Archive for the ‘Poesía de la casa’ Category

Laboral

marzo 1, 2016

 

Llegó febrero con media pila y mañana
llega marzo con una empanada
de carne para treinta y un días,
vuelve el trabajo, los freelancers
nos convertimos otra vez en dancers
all night long sacudiendo nuestros teclados
en un ritmo frenético lejos de casi todo lo que nos gusta
salvo la buena mesa y la mala traducción,
ahí suena el teléfono, desde la facultad
nos llama la secretaria universitaria
y nos informa que dos ciudadanos
precisan un corrector para sus novelas,
ya entró un mensaje, es de la embajada,
no regalan bicicletas pero bien que a la nuestra
la reparan una vez al año, embajada, pronto les mando
mi traducción, más en bandeja que nunca,
ah, marzo, lejos de casi todo lo que nos gusta
pero en la siembra, en la siembra y de a ratos
mirando al sol mientras revoleamos la camisa,
¿quién va a decir que abril es el mes más cruel?

(2008)

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Vos

octubre 29, 2015

Vos no votaste Pinedo
votaste miedo.
Vos no votaste Gribaudo
votaste deuda.
Te hiciste el zonzo
votando Alonso
pero debajo de la mesa
votaste Griesa.
Vos no votaste Ritondo
votaste al Fondo.
Vos no votaste Bergman
votaste Morgan.
Votaste buitres
entre los globos
tu voto finge
que fue por todos.
Fue por Paul Singer.

Vos no votaste Michetti
votaste Cheeky.
Vos no votaste Santilli
votaste talleres textiles
clandestinos.
Vos no votaste Caputo
vos subejecutaste
tu voto.
Vos no votaste Larreta
votaste submetrocleta.
Votaste submetrocleta
subpresupuesto escolar
subatención de hospital
y subempleo precario.
Vos no votaste Del Sel
votaste arancel
universitario.

Vos no votaste a un galán
ni a un cocinero
ni a un comediante.
Votaste un taller ilegal
donde murieron
dos chicos.

Vos no votaste Lombardi
votaste tarde.
Vos no votaste Baldassi
votaste casi.
Vos no votaste Cambiemos
votaste menos.

No votaste Vidal
ni votaste Macri

votaste masacre
cultural.

Barrera

diciembre 21, 2014

El aullido de los perros a la luna se explica.
Los bocinazos de los autos a la barrera, no.
El bulldog industrial con su correa
atada a la capital
apenas puede con sus fallas y encima
sufre una ajena: de cálculo.
Oro o lo que sea
estos minutos valen.
Chorrea la frente, los pies le pesan, se evapora
y entiende que la paciencia es el cuarto
estado de la materia. Detrás de él,
reservas de Ulises aguardan
la navidad de los autos, la condición
de nave que salga volando.
Hay, quién dijo que no,
en este lugar
todo tipo de fantasías
forjando familias tan nerviosas como imaginarias
a las que la cena se les atrasa.
Y hay un auto, a veces, que,
con la barrera alta, igual no arranca,
su conductor tomado por un nuevo puro límite
o ya midiendo el lío en que va a meterlo
su revelación.

El poeta indigente (1a parte)

noviembre 7, 2014

Circunstancia nacional: circo y estancia,
la masa en el trapecio, mamá en cama
forrada y con tristeza, papá recio
lotea en ajedrez y gana en damas.

Me fui cuando empezaban los noventa.
Mi Morrissey interno me avisó:
“Andate de esta sociedad de mierda,
llevate la tarjeta y el Renault”.

Me fui y viajé. Por selvas y desiertos
sentí la soledad, como Rimbaud.
Llamé una noche a casa, mandé carta.
Papá, si la leyó, no respondió.

Entonces trabajé. Cinco semanas
a pleno en una hacienda yerbatera
de un paraguayo loco de Posadas
que me ofreció a su hija, misionera.

Vivimos por un tiempo de la renta
que nos daba mi suegro. Un día me visto,
salgo a comprar el diario y me doy cuenta
de que Papá, de golpe, era ministro.

Ministro y con ideas importadas
para reorganizar la economía:
campo que no rendía, se loteaba;
pueblo que daba pérdida, moría.

Su lema era cerrar si no recauda.
Mi suegro no aguantó y se fue a Asunción.
El campo se secó como un paraguas
sobre otra mesa más de disección.

Y mi mujer, ¿qué hizo? Siguió al padre.
Yo a Paraguay no voy, fue mi respuesta.
Con la última plata, llené el tanque.
Volví porque extrañaba los noventa.

Y me anoté en Sociales, en la UBA
y me anoté en un curso de poesía.
“Vos siempre haciendo cosas pelotudas”,
dijo Papá al saber que yo escribía.

Entonces lo encaré y casi lo estampo.
Al mes largué la facu porque sí.
Un día que mamá estaba en el campo
tomé prestado el auto y fui a Brasil.

Y en Río atravesé una buena época
viviendo en clubes, autos y garajes.
Ahí publiqué un poemario, era mi réplica
al neoliberalismo salvaje.

