Archive for 28 marzo 2014

Influencias

marzo 28, 2014

Simón y su novia, Virginia, me dicen que les está encantando la novela G, de John Berger. Como es un libro que les recomendé, la satisfacción es grande para este lector-guía. Me siento incluso animado a seguir recomendando libros -no a Simón y Virginia, a ellos ya me los “gané”, ahora tengo que conquistar a alguien más, o sentirlos un poco lejos a los dos, sentirlos volcados a otras preocupaciones, reinsumisos a mi talento, y entonces reconquistarlos con otro gesto. Sin querer me metí en el tema que tenemos con mi psicóloga imaginaria.

Por lo pronto hoy estoy leyendo La primavera de las solteronas de Muriel Spark. Su título en traducción fiel sería más bien “La plenitud de la Señorita Brodie”. Según el juicio de algunas revistas británicas de literatura (el juicio o la pesadilla del juicio: el ránking), “La plenitud de la Señorita Brodie” está entre las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es excelente, opino. Fue llevada al cine en los ’70. En Argentina la editorial La Bestia Equilátera, que es la que viene publicando novelas de Spark a ritmo anual, todavía no editó esta. Quizás sus derechos son más caros, porque además de excelente fue muy exitosa (valor literario 10, valor comercial 8, tendría que decir si esto fuese un informe de lectura).

La señorita Brodie es una profesora de un secundario inglés que decide, planifica y ejecuta durante cinco años su proyecto de marcar a fuego las cabezas de seis de sus adolescentes alumnas. Está determinada a educarlas a su modo, desviándose de los planes de enseñanza y sobre todo de la ideología progresista de esos planes. De modo que usa las clases para hablar de sus novios, de la guerra, para sublimar la Italia de Mussolini y denostar a los Estados Unidos y a Inglaterra. La edición que tengo fue publicada por la colombiana Edecol, también en los ’70. La conseguí en Parque Rivadavia; me dio vergüenza pagar los tres pesos que valía y compré otro libro (uno de Silvia Molloy, que ahí lo tengo por ahora).

Chic lit

marzo 26, 2014

Peter Pan nunca pisó un potrero,
Kurt Cobain nunca cruzó una canchita,
por eso tenían miedo de pasar los treinta,
no sabían que el fútbol es una crema anti-age.

Pelotear frente al Easy de Paternal: eso es vida.
Desbordes y centros de noche, épica matunga,
cuando hay luna llena los hombres nos desgarramos
pero está todo bien, una semana tomando whisky y se pasa.

Campitos de verano, aire frío de invierno,
la media hora para calentar: ¿existe algo mejor?
Sí, el sexo, pero después del sexo se habla.
Después del fútbol se mira el fuego de la parrilla.

Cinco décadas tiene Luisito Abregú, y es un pibe,
no tiene idea del Barcelona, llega en bicicleta.
Leíto Azulay va a ser papá a los cuarenta y dos
y cómo defiende. El fútbol es una excelente crema anti-age.

El ministro de Producción es otro que está muy joven,
eso porque la Política es la mejor crema anti-age.
El ministro de Economía en cambio está destruido,
la Economía envejece más que vivir con una modelo.

Mitología matunga, con luna llena nos desgarramos,
volvemos a casa con miedo, pidiendo que no sea nada,
cagonas locas, que nada deje de mantenernos,
que nunca falte el polvo del próximo partido.

10 de marzo (2)

marzo 25, 2014

El poema que no te regalé, el mensaje de texto muy perdido
que vos sí escribiste y mandaste,
los intratables que somos, y todo alrededor conspirando
que por qué no nos conocimos en Ramos cuando éramos chicos.
Nadie tiene la culpa ahora, tres mil palabras por día o
tres mil ladrillos encargados para una importante refacción,
nos crece más la barba, se nos adelanta la menstruación
en días o semanas así, de creer que estamos en otra.
Y el poema que no te regalé sigue
queriendo ser escrito. La lluvia de estas semanas
no adelantó gran cosa, del avión desaparecido
al menos se sabe que no llegó a un aeropuerto,
empezaron las clases, en el colectivo los nenes van tramando situaciones, hablan de la señorita de inglés que dice
“put in”, “put on”: el día
arranca como anécdota
de la vida en espiral.

