lengua materna. Ni siquiera está la fecha de nacimiento, como para saber de qué signo era. Lo que destaca esa minibio es un hecho drástico: en 1994 Ivo sufrió un colapso nervioso y decidió vender todo, y retirarse a los cuarenta. No es un dato menor, pero insérteselo en una vida de repliegues y padecimientos varios, como puede que sea la vida de Ivo, el primer dark. La Wikipedia en inglés aclara qué es lo que nuestro hombre vendió: un sello discográfico, 4AD, celosamente construido en diez años. Luego nos enteramos de que por ese sello Ivo hizo debutar en disco a estas bandas: Bauhaus, Birthday Party (Nick Cave), Cocteau Twins, Dead Can Dance y los Pixies, entre otras. Por último se nos dice que, en su visión de las cosas, Ivo no era un productor de discos sino un director musical. Lee el resto de esta entrada »

El habla de la tribu

diciembre 29, 2017 by

quino

Yo no sé de dónde sacan los estudiantes extranjeros de intercambio (¿las sacarán de la Lonely Planet?) esas palabras como “pebete” o “cameruza”. Pero los veo y los escucho, jóvenes franceses, alemanes, mientras caminan por San Telmo y derrochan léxico con esa habilidad indiscutible que parecen tener para hallar gemas de nuestra oralidad y no sólo gemas, ¡también yemas!, ¡y de huevos que no se usaban desde hace treinta años! Y encima el modo en que las pronuncian, con una frescura, como mintiéndonos que las acabaron de encontrar en la calle, de pasada, después de haberse tomado un “feca”. Igual reconozco que me gusta –porque también es juvenil– esa vieja juventud de los jóvenes. Porque además no sé si los lingüistas repararon en esto, pero la gente joven en general, y no hablo ya de los extranjeros, son a la vez los dueños del habla de la tribu y los que más la “traicionan”, usando muchas veces palabras de una coloquialidad ampulosa, casi que enciclopédica, que dejó hace décadas de encontrarse en la calle. Este es un hecho interesantísimo, y que hace pensar que lo nuevo también se luce en su apropiación de lo viejo. Se ve que el habla de la tribu incluye la licencia para homenajear cada tanto, y sin mucha efusión, a otros lenguajes tribales más o menos pasados. A veces es con mucha efusión y orgullo –pienso ahora en otra forma de la palabra que se rescata, el símbolo, como hoy es el pañuelo. Lee el resto de esta entrada »

Las colecciones populares (2)

noviembre 18, 2017 by

De Quíos al kiosko

alejandriaCierto subtexto para lo que sería una historia de las colecciones tendría que llevarnos a un tiempo y una sociedad que mira sus documentos acumulados en papeles y en memorias y ante ellos dice, casi sin despeinarse: “Estos van por un lado, estos van por otro”. ¿Cuál puede ser esa sociedad? Una más o menos ‘laica’ y escolar. Olvidemos las religiones, porque el modo que tienen de separar unos textos de otros es elevando al conjunto A y ninguneando al resto, si no quemando o prohibiéndolo. Como movida jerarquizante, sin duda, es posible que nuestra historia se prefigure en Grecia con la invención de esos dioses laicos que son los autores. Engarzando el tiempo mítico de Orfeo con el histórico de Arquíloco y Safo, ahí habrían actuado cientos de personas de las que nos quedan, fundamentalmente, dos marcas de autor. Una es para alguien que habría sido ciego y que, natural de la rocosa Quíos, habría viajado por las islas y el continente helénico cantando mejor que nadie una serie de eventos. Esos cantos, los suyos, se habrían convertido junto con los de otro cantor, griego también, aunque más volcado a temas naturales que sociales -los tiempos del cultivo, la creación del mundo- en la primera bibliografía escolar obligatoria.  Lee el resto de esta entrada »