Me colgué en esperar. Pasaron días.
Hice un viaje al sertón, como Rimbaud.
Nadie leía mi libro. En Argentina,
Papá, si lo leyó, no respondió.

Mi poesía también estaba sola:
el público lector no acompañó.
Dejé el Brasil. Volví. Rompí las hojas
de aquella mi creación: Floripon/Dios.

Ahora vivo en la calle, a mi familia
jamás la volví a ver, sólo a un amigo
que estudia bilingüismo y psicodelia
le paso cada tanto lo que escribo.

Agora sou eu mesmo, o que também
significa ser-não, perder o trilho.
Meu día en Praça Flores é um réquiem
para o cara que eu foi cuando era filho.

de: La sensación de trabajo

La sensación de trabajo (1)

octubre 8, 2014

Hace diez años que volví de Helsinki a Buenos Aires. Me mudé a dos cuadras de Plaza Flores, a un PH que hoy está en plena refacción y donde durmieron más de cien poetas latinoamericanos invitados al festival Salida al Mar. Para celebrarme los diez años pego acá un poema escrito a caballo de esa mudanza y que alguna vez publicó Eloísa Cartonera. Un poema de los días en que los clubes de trueque empezaban a languidecer y Néstor Kirchner a volverse entrañable.

plaza-pueyrredon

PLAZA FLORES
Octubre de 2003
1

Una vez más nos encontramos todos juntos
con esa fuerza.
El viento sopla, la tarde se infla. En el centro
de un cuadrilátero de tipas
un mandiyú florece, el tronco hinchado del polen
que cinco plátanos vecinos le traen.
La plaza es un gusto, un desborde.
En la parte de los juegos hay más madres
mirando un tobogán que embarazadas
en toda Bélgica. Al trote y en zigzag
sorteando árboles y monumentos
los chicos van de las facturas al fulbito –gritan:
“¡Una docena se van a comer!”.
Acaba de llegar
el muchacho que imita a Michael Jackson
y le armaron un círculo enseguida
para que brille su “caminata”. La tarde está hermosa.
Todo es acción y hasta el croto
que dormitaba en un banco
con el envión del despertar crea otra siesta. (more…)

Arquero volante

julio 14, 2014

 

Corrijo, traduzco, tipeo, edito
textos distintos entre sí
y aprovecho estos minutos para sentarme
en la plaza, donde un pelotazo me pasa cerca.
Alcanzo a ver cinco pibes en el claro
entre las tipas y los plátanos
y sobre el pasto embarrado
los arcos hechos con pilas de carpetas
como las de mi PC: contenedores de tareas
cada una con sus pautas, sus materias,
su caravana de signos que dan trabajo a quienes los copian,
en este caso a los alumnos de la escuela República de El Salvador
o a un grupo selecto de ellos, estos cinco atorrantes
que hoy aprobaron matemática sin ir a clase,
se preguntaron: ¿cuánto es cinco dividido dos?
Tres contra dos.
…                            Y cómo corren.
Sobre todo el equipo de dos. Cómo corremos.
Traduzco, tipeo, corrijo, edito
y si tuviera tiempo en los bolsillos
podría leer por placer. Una gran novela
o uno de esos ensayos enormes
acerca del fin de las grandes obras.
El arco quedó solo y, lógico,
el equipo de tres acaba de meter un gol.
Podría escribir en vez de hacer estos trabajos
que hacen los que escriben. La pelota
cruzó la calle y fue a parar a la Iglesia
Universal. Del año que viene no sé nada
–obra abierta durísima. Ahora alguien
en el equipo de dos se hace cargo de su contribución
a la victoria ajena. ¡Pobre arquero!
…                                                     Yo escribo
como él ataja: haciendo siempre otra cosa.
Somos arqueros volantes,
sólo que a mí me opaca, si no la edad, la acumulación
de años sin tiempo para esto: poner cara
de que todo está en orden, meter la pata sin pena
o temor a que el otro nos sorprenda con un gol,
repasar teatralmente la jugada
y decir ¡bueno, qué podía hacer!,
cultivar, en suma, cierto estilo
donde, además del resultado, el propio esfuerzo
mucho no importa.

Chic lit

marzo 26, 2014

Peter Pan nunca pisó un potrero,
Kurt Cobain nunca cruzó una canchita,
por eso tenían miedo de pasar los treinta,
no sabían que el fútbol es una crema anti-age.

Pelotear frente al Easy de Paternal: eso es vida.
Desbordes y centros de noche, épica matunga,
cuando hay luna llena los hombres nos desgarramos
pero está todo bien, una semana tomando whisky y se pasa.

Campitos de verano, aire frío de invierno,
la media hora para calentar: ¿existe algo mejor?
Sí, el sexo, pero después del sexo se habla.
Después del fútbol se mira el fuego de la parrilla.

Cinco décadas tiene Luisito Abregú, y es un pibe,
no tiene idea del Barcelona, llega en bicicleta.
Leíto Azulay va a ser papá a los cuarenta y dos
y cómo defiende. El fútbol es una excelente crema anti-age.