De lo que me acuerdo de Ramos hace veinte años es que el fernet
se ponía de moda.
Una enorme casona en la Segunda Rivadavia,
jardín por todas partes, música de New Order
y esa bebida que un italiano patentó
el mismo año que Sarmiento escribía el Facundo -esto te lo dije.
Hoy existe gente que va en verano a Brasil
a sacarse una foto en Arpoador exhibiendo
su botella de fernet: bárbaro
ante todo porque nos ahorra pilas de ensayismo barato
para hablar de lo que somos. ¿Qué somos? Morfeos y Perséfones
juntos unos días (de invierno) tomando el negro trago
acá abajo. Te amé porque hablabas como yo,
te odié porque nos creíamos tan genios,
compartimos tan poco más allá de ese almuerzo tarde
después de ir un domingo a votar y es difícil
que el poema llegue sin silbar una canción de protesta,
poema carcasa del miedo y la tacañería,
romperlo me va a llevar más tiempo que armarlo.

Bajan los chicos en la esquina de la librería,
los guardapolvos semiblancos yogur de durazno.
En el oráculo del ocio está escrito:
el poema va a venir en un recreo, sin control,
sin preguntarme qué cosa nos moldeó su desconfianza,
por qué, desde cuándo, en base… uf, lo dije, en base a qué.
Va a venir, punto. Cíclico como una lluvia,
a veces con humor, otras en guardia y queriendo rajarse
(él, el poema, de nosotros dos)
y un día va a estar escrito en el paredón de una fábrica
textil, brevísimo y sin vueltas que darle:
símbolo duro del beso perfecto
que nos dimos cuando se nos olvidó dudar.

Tinta

marzo 24, 2014

El 11 de junio de 1982 Osvaldo Ursich fue el doble de Juan Pablo II. Temprano ese día, Osvaldo estaba dibujando en su estudio cuando recibió la visita de un cardenal y tres soldados. Lo llevaron al edificio de la Nunciatura. De ahí, el dibujante de origen croata –pero que era tan porteño como que a un croata le digamos “ruso”– fue trasladado en el Papamóvil hasta el partido de Morón. Siguió camino en “El Líder”, como se llamaba el tren que había sido de un presidente, y a velocidad que ya no era paso de hombre avanzó cuarenta kilómetros hacia el oeste. Faltando poco para Luján, lo subieron a un helicóptero que lo dejó en la basílica. Ahí se acababa su función, minutos antes de que empezara la homilía. Pero después, en el mismo helicóptero y en calidad de Papa, Ursich fue llevado al centro porteño. Y a la mañana siguiente, al aeropuerto.

Acababa de cumplir 76 años. Tenía la cara de Juan Pablo II, que entonces iba por los 62. En contextura física andaban bastante iguales. Uno mundialmente famoso, el otro un absoluto “tapado”, compartían otro rasgo: la devoción por el arte. De hecho Juan Pablo, cuando todavía era un adolescente con granitos que le tapaban la cara –en Cracovia le decían “Karol el cara de choclo” sus amigos del Círculo de Ajedrez– tenía como una de sus mayores aspiraciones o fantasías ser un gran dibujante. Después vino la pasión religiosa, y convivieron por un tiempo los bocetos de chicas pulposas y el aprendizaje de lenguas y sermones. Fue un tiempo breve; cuando pasó, Karol se convirtió en un muchacho bastante parecido al Juan Pablo que un día iba a tener que encarnar, y si bien nunca mermó en su interior la emoción frente a las obras de arte, lo cierto es que abandonó la práctica del dibujo casi por completo. Mientras que Ursich, en cambio, pudo vivir desde muy joven de eso que más le gustaba hacer. A los quince conseguía empleo en una agencia de publicidad; a los veinte saltaba al periodismo y se ganaba –perdón si esto suena medio incongruente– el respeto de las redacciones. Todo sugiere que aquel día en el oeste, cuando las autoridades invadieron su domicilio y no le dejaron terminar la segunda taza de café, fue, en toda su vida, el único día trabajado a disgusto. Hasta entonces Osvaldo hacía lo que se le cantaba, siempre parco, de perfil bajo, bastante reacio a las charlas, pero muy comprometido con las historietas que dibujaba a diario para el diario Diario Popular. Sus tiras nunca se repetían. Fue un artista toda la vida y sé que siguió siéndolo hasta su muerte, en 2005. Como todos los dibujantes de historietas que conozco, dicho sea de paso, su destino era alcanzar los noventa en buen estado físico y con un amplio set de neuronas en actividad (dibujar prolonga la vida, sépanlo). (more…)

Quino y las empanadas de la paz

marzo 23, 2014

“La principal preocupación de Mafalda hoy sería la estupidez humana”. Lo dijo Quino en el Salón del Libro de París, actualizando así su respuesta a la eterna pregunta de los admiradores. La ocasión ameritaba, sin duda, unas palabras del dibujante sobre cómo sería la Mafalda del siglo XXI. Ya que no va a dibujarla nunca más, al menos una pista.

La ocasión era la entrega, de manos del actual embajador francés en Argentina, de “un reconocimiento que cuando era chiquito me daba envidia”: la Legión de Honor. Ovacionado por mil personas, Quino también respondió a la pregunta sobre qué hay de argentino en Mafalda. “Yo”, acotó. Y se metió a la legión en el bolsillo. (more…)

La tercera orilla

marzo 22, 2014

Cuando en la cabeza de un adolescente hay algo que se prepara para estallar, nadie se da cuenta casi hasta que estalla, ¿no? Así es en la vida y en las buenas películas. En las películas malas, en cambio, los adolescentes hablan, protestan y anuncian todo el tiempo que se viene un quilombo. Las películas malas son especialmente neuróticas con sus personajes adolescentes o jóvenes. No es el caso, por ejemplo, de Buenos Aires viceversa (de Agresti) que tiene ese comienzo maravilloso con el pibe que trabaja en un telo y escucha Pescado Rabioso.Y también es muy buena La tercera orilla, la nueva película de Celina Murga, que fui a ver ayer al Gaumont. No pienso contar nada de la historia más que el punto de partida: en una ciudad chica de Entre Ríos (parece ser Concordia o Concepción del Uruguay), un médico y dueño de un laboratorio tiene dos familias: la mainstream, con esposa joven e hijito que es obligado a jugar rugby, y la clandestina, con mujer bonachona, hija a punto de cumplir quince y dos hijos varones: un chiquilín igual a Fontanini (defensor de San Lorenzo) y uno de 17 que es el que, bueno, un día se saca. El médico mantiene a las dos flías y a la segunda, la no oficial, la visita seguido y les lleva regalos caros (un plasma). La referencia que hice a Pescado Rabioso no es casual, porque en esta peli en un momento hay un cover de Spinetta, un cover muy punk, que transforma al protagonista. La crítica que hizo Rosario Bléfari es muy buena y señala el contraste entre el padre monstruoso (su doble vida es monstruosa) y el hijo mayor que quiere cambiar el juego. Está bien, pero La tercera orilla no es un esquema: el héroe tiene rasgos del “enemigo”, y lo sabe. Le gustan algunas cosas del enemigo, mucho. Y además sabe muy bien que está en una encrucijada y que en su caso no es tan simple como rajar de la casa. No puede irse así nomás porque el chico es sostén de familia. Su padre es apenas un visitador y un proveedor.

La película me pareció un relectura del que para muchos es el mejor cuento de la literatura brasileña: “La tercera orilla del río” de Guimaraes Rosa. El nexo está en el título y en la conformación de la familia del héroe (“mi mamá era la que se ocupaba de lo cotidiano con nosotros: mi hermana, mi hermano menor y yo”, dice el cuento al principio). Por lo demás, la de Guimaraes Rosa es la historia de un padre que un día dice “me voy” y se sube a una canoa (“y lo dejé todo por esta soledad”, podría cantar ese padre). Acá el que cuenta, el que canta y el que marcha es el hijo. Los quince minutos finales hacen llorar a los que se conmueven con las historias de responsabilidades tempranas, aunque no es en absoluto un final expresivo. La última escena, que vi por ahí que fue bastante criticada, no me resultó nada fascinante ni esperaba que lo fuera; me pareció, también, como la vida ante esos momentos de desenlace. Sin brillo ni espamento exterior, el iceberg de la adolescencia bajando, tranquilo, sus aguas preparándose para un nuevo curso -cuando la veas, lector, acordate cómo fue.