El ministro de Producción es otro que está muy joven,
eso porque la Política es la mejor crema anti-age.
El ministro de Economía en cambio está destruido,
la Economía envejece más que vivir con una modelo.

Mitología matunga, con luna llena nos desgarramos,
volvemos a casa con miedo, pidiendo que no sea nada,
cagonas locas, que nada deje de mantenernos,
que nunca falte el polvo del próximo partido.

10 de marzo (2)

marzo 25, 2014

El poema que no te regalé, el mensaje de texto muy perdido
que vos sí escribiste y mandaste,
los intratables que somos, y todo alrededor conspirando
que por qué no nos conocimos en Ramos cuando éramos chicos.
Nadie tiene la culpa ahora, tres mil palabras por día o
tres mil ladrillos encargados para una importante refacción,
nos crece más la barba, se nos adelanta la menstruación
en días o semanas así, de creer que estamos en otra.
Y el poema que no te regalé sigue
queriendo ser escrito. La lluvia de estas semanas
no adelantó gran cosa, del avión desaparecido
al menos se sabe que no llegó a un aeropuerto,
empezaron las clases, en el colectivo los nenes van tramando situaciones, hablan de la señorita de inglés que dice
“put in”, “put on”: el día
arranca como anécdota
de la vida en espiral.

De lo que me acuerdo de Ramos hace veinte años es que el fernet
se ponía de moda.
Una enorme casona en la Segunda Rivadavia,
jardín por todas partes, música de New Order
y esa bebida que un italiano patentó
el mismo año que Sarmiento escribía el Facundo -esto te lo dije.
Hoy existe gente que va en verano a Brasil
a sacarse una foto en Arpoador exhibiendo
su botella de fernet: bárbaro
ante todo porque nos ahorra pilas de ensayismo barato
para hablar de lo que somos. ¿Qué somos? Morfeos y Perséfones
juntos unos días (de invierno) tomando el negro trago
acá abajo. Te amé porque hablabas como yo,
te odié porque nos creíamos tan genios,
compartimos tan poco más allá de ese almuerzo tarde
después de ir un domingo a votar y es difícil
que el poema llegue sin silbar una canción de protesta,
poema carcasa del miedo y la tacañería,
romperlo me va a llevar más tiempo que armarlo.

Bajan los chicos en la esquina de la librería,
los guardapolvos semiblancos yogur de durazno.
En el oráculo del ocio está escrito:
el poema va a venir en un recreo, sin control,
sin preguntarme qué cosa nos moldeó su desconfianza,
por qué, desde cuándo, en base… uf, lo dije, en base a qué.
Va a venir, punto. Cíclico como una lluvia,
a veces con humor, otras en guardia y queriendo rajarse
(él, el poema, de nosotros dos)
y un día va a estar escrito en el paredón de una fábrica
textil, brevísimo y sin vueltas que darle:
símbolo duro del beso perfecto
que nos dimos cuando se nos olvidó dudar.

Trato

febrero 28, 2014

En los días más difíciles
trato de aprender a respirar de nuevo y a
pararme en Buenos Aires
como si no fuera una ciudad en ruinas.
El cuerpo se cansó, y la cabeza hoy
es positiva, todo se dio vuelta como un guante.
Que cambien los hábitos,
le digo al chico que robó un Marlboro y se sentó
en la escalera de un palacio.
Que lleguen las conversaciones
con mucha más fluidez que las oscuridades.

Y él me mira,
el gran ganador de todos aquellos días.
A él le parece obvio (yo me había olvidado)
que este momento iba a llegar.

La pieza

febrero 17, 2014

Las siete… las ocho… las nueve…
ssshhhh… ufa… ahí-te-hago-tu-cacao.
El tiempo, el espacio, la casa
alquilada. La luz ya sin rescate

por la ventana. Y el hijo que tuvo un sueño
pero al contarlo no parece tan vívido.
Okei: Batman y un extraterrestre, ¿pero qué más?
¿Cuándo? ¿Por qué? ¿En qué lugar combatían?

Interrumpiste el ronquido de un padre, ahora
andá al grano si querés tu cacao.
Despertaste la curiosidad de un padre, ahora
no podés demorarte, sacá ese relato ya mismo.

Nació y al año hubo una crisis
muy nerviosa. En la patria, no en la paternidad.
Bueno, en todo. Pero los mocosos, tranquilos.
Los mocosos entonces balbuceaban.

Ahora es el sueño frente a las exigencias
de toda época: decirlo ya, saber decirlo.
No defraudar al superhéroe de la historia
ni irritar al villano de la presentación.

Ahí él mira al techo como quien llega tarde
a ver una casa en venta, reposado
en la idea de que el techo lo dice todo.
A mí el techo me dice gran cosa, y a él

finalmente le da a Batman y el marciano
haciendo de la luna un Luna Park.
Peleando duro los dos, pero al final
desde la lona gana el murciélago.

Ahora hay masa suficiente para el cacao.
Ya somos personajes, él, yo, la pieza crítica.
Entonces Batman empieza: Prepárate para el combate.
Le digo: Soy alienígena y le miento, siempre estoy preparado.

 

(2007)