Ir al cine

marzo 21, 2014

Para la gente que flota en este siglo pero tiene raíces en el anterior, ir al cine es un ritual. La necesidad de las salas de cine, superada sólo por la necesidad de bares, es lo que vuelve inimaginable la vida en el campo o en los pueblos chicos, y de hecho es lo primero que decimos para justificar no nuestra integración al lugar donde vivimos sino nuestra negativa a vivir en un lugar distinto: tiene que haber bares, tiene que haber cines. Como si se tratara de un bioma más: la selva, el pastizal, el desierto, el lugar con cines y bares. Un bioma con sus ritmos estacionales, donde el otoño es más intesamente cinéfilo que el verano. Seguro la gente que está naciendo en este milenio lo verá de otra forma, y para ellos, con las tecnologías a su alcance desde que tienen uso de razón, la vida multitudinaria va a ser posible en cualquier lugar. El problema, por supuesto, no son ni ellos ni nosotros. El problema es la gente que la última vez que fue al cine fue a ver Titanic.

 

Sobre el surrealismo

marzo 10, 2014

Primero vinieron las agencias de publicidad y no dijimos nada. Para promocionar coches y desodorantes, se robaron los trucos del surrealismo: el collage, el montaje alucinado (también los videoclips metieron mano en esto) y la frase enigmática pero que no hace falta interpretar porque ya (los publicitarios no dudan de esto) la tenés adentro: en el inconsciente, digamos. Pasó, lo dejamos pasar. Algunos incluso pensaron que la culpa era del surrealismo. Ahora me dicen que hay spas y hoteles de vanguardia donde a las parejas de turistas, además de una sesión de masajes con geodas o una charla sobre flujos energéticos, ¡les ofrecen un guía de escritura automática! Es algo así: el matrimonio se sienta a orillas de una pileta, cada uno con un cuadernito sobre las rodillas, y se ponen a escribir sin parar lo primero que les viene a la mente, mientras el guía avala por el hecho de estar ahí. (more…)

Lou Reed

marzo 7, 2014

Lou Reed

A la vida del amo le falta la seriedad del dolor. La frase es de Hegel y es de las que no piden mucho aparato filosófico para que se entiendan. Capta, entre otras cosas, la esencia de esa droga llamada triunfalismo, que hace que cualquiera en situación de amo intente tapar con globos y otras vitalidades berretas las miserias propias y ajenas. Sin la seriedad del dolor también pasa que al otro, al que sufre, se lo vacuna al paso, de prepo. Y no es muy filosófico ese diálogo. Como tampoco la dialéctica es aprender a convivir con el amo y sus poco serios felpudeos. Se trata más bien de conocer el fuego enemigo, para cruzarlo. Y si hay alguien en los escenarios del rock que entendió eso, ese es Lou Reed. Un tipo que fundó toda su carrera en el rechazo al triunfalismo, esa droga que con tanto éxito le inyectó el sistema a la cultura. “Yo venía de Hegel, de Sartre, de Kierkergaard”, contó una vez en una entrevista. Venía también de una familia donde el amo, su padre, que era empleado contable, le había impuesto un tratamiento para curar sus deseos homosexuales que incluía pastillas y electroshock. (more…)

Verano

marzo 1, 2014

A Nati, comanchera

Hay una frase publicitaria que es un gran invento, un invento casi tan grande como el del precio X “con 99 centavos”. Es la frase “Lo mejor del verano” en los discos de mi infancia.
Yo tenía un gran respeto por el verano. Ante todo, sabía que era el tiempo que otros, un poco más grandes, llenaban con actividades como fiestas y viajes en libertad. Había una publicidad de una bebida italiana, Chiaro, que era una fiesta con mujeres hermosas, y una morocha de esa propaganda me fascinaba. Yo era libre, era feliz, pero en mi vida no tenía sentido “lo mejor del verano” porque los días de enero y febrero eran todos iguales.
Podíamos estar en la calle o en el club Jorge Newbery, o en la casa de alguno, siempre en un radio de quince cuadras entre provincia y capital. Yo tenía diez, doce años. Nos movíamos entre el club Newbery, los ombúes de la General Paz y el Fuerte Apache. En este último vivían los Godoy.
Y el padre de los Godoy, que no sé a qué se dedicaba, tenía una discoteca enorme. Ahí, junto a discos de los Rolling y de David Bowie, estaba “lo mejor del verano”. En las tapas había chicas fotografiadas de espalda, sentadas en motos o duchándose en la playa, todas en bikinis. No eran tan seductoras como la italiana de Chiaro, pero tenían lo suyo. Los discos los hacían dos empresas: una que después me enteré que se llamaba La Pulga Records y que para los discos firmaba al revés: Gapul. La otra era Buelax, creo. Lo que no sé es si esos discos salían al final del verano, un día como hoy, 1 de marzo, y eran entonces un resumen, o salían en diciembre, como una predicción. (more…)